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Los encantadores misterios de las aguas del Orinoco

Un grupo de organizaciones ambientales lanzó un estudio sobre la salud de los ríos. La región tiene un potencial enorme pero enfrenta una serie de retos para explotarla de forma sostenible.

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Para un estudiante y para sus padres, el día de entrega de calificaciones puede ser motivo de alegría, enojo o de verdadero pánico. En el caso de un río, que no siente emociones pero que sí se expresa, quienes se alegrarán o sentirán el pánico con el reporte serán los muchos actores que lo rodean, lo viven y lo explotan: aquellos que tengan que afinar sus prácticas hacia lo sostenible, aquellos que deban implementar políticas de conservación donde no las tienen. Si las notas son positivas, el reto para los responsables será mantener las buenas acciones.

Varios expertos en agua dulce de la región, del país y de varias instituciones extranjeras, junto a miembros de la sociedad civil y de las comunidades que viven en el río y de él, se han reunido dos veces ya para definir los indicadores apropiados para esta medición. A finales de junio se establecieron los parámetros para el río Meta y, a comienzos de agosto, los correspondientes al río Bita, uno de carácter especial pues desde 2014 se proyecta como el primer río protegido en el país y es una rica fuente de peces ornamentales altamente apetecidos en Asia.

Falta una nueva reunión dedicada al río Guaviare y entonces la entrega de los resultados será cuestión de tiempo. En un periodo de seis a doce meses, WWF, el Instituto Humboldt, el Centro de Ciencias Ambientales de la Universidad de Maryland y Corporinoquia pondrán en marcha sus recursos y experiencia para recoger la información necesaria y producir la radiografía. Con esta se sabrá qué amenaza la salud de estos cuerpos de agua y qué los mantiene en un buen estado. También servirá de referencia para contrastar los resultados de otras mediciones que se hagan en el futuro.

Para Luis Germán Naranjo, director de conservación en WWF, el estudio también representa una oportunidad única para comparar las tres cuencas, para afirmar una metodología replicable en otras cuencas y ríos, y la coyuntura perfecta para implementar herramientas de medición eficientes.

Simon Costanzo, del Centro de Ciencias Ambientales de la Universidad de Maryland, se sorprendió por la poca intervención que vio en la cuenca. Pero es consciente de que no es un estado estático. El científico le dijo a SEMANA: “He escuchado de las presiones potenciales al medio ambiente como la entrada de industrias de palma de aceite, de explotación petroleras o de gas. Por eso el momento es perfecto para realizar este trabajo, para que quienes están a cargo de la toma de decisiones puedan hacerlo de forma informada”, aseguró.

La idea es producir un documento de consulta simple: “Es una pieza de comunicación fácil de entender para quien la quiera consultar, como una libreta de notas escolar. Y ese es el poder de lo que hacemos, mejorar la información sobre lo que representa un problema, una amenaza y lo que no lo es”, añadió. Alexandra Fries, su colaboradora, asegura que si bien el documento final es de unas ocho páginas, el soporte académico y práctico viene de un documento de más de 500.

Un reto complejo es que la cuenca del Orinoco, uno de los sistemas fluviales más importantes del mundo, de biodiversidad excepcional y donde habitan 17.420 especies de plantas, 1.300 de aves, 1.100 de peces, 250 de mamíferos y 119 de reptiles, cruza fronteras. Eventualmente, poner de acuerdo a dos países como Colombia y Venezuela en temas que tocan sus recursos hídricos y sus industrias productivas requerirá paciencia y concertación. Pero como las aguas van de Colombia hacia Venezuela, puede ser suficiente en un comienzo mantener en el mejor estado posible lo que a Colombia corresponde.

El espectáculo

Es agosto en Puerto Carreño y las aguas del Orinoco y de sus afluentes están altas. Los locales dicen que, dependiendo de la temporada, se viven dos escenarios completamente distintos. En temporada de verano las aguas bajan, hay playas y si bien la temperatura alcanza los 40 grados, la brisa la taima y de paso aleja al ‘jején’. Pero es agosto, las temperaturas oscilan entre los 28 y los 33 grados y a pesar de que no hay playas, los panoramas naturales visibles a minutos de ‘Carreño’ son impresionantes.

