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En tiempos de euforia y orgullo patrios es común oír bellezas de la biodiversidad colombiana. Sin embargo, son pocos los habitantes de las ciudades que tienen contacto directo con esa riqueza y, peor aun, es casi nula la conciencia ciudadana acerca del inminente peligro de extinción en que se encuentran varias especies de flora y fauna. No sólo por el tráfico ilegal y la caza furtiva, sino también por la destrucción de ecosistemas.
El libro Colombia Salvaje, editado por Intermedio, es un nuevo intento por divulgar la riqueza del patrimonio natural de Colombia.
El primer tomo, que ya está en la calle, se centra en las regiones andina y caribe. Un segundo volumen, ya escrito pero aún en preparación, se referirá al Pacífico, la Amazonía y la Orinoquía.
No es un libro que se queda únicamente en las fotos impactantes. Trae gráficas, mapas, explicaciones de cómo se clasifica la fauna y la flora, pero sin ser un aburrido texto escolar o una guía de campo para públicos especializados.
Además, algunos capítulos están dedicados a explicar la evolución de las especies, cómo fue el doblamiento de la flora y fauna de América y el actual territorio de Colombia. También explica la importancia estratégica de la biodiversidad y el papel que juegan las distintas especies en el sostenimiento de los ecosistemas y de la economía del país, que depende en gran medida del bienestar de sus páramos y bosques andinos, que son las fábricas de agua que abastecen la inmensa mayoría de las ciudades y las áreas cultivadas del país.
Su autor es Tomás Estévez, un biólogo con una larga trayectoria como educador y divulgador ambiental que utiliza un lenguaje directo, cotidiano y sencillo. Como él mismo advierte, "hubiera preferido que se titulara 500 especies de nuestra flora y fauna. Este libro no es una guía porque no abarca todas las especies". Juan Manuel Rengifo tomó la mayor parte de las fotos.
Al no estar atado a un lenguaje denso y académico, Estévez le echó mano a su gran experiencia como educador. A la información puramente científica le agrega anécdotas y chismes, como él mismo dice, en los casos que amerita.
También dedica espacio para señalar en qué estado se encuentran las distintas especies y resalta los casos exitosos de proyectos de recuperación que se han adelantado en algunos de los parques nacionales naturales.
Otra característica del libro es que no sólo trata especies nativas. Incluye algunas especies de la flora como el café o el mango que, aunque son de origen foráneo, se han adaptado de manera muy armónica a los ecosistemas nacionales y "forman parte de la identidad de los colombianos".
A Tomás Estévez le preocupa que un colombiano corriente sepa más de la fauna africana que de la colombiana por cuenta de la gran cantidad de documentales que se hacen en las sabanas de Kenia y Tanzania. Pero también insiste en el serio peligro de que esta riqueza se extinga. "Este primer tomo termina con el cóndor, que en Colombia se encuentra en una situación crítica. El texto del segundo tomo termina con el caimán del Orinoco, del cual, se calcula, apenas sobreviven unos 140 ejemplares".
Un final que alerta a los lectores acerca del serio peligro que corre Colombia de perder su base natural, que es una de sus principales riquezas.
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