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| 6/2/2002 12:00:00 AM

Corazón sin tapón

Expectativa en la comunidad científica por un nuevo tratamiento que evita la obstrucción de las arterias coronarias.

lares. Según cifras de la Organización Panamericana de la Salud estas afecciones son las responsables de medio millón de muertes al año en América Latina. Esta patología se ha convertido en un serio problema de salud pública, no sólo por los fallecimientos sino por los elevados costos hospitalarios que genera ya que un alto porcentaje de pacientes deben recurrir a varias intervenciones

Pero esta historia podría cambiar. