Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1987/10/19 00:00

CONTRA LA DROGADICCION

Ni fórmulas magicas, ni curas milagrosas. Otro informe conjunto de los medios de comunicación en su campaña contra la droga

CONTRA LA DROGADICCION

Pensemos en la imagen de un pulpo con los brazos replegado hacia sí mismo: el individuo adicto y todas las terapias que debe involucrarse en su rehabilitación.
Porque para el drogadicto no existe una sola terapia. Fórmulas mágicas tampoco. Ni centros de rehabilitación con curas milagrosas.
Existe tan sólo una premisa funda mental: la voluntad sincera, férrea de librarse del yugo de la droga.
En cambio, sí pululan las falsa promesas -casi mesiánicas- y lo engaños. Que abrazan los padres desesperados por la situación de sus hijos, desorientados por la inexistencia de verdaderas políticas de rehabilitación, a menudo impulsados por sentimientos de remordimiento. Y se dejan engañar. Irremediablemente.
Si en el mundo aún no se ha establecido la cura para la drogadicción, mucho menos en Colombia donde la acción del gobierno ha sido evasiva. Y en donde sólo se adelantan ofensivas parciales, a menudo mal enfocadas.
En este sentido, mal haría este informe en remitir a los padres a una institución o consultorio determinados como gran puerta de salvación.
Se limitará, en cambio, a proporcionar a los colombianos los elementos con los cuales cada cual podrá juzgar por si mismo. Al comparar estos elementos con los que ofrece un centro determinado, la conclusión será obvia.
FERIAS DEL ENGAñO
Según la Organización Mundial de la Salud, la rehabilitación es el proceso que comprende todas las medidas destinadas a reducir los efectos de las afecciones que producen discapacidad y minusvalía, y a permitir a la persona afectada su reintegración social.
Las afecciones: la farmacodependencia. Los efectos: las alteraciones de las relaciones interpersonales, familiares, académicas y laborales. Y también las secundarias, que de allí se derivan. O sean, la prostitución, el robo, los asesinatos.
Existen métodos convencionales y no convencionales.
Ninguno es mejor que el otro. Sin embargo, entre estos últimos es donde el terreno se encuentra más abonado para los engaños. Tal es el caso de las curas por acupuntura, autosugestión, hipnosis, libros de autocontra paso a paso, brebajes, unguentos, rezos, cirugía.
Acerca de esta última, cabe mencionar la trepanación hecha en varios países, realizada para cortar supuestos centros cerebrales en donde estaría ubicada la disposición hacia la drogadicción. Intervención que, además de no ser respaldada con las bases científicas, tampoco arrojó resultados satisfactorios.
Los métodos no convencionales se caracterizan a menudo porque tienen como fin primordial el lucro y crean falsas expectativas en el individuo su familia.
PERFIL INTEGRAL
Los métodos convencionales deben valerse de un grupo multidisciplinario constituído por médicos generales, siquiatras, sicólogos, sociólogos, enfermeras, trabajadores sociales y terapistas ocupacionales.
La rehabilitación debe ser integral. Si se trata al paciente y se deja de lado la familia, el resultado será pobre. Si se trata el individuo y su familia pero no el ambiente laboral o académico, tampoco los resultados serán completos. Menos lo serán si se ignoran los amigos, factor primordial en un alto porcentaje de las adicciones.
Ninguna terapia puede emprenderse sin una evaluación. Porque antes de especificar cuáles serán las medidas y tratamientos más convenientes, se deben establecer las condiciones específicas del paciente o huésped, su extracción social y nivel económico, las características de la o las sustancias que consume, el perfil del medio que lo rodea.
Sin esta fase evaluativa cualquier tratamiento queda trunco: no se puede curar sin conocer. Es como si el cirujano pretendiera extirpar a ciegas un tumor, sin los previos e indispensables exámenes radiológicos, clínicos y de laboratorio.
ENTRE MAS SE MODIFIQUE...
El sujeto como ser individual, debe ser analizado. Sus factores biológicos y genéticos, sus antecedentes familiares, su personalidad.
También las motivaciones que lo condujeron al consumo de la droga: problemas sicológicos, laborales, familiares, académicos. La presión social que pudo influír, así como la curiosidad que despertaron los amigos.
Y definir las características de la sustancia: cuál consume y cuál le ocasiona más compulsión.
