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La niñez es una etapa de la vida que todos asocian con felicidad. Sin embargo, para algunos la infancia, lejos de ser ingenua y divertida, es todo lo contrario, un momento triste que puede desencadenar serios trastornos en el estado de ánimo. A la tristeza que se prolonga por más de tres meses se le conoce como depresión preescolar, una enfermedad mental que ha tenido poca divulgación pese a que la comunidad científica la identificó hace medio siglo, incluso en niños de 3 y 4 años de edad.
El fenómeno ha aumentado, según María Elena López, psicóloga experta en niñez, debido a condiciones como la violencia intrafamiliar, el abandono de los padres o la falta de tiempo de estos para establecer relaciones cercanas con sus hijos, y la presión que ejerce la sociedad sobre los niños para que sobresalgan en el colegio. El número de afectados también se ha incrementado debido, posiblemente, a que cada vez el tema llama más la atención de los especialistas. En Colombia no hay un reporte de cuántos casos hay, pero para tener una referencia, los estudios en Estados Unidos muestran que entre el 1 y el 3 por ciento de los niños de 2 a 5 años sufren este trastorno.
Así como sucede con la depresión en adultos, los niños pueden presentar esta condición por una deficiencia en los neurotransmisores del cerebro, lo que impide la producción necesaria de serotonina y otras hormonas asociadas al placer que regulan el estado de ánimo. Pero en otros casos la causa puede ser exógena, es decir, producto de un episodio traumático que marca al menor, como la pérdida de un ser querido, o el maltrato y el abuso.
Uno de los puntos más polémicos del tema tiene que ver con la forma de tratar esta enfermedad, sobre todo con el uso de medicamentos, pues se ha visto que algunas madres que han sufrido de depresión los administran a sus hijos sin un previo concepto médico, lo cual podría ser no solo innecesario sino perjudicial. Para el psiquiatra infantil Germán Casas, suministrar medicinas a menores solo debe hacerse en casos extremos de depresión endógena, es decir, cuando el niño tiene una deficiencia de estos químicos en el cerebro, y bajo prescripción de un experto. En los otros casos, la solución más adecuada es la psicoterapia, que por tratarse de niños muy pequeños se basa en el juego o en la expresión de sentimientos a través de dibujos. "El objetivo es identificar la situación que generó el cambio de ánimo, y recrearla para enseñarle cómo enfrentarla y superarla", explica la psicóloga Annie de Acevedo, experta en niñez. López, por su parte, recomienda que haya un apoyo emocional de la familia y de los amigos y compañeros del colegio. Lo importante, coinciden los expertos, es que los padres acepten que existe un problema y acudan al especialista pues en un caso de depresión severa el niño puede tener ideas de muerte y hasta intentos de suicidio.
Sin embargo, algunos papás subvaloran la importancia de los síntomas y creen que se trata de una etapa normal de maduración "Si bien es cierto que en el crecimiento los niños tienen cambios emocionales, la depresión es una enfermedad con alteraciones definidas -dice el psiquiatra Jorge Forero, del Instituto Colombiano de Investigación en Salud Mental (ver recuadro). Otros padres se niegan a aceptar que sus hijos padecen esta enfermedad, porque tienen la idea de que se trata de una enfermedad crónica devastadora. Pero lo cierto es que si se pasa por alto se podría generar un problema mayor, dice Casas, pues "con los años la depresión puede ser más drástica y llevarlos a refugiarse en las drogas o el alcohol".
Señal de alerta
Los síntomas de la depresión son los mismos si tienen origen en un hecho externo o en un problema fisiológico. Por lo general los niños se muestran irritables, rinden menos en el colegio, tienen poca concentración, baja autoestima y sentimientos de culpa. Frases como “yo no sirvo para nada”, o “para qué vine a este mundo”, son una muestra clara de que algo no anda bien, explica Casas. En los más pequeños las señales de alerta pueden ser el aislamiento, la falta de deseo en el juego, desmotivación, o tristeza y llanto constante.
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Diego Londono Paredes