Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2003/10/13 00:00

Cita para comer

Los jóvenes son la población con mayor riesgo de sufrir anorexia y bulimia. Un centro de día constituye una nueva alternativa para ayudarlos.

Los pacientes reciben terapia sicológica. Otras de las actividades son relajación, trabajos manuales y talleres de autoestima. Inicialmente comer no es una obligación. Con el tiempo se convierte en la espuesta positiva a un cambio de actitudes frente a la vida.

El considerable aumento de trastornos de la conducta alimentaria, más que todo de anorexia y bulimia, tanto en adolescentes como en jóvenes colombianos, se está convirtiendo en una epidemia que silenciosamente puede llegar a generar un grave problema de salud pública.

Aunque no existen estadísticas generales en Colombia un estudio realizado por la Universidad de Antioquia refleja el riesgo en el que se encuentra esta población. El trabajo, realizado con 972 alumnos de cinco colegios de Medellín, dio a conocer que 77 por ciento se siente aterrado de ganar peso; 46 por ciento desarrolla actividad física por estética; 41 por ciento come de manera abundante en cortos períodos; 33 por ciento siente culpa después de comer; 16 por ciento experimenta que la comida controla su vida y 8 por ciento se induce al vómito. Lucrecia Ramírez, coautora del estudio, señala que "la prevalencia es y será más grande si no se interviene a tiempo".

Una luz al final del camino surge para quienes padecen esta terrible enfermedad y sólo han encontrado dos opciones no siempre favorables: internarse en un hospital siquiátrico o asistir a consulta externa. Se trata de Horus TCA, un centro de día creado recientemente en Bogotá para ofrecer ayuda tanto en los casos crónicos como en los agudos.

La idea del programa es que el paciente asista durante un mes, de lunes a viernes, a una jornada que contempla actividades como relajación, trabajos manuales, lectura, talleres de autoestima y una consulta diaria con un especialista en este tipo de trastornos.

Camila Pombo, una de las gestoras de esta iniciativa, indica que "todas las actividades están enfocadas a tener a la persona bajo supervisión". El propósito es generar conductas distintas frente a la alimentación, desdibujar el problema de la mente para encontrar un punto de conciliación entre el ser humano y el acto básico de comer. Anota la experta que "muchos llegan comiendo sólo cuatro alimentos porque estiman que todo lo demás los engorda. Por lo general comienzan rechazando las grasas y los carbohidratos, y luego las carnes y las frutas. Debemos entenderlos e incentivar en ellos un proceso de reeducación para fijar pautas de alimentación balanceada". Las terapeutas acompañan a los pacientes en el momento de comer y se realizan visitas controladas al baño para evitar que se provoquen el vómito. El tratamiento propuesto es inicialmente de un mes, al cabo del cual se estima que el enfermo puede ingerir un menú normal, alcanza el peso adecuado a su talla, y entonces se continúa con asistencia sicológica. Otra posibilidad que brinda el centro de día es que los enfermos sólo vayan a consulta terapéutica.

Los resultados del programa han sido positivos: se han atendido 25 personas, de las cuales sólo tres han abandonado el tratamiento. El paciente ideal para participar en este tipo de programa es quien ha perdido entre 25 y 30 por ciento de su peso, tiene complicaciones físicas o emocionales, carece de un riguroso cuidado en su casa, bien sea por mala relación entre los miembros o por falta de tiempo.

La población en riesgo de padecer tanto anorexia como bulimia está entre los 8 y los 30 años, es la adolescencia la etapa más crítica y se presenta en todas las clases sociales.

Tanto la anorexia como la bulimia van mucho más allá de lo físico: responden al deseo de controlar la comida, genera constante insatisfacción porque implica privarse de todo para recibir la aceptación del medio y es como un acto que sugiere vanamente vivir para los demás.

La ignorancia es el peor enemigo para combatir estas enfermedades. Por ello resulta determinante conocer los factores de riesgo, desarrollar campañas de prevención y promover en la sociedad el desestímulo a los falsos y limitados patrones de belleza, tan lejanos a los valores reales de los seres humanos.

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