Generalmente, se trata de polifarmacodependientes: adictos a más de una droga. El médico general interviene para buscar las alteraciones orgánicas y detectar si existe o no dependencia física o síquica. La farmacodependencia involucra la globalidad del individuo y no se le puede considerar únicamente como una intoxicación aguda.
Vienen los casos irreversibles: la cirrosis hepática en el alcohólico; el enfisema pulmonar o la bronquitis crónica en el fumador de cigarrillos, basuco y marihuana; los daños cerebrales en consumidores de marihuana, basuco e inhalantes.
Se presentan también los daños reversibles que figuran en la inmensa mayoría de las adicciones: desnutrición, anemia, infecciones. Entre estas, las venéreas ocasionadas por la promiscuidad, por el uso de agujas no esterilizadas.
NO SON LOCOS
Luego se realiza el estudio del medio ambiente: el lugar donde vive, el vecindario, el grupo de amigos, las condiciones laborales o de estudio. Y la familia: núcleo importante, tanto en los inicios de la adicción como en su posterior tratamiento. Definir la estructura familiar, la existencia o no de comunicaciones, la posibilidad de que los mismos padres sean o hayan sido consumidores de alguna sustancia.
Es entonces, frente al cuadro completo de las características del huésped y de su entorno, que puede comenzar el tratamiento.
Se iniciará con la terapia individual. Allí se hace importante aunar la intervención del médico general y del sicólogo o siquiatra. La dependencia física puede ir complementada por la aparición de la tolerancia o la necesidad de aumentar progresivamente el consumo para llegar a un mismo efecto, así como por el síndrome de abstinencia. Este se presenta cuando se suspende la sustancia y requiere de un tratamiento específico.
Los pacientes farmacodependientes deben ser manejados independientemente de pacientes que presenten otros trastornos mentales, a lo largo de todo el proceso.
PADRES: SIN CULPA PERO RESPONSABLES
El paciente no es un ser aislado. Su núcleo más cercano, la familia, debe también involucrarse en el tratamiento.
Es la terapia familiar que se ejerce con padres, hermanos, personas allegadas al hogar, amigos. A ellos se les busca en sus viviendas, se les cita y se les compromete.
Es preciso recalcar que la terapia familiar sola apenas alcanza un 4% de la mejoría del paciente. Lo que hace concluir que, si bien es pilar fundamental de toda terapia, debe ser señalada como un instrumento más en el abordaje del paciente.
En esta fase, los especialistas señalan la importancia de desculpabilizar a la familia en el proceso inicial de abordaje que permitirá disminuír la angustia. Igualmente llevará a los miembros del núcleo familiar a aceptar el problema de la adicción, el que usualmente se niega.
PASOS HACIA ADELANTE
Mientras las dos anteriores modalidades de tratamiento están recomendadas como pilares fundamentales de la rehabilitación de todo farmacodependiente, la terapia de grupo implica un paso más hacia la liberación. No se le debe aplicar antes de haber trabajado en el proceso de reorientación del individuo.
Con excelentes resultados cuando se cumple de manera científica, la terapia de grupo incluye las comunidades terapéuticas, muy frecuentes en Colombia. Se desarrolla en lugares donde se han agrupado pequeños núcleos de farmacodependientes a quienes, internos, se le practican estudios sicológicos y sicoterapias.
La vida en comunidad durante un período limitado de tiempo incluye la asignación de responsabilidades con miras a reintegrar paulatinamente al paciente a la vida en sociedad. Es el momento en que el individuo, desintoxicado y readaptado socialmente puede responder a las obligaciones de su vida cotidiana. Se le da la salida, pero se le invita a continuar acudiendo a la terapia de grupo en consulta externa.
Este último paso es indispensable, ya que la etapa de reintegro social constituye uno de los momentos más duros y al mismo tiempo frágiles en el tratamiento del adicto.
Intervienen en la misma varios factores igualmente importantes: la previa preparación de la familia y su cambio de actitud frente al individuo parcialmente rehabilitado, la misma actitud de la persona para quien la voluntad de mantenerse alejada de la sustancia es indispensable; la respuesta del ambiente que le es más cercano.
Si este sigue siendo factor negativo, la familia está en la obligación de romper estructuras y de proporcionar un nuevo hábitat.
En esta terapia de grupo se incluyen los Alcohólicos Anónimos, los Narcómanos Anónimos, los Cocainómanos Anónimos.

