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Hace unos años, Umberto Eco dijo que "los libros son de esa clase de instrumentos que, una vez inventados, no pudieron ser mejorados, simplemente porque son buenos. Como el martillo, el cuchillo, la cuchara o la tijera". La semana pasada, Amazon empezó a desafiar esa creencia con el lanzamiento de la nueva versión de su libro digital, el 'Kindle 2'. Se trata de un aparato que es a los libros lo que el iPod es a los discos, y que pretende reemplazar a los impresos.
El nuevo dispositivo, que tiene el mismo tamaño de un libro de bolsillo y pesa menos de 300 gramos, puede almacenar 1.500 títulos, así como cientos de revistas, periódicos y blogs. Usa el mismo tipo de conexión a Internet 3G que un celular, y esto le permite navegar y descargar textos desde cualquier lugar en unos segundos. Además de ser mucho más delgado y lucir más moderno, tiene otros atributos. Comparado con su predecesor, que salió a la venta en 2007, las mejoras son sustanciales. La batería del primero tenía que ser recargada cada 30 horas, mientras que la del nuevo Kindle puede durar hasta cuatro días si está conectado a la red, y dos semanas si no lo está. Tiene siete veces más memoria que el primero, los controles son más cómodos y la pantalla tiene 16 tonos de gris, a diferencia del primero que tenía apenas cuatro.
Otro gran paso es el catálogo de libros que ofrece Amazon para este dispositivo, que aumentó de 90.000 títulos en 2007 a 230.000 en la actualidad, a un costo de entre tres y 10 dólares. Además, se pueden descargar 30 periódicos por los que hay que pagar entre 10 y 14 dólares mensuales, y 22 revistas que cuestan entre 1,50 y tres dólares al mes. Aunque hay otras empresas dedicadas a digitalizar libros (por ejemplo, Google ya pasó de los siete millones), hasta ahora Amazon mantiene el dominio de su comercio virtual.
Al ritmo al que se producen estas mejoras, cada vez es más tangible el objetivo que trazó hace algunos años Jeffrey Bezos, presidente y fundador de Amazon: "Todos los libros alguna vez impresos, en cualquier lengua, disponibles en menos de 60 segundos". Si tiene éxito, en el futuro cercano seguramente el Kindle podrá ser usado en cualquier parte del mundo (actualmente las descargas sólo pueden hacerse en Estados Unidos), aparecerán baterías más duraderas, pantallas a color y su precio se reducirá.
Hoy, el contexto parece favorable. La semana pasada, mientras el 'Kindle 2' cosechaba elogios en blogs y medios de comunicación del mundo, en Estados Unidos la crisis de los diarios se profundizó cuando los dueños del San Francisco Chronicle se declararon en bancarrota y anunciaron que el legendario periódico, de 145 años de existencia, estaba a punto de desaparecer. Hasta el momento 33 diarios de ese país, entre ellos algunos de la talla de Los Angeles Times y el Chicago Tribune, están al borde de la extinción, y revistas como Newsweek, cuyas ganancias cayeron hasta en un 86 por ciento el año pasado, han tenido que hacer drásticos recortes de presupuesto para mantenerse a flote. Estados Unidos es sólo un indicador de lo que está sucediendo en todas partes, donde los altos precios del papel y la crisis económica tienen arrinconados a los medios impresos.
Aunque las ventas de libros digitales aún no son espectaculares y no pueden compararse con las de canciones que se cuentan en cientos de millones, sí han crecido en los últimos años. Desde la década de los 90 hasta 2007 sólo se habían vendido unos 100.000 libros digitales, sumadas todas las marcas. El Softbook o el RocketBook guardaban apenas entre 10 y 30 libros, eran enormes, lentos y con pantallas de baja resolución. Sin embargo el año pasado, según un estudio del Citigroup, se vendieron 500.000 Kindle. La segunda generación de estos dispositivos vendió 50.000 unidades apenas en su primera semana en las estanterías. Mary Westheimer, ex presidenta del portal BookZone y entusiasta de los e-books, dice que "estos serán exitosos en la medida en que sigan manteniendo los precios bajos y una disponibilidad de títulos alta".
Sin embargo, ni los más entusiastas de las nuevas tecnologías se atreven a pronosticar el fin de los impresos. El consenso es que muchos libros serán digitalizados, pero las ediciones de lujo, los libros de colección o de grandes formatos seguirán sobre el papel. En cuanto a los medios de comunicación, Patricia Vaccarino, vicepresidenta de comunicaciones de PublishingOnline.com, asegura que en el futuro seguirá habiendo medios impresos, pero las compañías tendrán que operar con menos gastos y menos capital. Tendrán que hacer ediciones de mayor calidad y las marcas reconocidas como The New York Times, The New Yorker o The Wall Street Journal seguirán teniendo mucho peso. Tendrán que ofrecer sus contenidos en formato digital y buscar la forma de hacerlos rentables.
Reemplazar a los impresos no va a ser nada fácil, pues muchos se niegan a dejarlos a un lado. Conrado Zuluaga, director editorial de Panamericana, piensa que a los libros digitales todavía les falta mucho para poder emular satisfactoriamente a sus contrapartes de papel. Explica que los editores tienen en cuenta muchos detalles a la hora de imprimir un libro. Estos van desde las cajas tipográficas, el tipo de letra o el interlineado, que ayudan a que un texto pueda ser leído más fácilmente. Por eso cree que no se trata solamente de tener un aparato para colocar textos. "Es estupendo que no se necesite acabar con árboles por cada libro que hagamos, pero quienes fabrican estas máquinas tienen que resolver tres problemas antes de que puedan reemplazar al libro: el formato y el arte, el pago de derechos y la perdurabilidad". Mientras que estos problemas y la nostalgia por los impresos persistan, el invento de Gutemberg seguirá existiendo, aunque muchos piensen que sus días están contados.
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