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Inteligencia o sexo artificial: las muñecas inflables del futuro

El empresario Matt McMullen planea, en dos años, comercializar muñecas sexuales dotadas de ‘inteligencia artificial’.

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La compañía californiana RealDoll fue creada en 1996 y desde entonces ha vendido unas 5.000 muñecas de silicona de tamaño real. Los precios van de 5.000 a 10.000 dólares y los clientes pueden diseñarlas a su antojo, escogiendo desde el color de ojos, cabello y piel, hasta los pies, para los más quisquillosos.

Ahora decidieron lanzarse a una aventura tecnológica que podría cambiar por completo la forma de ver las relaciones sexuales: con su nuevo y ambicioso proyecto, Realbotix, Matt McMullen quiere darle vida a las muñecas que comercializa, dotándolas de inteligencia artificial.

Con la idea de McMullen, los clientes podrán escoger hasta el tono de voz y la personalidad de sus curiosas acompañantes. Y para hacerlo real ha conformado un equipo de ingenieros expertos en la creación de humanoides, que han trabajado con la reconocida empresa de robótica Hanson Robotics.

El primer paso es el desarrollo de una cabeza de robot que pueda hacer guiños y abrir y cerrar la boca de manera convincente, así como el trabajo con tecnologías emergentes para lograr desarrollos como un sistema de estimulación de realidad virtual.

McMullen, quien se ha dedicado con fervor a su compañía, se define como un artista y afirma que comenzó haciendo esculturas de mujeres y que sus proyectos “simplemente evolucionaron”.

Sin embargo, en el proceso de desarrollo de estos robots sexuales tendrá que enfrentarse al fenómeno del 'uncanny valley”', o el valle de lo misterioso. El concepto fue acuñado en los años 70 por el profesor de robótica Masahiro Mori, del Instituto de Tecnología de Tokyo, y según esta teoría estética la respuesta de la gente frente a los robots iría de la empatía a la repulsión en función del grado de parecido que estos tengan con un ser humano.

Para el investigador, la ilusión de semejanza que surge del contacto con un humanoide puede generar una reacción positiva, pero sólo hasta cierto punto, en donde se transforma en un rechazo radical frente a la singularidad del objeto que se tiene en frente. La sensación negativa tendería a agudizarse en función del movimiento.

McMullen afirma que quiere evitar eso a toda costa creando productos que, siendo lo más atractivos posibles, sigan siendo muñecas y no extrañas copias de figuras humanas. El creador ha manifestado su voluntad de darles gestos humanos, “expresiones, interacción verbal”, y lograr que sea posible “comunicarse con ellas”, siempre y cuando se guarde “toda su belleza” sin volverlas figuras inquietantes.

Su ambición se sitúa en el límite peligroso de las cosas, teniendo en cuenta que el proyecto cuenta con la posibilidad de unir una cabeza Realbotix dotada de movimiento, voz y el objetivo de seducir a sus usuarios, a los cuerpos de las cotizadas muñecas RealDoll.

En una entrevista con la revista Vanity Fair, McMullen expresó que la fantasía detrás de su proyecto era volverlas tan “reales” como fuera posible, y precisó que la idea era colmar fetiches y no reemplazar a las mujeres de carne y hueso.

Por inquietante que suene, de concretarse la hazaña tecnológica no tardará en cambiar el mundo de los juguetes sexuales con estas muñecas hiperrealistas. Quienes quieran disfrutar del polémico invento tendrán que esperar un par de años y desembolsar varios miles de dólares.

Video: The New York Times

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