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| 1/15/1990 12:00:00 AM

... CONSUELO DE MONOS

El éxito de una vacuna experimental probada en primates despeja el camino en la lucha contra el SIDA.

En la Universidad de Tulane, Luisiana, los científicos estaban, como se dice, bailando en un sólo pie hace pocos días porque su experimento con nueve monos había dado un resultado positivo. En principio ocho de los animales, inoculados con una nueva vacuna contra el SIDA, estaban a salvo.
La alegría de los investigadores se explica porque, con base en estos resultados iniciales, el sueño de todos estos años, de producir una vacuna contra el SIDA en los humanos, parece estar cada vez más cerca. En estos momentos nadie puede asegurar nada, ni siquiera si los análisis y estudios que se adelantan pueden alcanzar un rotundo éxito, pero el resultado logrado con los monos ya es algo. Los expertos calculan que la vacuna para los humanos podrá tomar entre 5 y 10 años, hasta quedar perfeccionada y al alcance de todos.
Los experimentos con animales, especialmente con monos y chimpances, para inmunizarlos contra el SIDA habían fracasado hasta ahora. Según el médico Michael MurphyCorb, de la misma universidad, este nuevo logro es una prueba tangible de la posibilidad de una vacuna contra el terrible síndrome. Otro de los investigadores comentó: "Puede sonar simplista pero nunca supimos hasta donde era posible conseguir un sistema de defensa para los humanos, porque entre estos existen cientos de miles de personas infectadas que ya habían probado como funcionaban sus defensas, defensas que no los inmunizarón, y por eso existía la incognita sobre la viabilidad de la vacuna".
El nuevo logro en la vacuna para los monos es un paso notable en una serie de investigaciones, que han demandado numerosos recursos y mucho tiempo, buscando la protección de los monos contra una especie de SIDA que afecta a los simios, un virus que tiene numerosos elementos y síntomas comunes con la enfermedad que aqueja a los humanos.
Curiosamente, el noveno mono sometido a la vacuna resulto infectado con el virus, pero sólo despues de catorce meses de haber sido vacunado. Por primera vez, en estos dramáticos meses, surge una esperanza que es más que una simple especulación, una realidad cercana.
Otro medico, Ronald C. Desrosiers, fue más cauto al afirmar que nadie debe engañarse y pensar que la vacuna para los humanos podrá encontrarse a la vuelta de la esquina.
Las primeras vacunas ensayadas contra el SIDA estaban compuestas sólo de fragmentos del virus y, de tener exito, hubieran sido más seguras y rápidas para fabricar en serie que la forma tradicional de utilizar virus enteros como antídotos. Los experimentos que usaron fragmentos de tales virus fracasaron. Más tarde los investigadores lograron inmunizar dos de seis monos que luego murieron.
Dos años despues de estar trabajando en nuevos experimentos, se ha logrado esta vacuna que ha demostrado ser efectiva en los animales. Cada uno de los monos recibió tres dosis de vacuna fabricada con el SIDA de los simios, es decir, con el virus muerto. Cuatro de los monos vacunados fueron inyectados con el virus vivo un mes después. Tres de los cuatro no han mostrado infección alguna y el otro resultó infectado pero permanece sin síntomas de deterioro. El experimento siguió: trece meses después otros cinco monos fueron vacunados y, dos semanas después, recibieron una dosis del virus vivo. Los cinco permanecen aún sin infección.
De otro lado, los científicos tomaron 17 monos que no fueron vacunados pero en cambio recibieron dosis del virus vivo. Todos resultaron enfermos y 12 de ellos murieron durante los siete meses siguientes.
Los obstáculos para lograr una vacuna para los humanos son numerosos. La vacuna de los monos los protege contra una de las derivaciones de su SIDA, Pero se sabe que los virus pueden tener numerosas mutaciones y el SIDA de los humanos tiene más de cinco. Por eso los monos tienen que seguir siendo vacunados.
Otro de los problemas es que en el laboratorio el virus vivo es inoculado pocas semanas después de la vacunación original y fuera del laboratorio una vacuna tendría que proteger a los pacientes durante meses y años, un plazo demasiado largo. Otro conflicto se presenta con la persistencia del virus en el organismo. La mayoría de las vacunas contra las enfermedades virales no previenen completamente de las infecciones con partículas del virus, pero bloquean la mayoría de las partículas y ayudan al organismo a protegerse contra un pequeño residuo de la infección. Pero el SIDA es otro caso: aun con unas pocas partículas del virus, los resultados son fatales.
Antes que la vacuna sea ensayada de nuevo en seres humanos, tiene que ser experimentada con éxito total entre los monos, en condiciones más reales y contra todas las ramificaciones del síndrome. Uno de los principales factores que deben ser tenidos en cuenta es la seguridad: en las vacunas que contienen virus muertos siempre existe el riesgo de que, por alguna razón, esos virus sean reactivados y, en vez de curar, causen la muerte.

