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| 2016-07-23

13 objetos del pasado que los niños desconocen

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    1. El rollo de fotografía. Tomar fotos era, hasta hace poco, un dolor de cabeza. Cada rollo permitía un número limitado de imágenes. Para saber si las fotos estaban bien tomadas o no, había que esperar una eternidad para revelarlas. Con el tiempo, estas se podían deteriorar o perder. ¿Negativos? Los jóvenes de hoy no saben qué es eso, pero en su momento era importante guardarlos para hacer copias. Desde que las cámaras digitales aparecieron, y después estas se incorporaron a las tabletas y teléfonos inteligentes, todo quedó atrás, a tal punto que hoy se toman miles de fotos de prácticamente todo y se comparten con solo hacer un clic.
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    2. La máquina de escribir. Había que pensar muy bien antes de presionar una tecla porque, una vez la tinta estampaba la letra en el papel, no había vuelta atrás sin dejar rastro. En una época en la que no se permitían borrones ni tachones, el gasto de tiempo y de papel era grande, aunque había ayudas, como un líquido blanco que barnizaba el error y permitía reescribir sobre él. Las máquinas eran ruidosas, solo tenían un tipo de letra y no eran tan portátiles como el computador personal, que luego las reemplazó. Corey Blair, un millennial que hizo el experimento de usarla por una semana, trinó sobre ellas: “Esta cosa apesta. #Dolor #lágrimas”.
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    3. El teléfono de disco. Hasta la década de los ochenta, las llamadas se hacían a través de un teléfono que tenía un disco en la mitad con diez orificios, cada uno con un número del 0 al 9. Para hacer la llamada había que girar cada número del teléfono al que se quería llamar. Todo intento por hacer que el dial fuera más rápido era inútil. No existía la opción de remarcación, por lo que había que repetir el proceso si la línea estaba ocupada. Con los teléfonos de botones y la opción de remarcar, el mundo sin duda ahorró más tiempo.
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    4. El casete. Se vendían vírgenes o pregrabados, igual que un disco de acetato o un CD. ¿Quién, mayor de 30 años, no recuerda haberle grabado una selección de música a esa persona especial? El problema era que solo tenían espacio para 60 minutos de contenido, es decir, 15 canciones, y había que voltear la cinta cada 30 minutos. Su declive comenzó con la aparición de los reproductores de MP3, que permiten almacenar muchas más canciones.
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    5. Los discos ‘floppy’ y el disquete. Los niños los reconocen como el ícono que indica ‘guardar’ archivos, pero no imaginan que alguna vez, entre 1970 y 2000, fueron un medio magnético real para grabar los documentos o para pasarlos de un computador a otro. Se les llamaba floppy porque eran delgados y flexibles. Quedaron obsoletos por el CD grabable, y fueron desplazados definitivamente por las memorias USB que permiten una mayor capacidad para guardar datos, que hoy en día, a pesar de la llegada de la nube, siguen vigentes.
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    6. El buscapersonas. Muchos lo ven como el precursor del mensaje de texto. La gran diferencia es que cuando se hicieron populares a finales de los ochenta y comienzos de los noventa, solo permitían enviar el número de teléfono y, en las versiones más sofisticadas, un corto mensaje. Eso era suficiente para que quien recibía un mensaje llamara de inmediato. ¿Cómo, si no habían celulares? Desde un teléfono público, que en aquella época estaban en todas partes. Esto era antes de la llegada del celular al país. Y aunque ambos aparatos coexistieron, el teléfono móvil no era tan popular porque el de esa época era grande, costoso y no tenía mucha cobertura. Con el avance de estos, sin embargo, el bíper fue perdiendo relevancia.
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    7. ‘Walkman’/‘discman’. En 1979 el walkman de Sony, del tamaño de un casete, cambió la manera como la gente oía música. Gracias a sus audífonos y su portabilidad no era necesario tener un equipo de sonido, pues se podía llevar a todas partes y disfrutarlo en privado. Más tarde vino el discman para reproducir discos compactos. Ambos aparatos perdieron popularidad con el iPod y luego con la llegada de aplicaciones para oír música. Hoy, en YouTube hay tutoriales para enseñarles a los millennials cómo usar un walkman si encuentran uno en el cuarto de los chécheres de sus padres.
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    8. Los directorios telefónicos. Antes de la llegada de los celulares con la posibilidad de incluir lista de contactos, todos los números telefónicos de las líneas fijas estaban consignados en un libro de casi 10 centímetros de grosor que se consultaba cuando alguien quería contactar a otra persona. Estaban organizados por orden alfabético y no solo incluían el número de teléfono, sino también la dirección. Tenía dos tomos: las páginas blancas, para los teléfonos de residencias, y las amarillas, para los negocios. Hoy esta información se ofrece por internet. Aunque todavía se editan, son poco consultados.
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    9. Betamax/VHS. El Betamax fue la manera como Sony ofreció a sus clientes un equivalente del casete, pero para reproducir películas y videos. Fue el amo y señor del negocio hasta que su competencia, el VHS de JVC, terminó dominando el mercado. La idea era rentar películas o grabar programas de televisión para verlos luego, y en ese sentido fueron precursores de la televisión en demanda. Este aparato dio origen al rebobinador de películas, compañero inseparable del VHS. La aparición del DVD opacó estos aparatos y la última película grabada en ese formato fue Eragon, en 2007.
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    10. El módem de discado. Antes del wifi y de la conexión a internet por fibra óptica la gente debía marcar un número para conectarse a internet. Cuando esto se lograba, un sonido extraño, como si el computador estuviera haciendo contacto con extraterrestres, retumbaba en el lugar. Esta conexión no solo era lenta sino costosa y ocupaba la línea de teléfono fijo. Todo esto se resolvió y hoy el acceso a internet es imperceptible para los usuarios, aunque aún el módem se utiliza en zonas rurales del mundo.
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    11. La enciclopedia/diccionario. “Cuando tenga una duda, búsquela en la Enciclopedia Británica”, decía un aviso de 1913. Por eso, hasta los años noventa, en toda casa había una o dos para aclarar datos, hacer tareas y consultar temas. Pero su popularidad decayó con la llegada de internet y con proyectos colaborativos como Wikipedia, que en 2001 lanzaron Jimmy Wales y Larry Sanger. Hoy, según Nature, esta enciclopedia virtual es tan precisa como la Británica y mucho más extensa. Así las cosas, ¿para qué tener una enciclopedia si todas las dudas se resuelven con Google? Lo mismo se puede decir de los diccionarios impresos.
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    12. El disco de vinilo. Uno de los objetos que más asombran a los jóvenes menores de 15 años es este dinosaurio de la música. Así como el disco de vinilo reemplazó al cilindro en los años veinte, el CD lo despojó de su reinado de más de 40 años. Aunque algunos aún lo usan, para otros es un perfecto desconocido del que solo han oído hablar en las películas viejas y libros de historia.
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    13. El telegrama. Para muchos es el precursor de Twitter puesto que el servicio se cobraba por el número de palabras, de modo que los usuarios trataban de hacer sus mensajes lo más concisos posible. Un ejemplo: “Jodióse venta macho”. Era muy usado en los años ochenta, pero perdió popularidad frente a otras tecnologías de comunicación más ágiles, inmediatas y gratuitas.
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