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| 8/8/1988 12:00:00 AM

CAUCHOMANIA

El SIDA revitaliza la economía del caucho.

Cuando la epidemia del SIDA alcanzó la atención mundial, muchos pensaron que el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida produciría cambios radicales en el comportamiento social de las personas y específicamente en su actitud ante las relaciones sexuales indiscriminadas, y la verdad es que tenían razón. Pero lo que muy pocos se Imagmaron es que el SIDA fuera a producir efectos igualmente importantes en muchas actividades económicas y en la industria y por lo tanto en la vida diaria de gente que con el SIDA, poco o nada tiene que ver.

Uno de esos efectos tiene que ver con el mercado mundial de látex o caucho natural, el mismo que en los primeros años de este siglo diera origen a las macabras historias de la Casa Arana que, a su turno, inspiraron una novela como "La Vorágine". El látex, por cuenta del SIDA, ha regresado a las primeras planas, pues es el elemento principal en la producción de muchos de los elementos que se consideran hoy parte esencial de la supervivencia. La tesis de que el condón es la gran panacea de la seguridad contra el contagio, ha hecho que las ventas mundiales del hasta ahora anticuado elemento hayan llegado a niveles insospechados. Pero además en algunos lugares se ha impuesto la costumbre de usar guantes de látex en los más variados oficios, desde meseros y azafatas hasta los árbitros de boxeo, pasando por dentistas y profesionales de la salud.

Este auge mundial del látex ha producido, por lo menos, tres consecuencias visibles e inmediatas: por una parte, el aumento espectacular del precio internacional del látex, por otra, la multiplicación de las fábricas productoras de guantes y condones de caucho en el mundo y, de manera indirecta, un aumento en productos que tienen el látex como una de sus materias primas, pero que tienen una relación por lo menos lejana con el SIDA: llantas, neumáticos, mangueras hilos de caucho para la confección, y un sinnúmero de productos en los que el látex no ha podido ser remplazado, con lo que ni los bebés, con sus chupos de entretención, se salvan de quedar afectados.

En esas condiciones, la capacidad instalada para la producción de látex a nivel mundial, proyectada para la demanda estable de la década pasada, no pudo resistir la presión, y hoy los países productores trabajan afanosamente en la construcción de nuevas plantas industriales. "En mayo de 1985", dice el European Rubber Journal, una publicación gremial internacional, "el Ministerio de Desarrollo Industrial de Malasia, primer productor y procesador de caucho natural en el mundo, dio su visto bueno a la iniciación de cuatro nuevos proyectos de producción de guantes. En 1986, el número se elevó a seis. El año pasado alcanzó a 69. En los dos primeros meses del 88 se aprobaron 23 y para comienzos de marzo existían más de 30 proyectos en línea de espera". Se calcula que durante 1987 se instalaron en China y Malasia más de 100 nuevas fábricas productoras de guantes las cuales, según esa publicación, todavía no alcanzan a cubrir la enorme demanda de lugares tan remotos como los restaurentes de Manhattan.

Por estas razones, el látex, cuyo precio se regula en una bolsa internacional sometida a la presión de la oferta y la demanda diarias, registró en el primer semestre de 1988 un comportamiento sin precedentes. De US$0.80 el kilo, que se cotizaba en enero, pasó a US$2.00 en mayo y a US$3.60 en el mercado de futuros de octubre a diciembre. Es decir, un incremento superior al 130% en menos de 4 meses. Pero como si lo anterior fuera poco, se cree que la demanda crecerá el año entrante en los Estados Unidos al menos en otro 50%.

La canasta familiar colombiana, como es de suponerse, no ha podido estar al margen de esa situación, y cada vez es más caro comprarle al niño su pelotita para que juegue. Pero lo peor es que no es fácil decirle que la razón para ello está en unos señores que, alrededor del mundo, se protegen de una afección como el SIDA, poniéndose guantes hasta en las narices. --
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