Los sentidos se desatan para quien no vive en este ámbito. Navegar el vasto Orinoco, lanzarse en sus aguas, nadar y poderse ver las manos y los pies es un privilegio de pureza. Ya por los lados de río Bita, se perciben el nado y los movimientos de los delfines rosados, o como se les dice en la zona, ‘toninas’. Sobre el color de los espléndidos mamíferos, Fernando Trujillo, cabeza de la Fundación Omacha, afirma que los delfines asumen el color ya sea porque se ponen colorados tras una fuerte actividad física -como los humanos-, o como causa de su avanzada la edad.

Y cuando se cree que ya se ha visto algo hermoso, el lugar sigue sorprendiendo.

Las aguas altas inundan bosques que se caminan en verano. En un trayecto surreal, estos se atraviesan en angostas lanchas, esquivando árboles, todo para llegar a la vasta sabana. Ya cerca de donde las aguas tocan tierra, estas crean un espejo inmaculado, una perfecta simetría visual que corta la respiración de los sensibles. La sabana en la que aún no hay proyectos de forestación tiene un cielo sin comienzo ni final, y a los lejos presenta unos cuantos ‘tepuyes’, mesetas particulares que rompen y adornan majestuosamente la eterna planicie. Y estas son solo algunas postales de las miles que ofrece el lugar.
 
De vuelta a Puerto Carreño, desde el mirador del Cerro de la Bandera, se reconoce al Orinoco como frontera, y del otro lado, a Venezuela. Todo mientras que el río Meta y Bita, abrazan el municipio.

Detalles de ‘Carreño’

Para ser una capital de departamento con tanto potencial turístico (pesca deportiva, avistamiento de aves, avistamiento de naturaleza), las condiciones de acceso deberían ser mejores en Puerto Carreño. Satena llega con cinco vuelos semanales a precios elevados. Hay mucho por hacer para encausar las tantas actividades que la Orinoquia puede promocionar. La energía eléctrica viene de la hermana república, lo cual la hace costosa y las comunicaciones no son fáciles (algunos operadores de celular dejan de existir).

A cada curva que se vislumbra cerca de la ‘Carreño’ nace una nueva posibilidad, y a cada paisaje nace una inspiración. La Orinoquia ofrece maravillas de difícil acceso capaces de sorprender, pero aún carece de medios para potenciarlas facilitando el acceso.

Plantaciones, ¿positivas?

La Orinoquia es una región poco divulgada, conocida y explorada. Y si bien se tiene la idea de que es una zona de sabanas sin mayor actividad productiva, Saulo Usma, coordinador del Programa Agua Dulce de WWF, corrige: “Las aguas de Chingaza, vienen de acá, mucha carne y arroz vienen de acá”. Su extensión es de casi un millón de hectáreas de las cuales 30 por ciento están en territorio colombiano y el resto en Venezuela.

Tradicionalmente era una zona ganadera y de pesca, pero en los últimos diez años han ganado espacio grandes plantaciones. Al aterrizar en Carreño se ven grandes polígonos de proyectos forestales. Se siembran especies extrañas al suelo local como Acacia, Eucalipto y Pino. Varios empresarios han intentado dar vuelo a plantas nativas como el marañón e incluso pequeñas plantaciones alternativas de Flor de Jamaica, pero como una quimera.

Para quienes apuestan por esto, la falta de infraestructura para sacar sus maderas, o sus productos de valor agregado son un gran dolor de cabeza. Dexter Dombro, canadiense, compró terreno en 2007 en los que estableció la reserva natural “La pedregoza”. Esperaba una producción en cinco o seis años pero ha visto como las adversidades climáticas, de suelo y infraestructura han extendido esa expectativa a doce. Dombro plantea la sostenibilidad como pilar fundamental de su reserva y producción, y su fe en las plantaciones es, a muchos niveles, un acto de fe con futuro incierto.

La visión de oportunidad para plantaciones es, pues, tan amplia por las grandes extensiones de tierra como incierta. El cambio de paisaje que implica preocupa en cierta medida, por el cambio que acarrea en el comportamiento de la fauna de la región y, especialmente, por las medidas que se toman para mejorarlo. “La Acacia es resistente, pero en términos de medioambiente preocupa el tipo de enriquecimiento del suelo que se haga y la fumigación que se emplee en las plantaciones.

Se debe hacer sin comprometer la calidad del agua y del ambiente”, añade Trujillo, de la Fundación Omacha. Como Trujillo, lo que esperan las organizaciones que velan por el medio ambiente es que el desarrollo sea ordenado, concertado con la gente y que también se sigan escuchando las voces locales para ver cómo proyectan su territorio.
 

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