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Cuando el gobierno chileno, en cabeza de su presidente, Sebastián Piñera, pidió colaboración a la Nasa para ayudar a los 33 mineros atrapados en la mina de San José, era consciente de que necesitaba contar con los mayores expertos del mundo. No era para menos, por el nivel extraordinario del reto que tienen frente a sí los encargados de sacar a los trabajadores de su encierro en las profundidades.
En efecto, los especialistas temen que con el tiempo y las dificultades del rescate el grupo tendrá que soportar dificultades desconocidas hasta ahora, que a la larga serán la mayor prueba psicológica y física de esta tragedia. De hecho, el ministro de Salud de ese país, Jaime Mañalich, dijo la semana pasada que algunos ya mostraron signos de depresión, como no comer adecuadamente o negarse a ser filmados por sus compañeros. Varios expertos en experiencias de aislamiento han elaborado una serie de procedimientos que se deben seguir para soportar los meses que faltan para que los mineros sean rescatados.
El aspecto que más resaltan los conocedores es la necesidad de que los mineros reciban apoyo desde el exterior, sobre todo de sus familiares. Según dijo a SEMANA Sheryl Bishop, psicóloga de University of Texas Medical Branch y experta en supervivencia humana en ambientes extremos, este contacto les permite a los trabajadores saber que hay gente esforzándose y preocupada por sacarlos, lo que disminuye sus sentimientos de soledad y desamparo. En este sentido, el trabajo adelantado por las autoridades ha sido óptimo pues ubicaron a las familias en la zona de la mina y desde allí han podido mandarles cartas de aliento a través de la sonda. Nick Kanas, psiquiatra de la Universidad de California y consejero de la Nasa que ha estudiado las misiones de la Estación Espacial Internacional, le dijo a esta revista que otro elemento esencial para mantener el ánimo arriba es que la familia les envíe regalos sorpresa, su comida favorita o dibujos de sus hijos.
El problema con las experiencias extremas de aislamiento es que con el tiempo los afectados se vuelven más vulnerables y susceptibles a cualquier discrepancia. Por eso, aunque el diálogo con los familiares es esencial, debe ser manejado con precaución. Los expertos señalan que los mensajes deben ser siempre positivos, y las noticias negativas, como las de muerte, deben retenerse hasta que los mineros sean rescatados. Otro aspecto importante, advierte Kanas, es que el gobierno chileno no solo centre su atención en ellos, sino también en quienes están afuera. "En nuestro trabajo hemos encontrado que los astronautas a veces se preocupan más por sus familias en la Tierra que en ellos mismos". Aun así, Bishop enfatiza en que sí es necesario que los mineros conozcan a ciencia cierta cuánto puede tardar el rescate. Hasta ahora solo se les ha dicho que no podrán ser sacados antes del 18 de septiembre, día del Bicentenario de Chile, pero que verán la luz antes de Navidad.
El plan consiste en hacer una perforación vertical, de 66 centímetros de diámetro, por donde se extraerá a los mineros. El problema es que llegar hasta la zona de refugio puede demorar de tres a cuatro meses. "Mentirles sobre el tiempo que demora el rescate puede generarles ansiedad, y los retrasos pueden ser devastadores para su esperanza", dijo a SEMANA Jack Stuster, psicólogo de Anacapa Science, que ha estudiado a fondo las tripulaciones en el espacio. Stuster, además, señala la importancia de que los mineros eviten discutir entre sí y mantengan un ambiente respetuoso y de solidaridad.
Mantenerse ocupado
En un experimento realizado en 2009, en el que una tripulación de seis personas estuvo aislada por 105 días para simular una expedición a Marte, Oliver Knickel, uno de los voluntarios, mencionó que lo más difícil de la misión había sido soportar la monotonía. Hace un par de meses arrancó una experiencia similar, esta vez por 520 días, y Jennifer Ngo-Anh, directora del experimento, le dijo a New Scientist que una de las soluciones al aburrimiento es que los tripulantes fijen unas metas. "Tener un horario y una serie de objetivos a corto y largo plazo va a distraer a los mineros de sus miedos y ocupar su cuerpo y mente", señaló a SEMANA Jon Rottenberg, psicólogo de la Universidad del Sur de Florida. Una de las tareas que se les ha encargado es retirar los escombros ya que esto los hace sentirse útiles y asumir que están contribuyendo en su rescate. "Cualquier cosa que normalice su situación abajo ayuda a reducir los malos sentimientos que se puedan generar", anota Bishop. Para evitar el caos, los expertos también recomiendan nombrar uno o dos líderes que orienten al grupo y ayuden a designar funciones. Los testimonios de los mineros revelan que al parecer Luis Urzua, de 54 años, se ha encargado de organizarlos y mantenerlos unidos.
Los expertos consideran esencial para mantener la estabilidad mental simular los ciclos de día y de noche. Estudios sobre científicos en expediciones de largo plazo en la Antártida demuestran las consecuencias perjudiciales de alterar los ritmos circadianos, como disfunción en la glándula tiroide y debilitamiento del sistema inmunológico. Esto, además, puede causar trastornos de sueño que generan depresión, falta de concentración e irritabilidad. A pesar de que los mineros están acostumbrados a permanecer largos periodos bajo tierra, existen turnos de sueño, y los horarios de labores son coordinados con los ciclos de luz y oscuridad. La solución hasta el momento es proporcionar emisores de luz a través de la sonda para imitar el sol, lo que les permite mantener a los trabajadores una sincronía con el resto del mundo, en especial, con sus familiares. "Un minero que comparte el día con sus hijos y su esposa se sentirá menos apartado de ellos", anota Bishop.
Los cuidados físicos no son menos perentorios que los psicológicos. Los mineros ya han recibido vacunas y cremas para evitar irritaciones en la piel causadas por la humedad. También es imprescindible que se mantengan bien hidratados debido a la temperatura de más de 32 grados, mientras la calidad del aire puede suponer riesgos para los ojos y los pulmones. En cuanto a la alimentación, un grupo de nutricionistas asesora el envío de comida concentrada, rica en nutrientes para una dieta diaria de entre 2.000 y 2.500 calorías. Según el médico de la Nasa James Michael Duncan, por ahora se ha restringido el envío de alcohol hasta que los niveles de nutrición se recuperen. Algunos de ellos presentaban pérdida de peso de hasta 10 kilos, debido a que durante 17 días se alimentaron con una cucharada de pescado, media galleta y un poco de leche cada 48 horas. A los fumadores, por su parte, les suministraron parches y chicles de nicotina para calmar la ansiedad.
Aunque los especialistas son conscientes de que estos no son astronautas preparados para una misión sino mineros bajo una situación fortuita, y que las dificultades son enormes, confían en que, con el manejo adecuado, esta historia va a terminar felizmente.
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