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| 3/31/2007 12:00:00 AM

Adiós a las gafas

La corrección de la presbicia, mal que ataca después de los 40 y disminuye la visión de cerca, no requiere bisturí ni láser y dura menos de cinco minutos.

Una minúscula onda de radiofrecuencia es lo que se necesita hoy en día para acabar con las gafas. Sin bisturí, ni rayos láser, sólo con una herramienta similar a un bolígrafo, cuya punta es más fina que un cabello humano. El novedoso tratamiento se convierte en la alternativa más segura y eficaz para corregir la presbicia, una afección del cristalino que hace que se pierda la capacidad de enfoque del ojo, cuyo daño es progresivo después de los 40 años de edad.

La técnica utiliza la energía que produce una onda de radiofrecuencia, de 0,5 segundos para remodelar la córnea y ajustar sus características refractivas. Con un pequeño estilete el cirujano aplica en puntos estratégicos las ondas de radiofrecuencia (RF). Fueron necesarios 20 años de investigación para establecer la profundidad y la temperatura necesarias para este tipo de tratamiento y para que la FDA, máxima autoridad reguladora de medicamentos en Estados Unidos, la recomendara como la más segura, superando incluso al láser, por cuanto no toca el centro de la córnea.

"Se trata de crear una banda constrictiva, como al apretar un cinturón, que logra incrementar la curvatura de la córnea. El procedimiento, que utiliza solamente anestesia en gotas, toma menos de cinco minutos. No se practica ningún corte, ni remoción de tejido", comenta el doctor Luis Guillermo Páparo, oftalmólogo especialista en cirugía de córnea, quien ya operó algunos pacientes en Cali.

Los candidatos típicos para este tratamiento son las personas mayores de 40 años, que toda su vida han visto bien de lejos y que ahora están cansadas de usar las gafas de lectura. El oftalmólogo evalúa la curvatura y características refractivas de la córnea, luego anestesia el ojo y dibuja una especie de croquis sobre ella con una tinta especial, la cual se disolverá con las lágrimas en 20 minutos. Este mapa sirve de guía, pues cada punto representa un lugar donde se aplicará la energía de la radiofrecuencia.

"Los pacientes experimentan durante el procedimiento una leve sensación de presión en el ojo", señala Páparo. "Estuve despierta y atenta a las indicaciones del cirujano. No sentí ningún dolor, tampoco molestia, mientras me operaban", dijo Amanda Finlay, de 53 años y una de las primeras 20 pacientes que acceden a la novedosa técnica.

Normalmente se practica en un solo ojo. Se mejora la visión cercana sin poner en riesgo la capacidad del paciente para ver de lejos. Es una técnica adecuada para aquellas personas escépticas y que tienen miedo a las cirugías complejas. "Los pacientes al terminar la cirugía y sobre la misma camilla, superan nuestra primera prueba: leen con facilidad, y sin sus lentes, los datos de su historia clínica", cuenta el oftalmólogo.

Este procedimiento no requiere de un posoperatorio y tampoco parches para tapar los ojos, por lo que los pacientes se pueden ir caminando a casa. Sólo deberán echarse unas gotas de antibiótico y lubricantes. Eso sí, necesitarán salir con lentes oscuros durante algunos días, por la incomodidad y la sensación de cuerpo extraño que, normalmente, desaparece en cuestión de 24 horas. "Esta intervención busca facilitarle la vida a la gente. Si están en el supermercado que puedan leer los precios y etiquetas, que puedan también ver la hora, los números de celular, consultar el directorio e incluso leer el diario o la revista sin gafas", concluye Páparo.
 
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Termómetro

EL QUE PE­GA PRI­ME­RO...: Te­ner tra­ta­mien­to pa­ra el VIH lo más pron­to po­si­ble no les ser­vi­ría pa­ra na­da a quie­nes ya lle­van va­rios me­ses o años in­fec­ta­dos.
 
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Investigación

Gor­dos en cin­tu­ra. Si en lu­gar de es­tar acu­mu­lan­do gra­sa en la ca­de­ra lo ha­ce en la cin­tu­ra, cál­me­se. Un nue­vo es­tu­dio, cál­me­se. Un nue­vo es­tu­dio de la Uni­ver­si­dad de Ya­le su­gie­re que las mu­je­res es­tre­sa­das más es­tu­dios pa­ra sa­ber el pa­pel de los ras­gos ge­né­ti­cos en la dis­tri­bu­ción de la gra­sa., cál­me­se. Un nue­vo es­tu­dio de la Uni­ver­si­dad de Ya­le su­gie­re que las mu­je­res es­tre­sa­das más es­tu­dios pa­ra sa­ber el pa­pel de los ras­gos ge­né­ti­cos en la dis­tri­bu­ción de la gra­sa., cál­me­se. Un nue­vo es­tu­dio de la Uni­ver­si­dad de Ya­le su­gie­re que las mu­je­res es­tre­sa­das más es­tu­dios pa­ra sa­ber el pa­pel de los ras­gos ge­né­ti­cos en la dis­tri­bu­ción de la gra­sa. de la Uni­ver­si­dad de Ya­le su­gie­re que las mu­je­res es­tre­sa­das más es­tu­dios pa­ra sa­ber el pa­pel de los ras­gos ge­né­ti­cos en la dis­tri­bu­ción de la gra­sa.
 
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