¿Y DESPUES?
Allí es donde realmente comienzan a verse los frutos del tratamiento. Un tratamiento que dista mucho de llegar a su término final.
Abandonar al farmacodependiente a su suerte cuando emprende su reingreso a la sociedad es tan peligroso como dejarlo en mitad de una selva.
Mientras estuvo interno, mientras se le proporcionaron los cuidados individuales, se le infundió seguridad. Una seguridad que la sociedad no le proporcionará: una sociedad que lo va a señalar con el dedo.
También mientras estuvo recluído en el centro de rehabilitación, se le proporcionó una terapia ocupacional: se le enseñaron nuevas actividades, se le reforzaron las que ya conocia, se le motivó hacia el trabajo. Todo, hacia el aumento de su autoestima.
En la sociedad comienza la reubicación laboral. Esta es uno de los mayores impedimentos, estigma fundamental hacia la rehabilitación.
Fácilmente comprensible: el desempleo constituye uno de los graves motivos que conducen a la adicción.
Y de nada valdrían los tratamientos si al paciente se le suelta de la mano una vez que franquea las puertas de salida del centro de rehabilitación.
En este sentido se dirige la preocupación de los expertos, quienes comprueban que el ambiente laboral colombiano pocas veces es receptivo a la contratación de personas en proceso de cura. Mientras muy pocas -por no decir casi ninguna- instituciones de rehabilitación proporcionan plazas de empleo o facilitan las mismas. Así, son inmensos los peligros de caer en el círculo vicioso de la readicción.
EL MINISTERIO DE SALUD: NI CONTROL NI PRESUPUESTO
Sobre el papel figura la rehabilitación integral del farmacodependiente como objetivo del Ministerio de Salud.
Sobre el papel figura el Ministerio de Salud como órgano rector de las políticas y vigilante de los derechos del ciudadano a ser atendido.
Y también sobre el papel figura el control a los centros piratas de rehabilitación.
Pero la realidad es muy distinta.
En Colombia proliferan las instituciones empíricas. Pero no se hace nada contra ellas. El Ministerio de Salud apenas controla sus estatutos y conceptúa sobre sus personerías jurídicas.
"Estamos en una democracia, dice el secretario general de la cartera de Salud, Germán Perdomo. No podemos coartar la creatividad profesional ni individual".
El Ministerio no interfiere ni en las tarifas ni en las actividades que se desarrollan en cada centro, porque no tiene ni el personal ni el fuero legal para ello. Y tan sólo interviene si están en peligro la institución o los usuarios.
Pero, ¿quién mide el termómetro del peligro?
Ni siquiera las mismas entidades oficiales ofrecen una rehabilitación completa. Carecen de presupuesto: el Ministerio de Salud dedicó en 1987 a la lucha contra la farmacodependencia 20 millones de pesos, el Fondo Rotatorio de Estupefacientes le destinó 120 millones que, al iniciar este octavo mes del año, no han sido aún asignados.
Existen en el país 63 entidades dedicadas a esa rehabilitación: 20 servicios estatales -7 instalados en hospitales siquiátricos y 13 unidades de salud mental-, 8 instituciones privadas vinculadas al Sistema Nacional de Salud y que reciben aportes del Fondo Rotatorio de Estupefacientes, y 3 centros privados. Ninguna de esas 63 entidades ofrece la rehabilitación integral.
Lo reconoce el mismo secretario general, German Perdomo. :Lo ideal, dice, sería integrar los servicios. Pero esto no se ha hecho".
Perdomo habla en nombre del sector de la Salud. Lo hace, comisionada por el titular de la cartera, José Granada, veinte días después de haberse solicitado la entrevista.
"En Colombia, expresa, hay de todo. Un montón de instituciones que no tienen patrones definidos ni esquemas conceptuales debidamente implementados. Y en este conjunto, hay muchos que se aprovechan".
La falla se origina en los cimientos del problema: no existen estadísticas. Nadie sabe cuánta droga se consume, ni quiénes ni cuántos lo hacen. Sólo existen cifras parciales e incompletas: en 1986, 9.274 consultas en instituciones oficiales, 5.451 en centros privados; 3.169 egresos hospitalarios de entes oficiales y privados. ¿En un país donde se habla -al tanteo- de dos millones de farmacodependientes? Hasta el momento, el Ministerio de Salud no ha cerrado ninguna institución privada. Tampoco ha dictado sanciones. Se han hecho visitas durante las cuales se han observado libros de contabilidad, hojas de vida de profesionales, historias clínicas. Y se han dejado recomendaciones más un plazo de uno o dos meses para corregir. No más.
Pero también ha desarrollado cursos de capacitación a personal médico y paramédico. Y su gran actividad, la ha concentrado en la prevención: en 1986, 6.642 horas dedicadas a la misma, dirigida a 23.741 beneficiarios. ¿Para un país de 30 millones de habitantes?
"Es parcial, dice German Perdomo, pero es todo lo que podemos dar".
ES MENTIRA CUANDO:
- Cuando la terapia es proporcionada por peronas sin experiencia o sín títulos profesionales. Una rehabilatación no es una obra de caridad.
- Cuando se utiliza exclusivamente una de las modalidades de la terapia integral: una sola faceta no es suficiente ni eficaz.
- Cuando se limita a internar al paciente en un centro donde lo único que se le ofrecee es un programa comunitario. Sus características individuales, y las de su adicción, la de su familia y del medio ambiente son dejadas borrosamente como elementos sin importancia.
- Cuando dentro del mismo centro de rehabilitación no se controla el tráfico de drogas.
- Cuando no se practican exámenes médicos exhaustivos y se limitan a estudios sicológicos y siquiátricos
- Cuando solamente se procede a una desintoxicación física.
- Cuando no existe una verdadera motivación: el paciente que no se quiere curar simplemente no se cura.
- Cuando los padres no reconocen su papel ni la entidad los compromete en la rehabilitación
- Cuando no se detectan factores
genéticos y biológicos. A pesar de que existen innumerables facetas de la herencia sin elucidar, la sustracción orgánica no se puede dejar de lado. Es preciso aclarar que, hasta el momento, ninguna droga es capaz de modificar los factores genéticos.
- Cuando al paciente no se te reubica laboralmente.
Y es todavía más mentiroso el tratamientó cuando se le dice al paciente o a la familia:
- Le juro que lo voy a aliviar.
- Va a salir en un momentico.
- Le garantizamos su curación.
- En un mes le resolvemos el problema.
- Ustedes los padres tienen la culpa.
- Le saldrá barato, no se preocupe por los costos.
- Esta es una entidad sin ánimo de lucro.

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