Domingo, 22 de enero de 2017

| 2003/12/08 00:00

Zafa corbata

Los alcaldes electos de las cuatro principales ciudades del país son abanderados de la tendencia entre las nuevas generaciones a no usar corbata.

Zafa corbata

Hace 40 años los asistentes a una reunión de alto perfil debían ir vestidos con rigurosa elegancia y la corbata era el accesorio obligado por excelencia. Hoy una reunión de los mismos personajes inevitablemente se-

ría entre un hombre de suéter gris, un señor de camisa informal y tal vez otro de guayabera. Este escenario habla claramente de la tendencia entre las nuevas generaciones por darle menor importancia a este accesorio.

El máximo exponente de ese nuevo movimiento es Luis Eduardo 'Lucho' Garzón, alcalde electo de Bogotá, un hombre que nunca ha sido amigo de esa prenda. Durante su campaña uno de sus asesores le recomendó usarla para el debate de CityTv pero él se negó rotundamente. Luego de su elección, los representantes de la Cámara de Comercio de Suecia le obsequiaron una fina corbata con su pisacorbata compañero para lucirlos el día de su posesión. Muchos se quedarán con los crespos hechos porque, según le dijo Garzón a SEMANA, "ponerle corbata a él es como vestir de esmoquin a Floro Tubalá", el gobernador del Cauca. Para Lucho no usar corbata no sólo es un asunto de comodidad sino también de seguridad. "En medio de tanta violencia es posible que con ella le volteen a uno el pescuezo", dice.

Sergio Fajardo, el alcalde electo de Medellín, no se queda atrás. Durante toda su campaña siempre lució unos jeans sin cinturón y camisa de fondo entero remangada. "Va a ser un alcalde con calzones, sin correa, con cargo y sin corbata", dice uno de sus asesores. Guillermo Hoenisgberg, el próximo mandatario de Barranquilla, prefiere la singular guayabera así como su homólogo de Cali, quien se siente más cómodo con esta camisa tropical que con el tradicional saco y corbata. "Yo soy de tierra caliente y allí la corbata no pega", dice Apolinar Salcedo.

Otros personajes públicos, como Julio Sánchez, no la considera su prenda preferida aunque tampoco la desecha. En su vestier tiene varias de ellas para cuando se sienta con el ánimo de usarlas y las lleva para cualquier ocasión, incluso para aquellos eventos donde no es necesaria, para así llamar más la atención. "Es una decisión eminentemente emotiva", dice.

Los expertos en el tema consideran que la corbata no ha perdido su vigencia ni su uso en muchos ámbitos. Lo que sucede es que la tendencia actual está marcada por la moda personalizada que le da libertad al hombre de vestirse como se sienta cómodo. "Se puede ser elegante sin corbata, dice la diseñadora Lina Cantillo. Es lo que yo llamo casual elegante: suéter cuello tortuga, chaqueta y zapato de cuero de amarrar".

Para Ricardo Pava lo más importante es identificarse con un estilo y si en ese estilo no cabe la corbata es perfecto no usarla. El diseñador señala que la corbata es un símbolo de sofisticación, equilibrio y estatus. "Le da carácter al traje, pero no significa que cuando un hombre no la use vaya mal vestido. Hay otros elementos, otros accesorios que pueden ofrecer la misma sobriedad, como una buena camisa de cuello bien proporcionado", dice.

Muchos hombres aplauden esta iniciativa que impulsan ciertos personajes de la vida pública pues les permite ser más versátiles a la hora del vestir, condición que parecía relegada sólo a las mujeres. Ellas siempre han tenido muchas más alternativas para lucir: faldas, sastres, pantalón, minifalda, descaderados, vestidos cortos y largos, blusas, suéteres, bufandas, sombreros, y a lo anterior se le suman infinidad de accesorios como joyas, adornos, prendedores, pulseras y la elección infinita de carteras o bolsos. "Ahora los hombres también encuentran en la moda una amplia gama de posibilidades", afirma un experto consultado.

Los ejecutivos de hoy tampoco se dejan deslumbrar por la corbata, lo que no quiere decir que no les guste la ropa de marca y el buen diseño. Germán Bahamón y Jaime Martínez, por ejemplo, exitosos empresarios de una de las multinacionales de música de mayor prestigio en el mundo, piensan que tanto la corbata como los trajes de paño están mandados a recoger y afirman que rinden más en su trabajo si pueden estar cómodos. Además, sus pintas no les quita el respeto que parece otorgárseles a las personas encorbatadas. Por lo menos tienen una guardada en la guantera del carro, seguramente regalada, para los formalismos de los clubes sociales que no permiten el ingreso sin esta prenda.

El director de El Tiempo, los alcaldes electos, ciertos personajes de la vida nacional y jóvenes ejecutivos ahora brillan con luz propia. Su estilo individual se destaca al punto de que ya se habla de la corriente Garzón para el buen vestir. Sea cual fuere la elección de un hombre al elegir diariamente su pinta, lo llamativo es que los hombres hoy pueden atreverse a ser más ellos mismos.

Pero lo cierto es que la moda es eminentemente dinámica y variable, lo cual se puede ver en las diferencias existentes en las vestimentas de distintas épocas. Hoy, con la distancia del tiempo, es fácil distinguir los cambios que se produjeron entre el siglo XIX, cuando imperaba la levita y el cuello de pajarita, y el siglo XX, en cuyos inicios la corbata actual era símbolo de juventud. El sombrero masculino, por ejemplo, era una prenda indispensable hasta mediados del siglo pasado. El presidente John F. Kennedy fue el primero en dejarlo, y lo cierto es que hoy es un accesorio casi que exclusivo de las faenas en el campo.

Por eso no es absurdo pensar que la corbata esté en decadencia y que en las próximas décadas sea un objeto de curiosidad y admiración como lo son hoy las pelucas victorianas. Si eso sucede, los historiadores del siglo XXII podrán afirmar que Lucho Garzón estaba en el camino correcto.

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