ESPIONAJE CIENTIFICO

Un Watergate científico acaba de ser revelado en torno al descubrimiento del virus del SIDA. La denuncia, que se veía venir desde hace varios años, salio a la luz publica a raíz de un informe publicado hace dos semanas por el Chicago Tribune. Con el título de "Ciencia bajo el microscopio", el periodista John Crewdson revela que detrás del descubrimiento hay una sordida historia de espionaje científico, en la cual sale muy mal librado el celebre investigador norteamericano Robert Gallo, quien hace unos años fue galardonado con el prestigioso Premio Lasker por sus descubrimientos sobre los retrovirus humanos.
En un aparte de su informe títulado "El gran interrogante del SIDA", Crewdson denuncia las extrañas maniobras que se desarrollaron en el laboratorio del Instituto Nacional de Salud de Bethesda, dirigido por Gallo, antes de su anuncio del descubrimiento de un virus "gemelo" al encontrado unos meses antes por el equipo del doctor Luc Montagnier en el Instituto Pasteur de París.
¿Asombrosa coincidencia o robo?, se pregunta el redactor del artículo, quien en 1981 fue laureado con el Premio Pulitzer. La denuncia, que habla de extraños virajes en la investigación, falsificación de fotografías y desaparición de documentos, es el fruto de 20 meses de averiguaciones a lado y lado del Atlántico. Durante la investigación Crewdson entrevistó a 150 científicos y estudio más de 5.000 páginas de apuntes y archivos de laboratorio. Según el artículo, es demasiado coincidencial que, después de años de titubeos, el científico norteamericano haya encontrado su camino precisamente en momentos en que los investigadores franceses se hallaban ya en la recta final del estudio. El artículo-encuesta, públicado el 19 de noviembre pasado, viene a confirmar unas hipótesis que se tejieron entre 1983, cuando se hizo el anuncio del descubrimiento, Y 1987, cuando se lanzó la historia oficial del SIDA.
Aunque durante esos cuatro años se filtraron algunas informaciones sobre una guerra de espías entre los dos laboratorios, la sospecha quedo acallada a raíz de un acuerdo suscrito el 31 de marzo de 1987, al más alto nivel. Ese día los gobiernos de Reagan y Chirac consagraron oficialmente a los doctores Gallo y Montagnier como los codescubridores del virus del SIDA. El acuerdo estipulaba ademas que el Instituto Pasteur recibiría parte de las utilidades sobre la venta del test de detección del SIDA en los Estados Unidos. Durante los días previos al acuerdo intergubernamental, Gallo y Montagnier habían redactado --en un cuarto de hotel en Hamburgo--la historia de sus respectivas investigaciones. El documento, que revela una estrecha colaboración entre los dos hombres de ciencia, fue publicado entonces como la historia oficial de los primeros años del SIDA.
El autor del artículo asegura, sin embargo, que no hubo una relación tan armónica y que la similitud entre los dos virus, comparable a dos huellas del mismo pulgar, no hubiera podido darse nunca por los caminos en los que iban las investigaciones de Gallo. Su afirmación es respaldada por la opinión de prestigiosos virólogos. La denuncia de Crewdson no ha recibido mayor eco en los medios de información de las dos naciones. Para nadie es un secreto que Gallo y Montagnier están legalmente obligados a guardar silencio, como parte del acuerdo. Pero de lo que no cabe la menor duda es que en los ánimos del jurado del Nobel rondaba esta sombra de sospecha el día que se barajaron los nombres del Premio de Medicina.
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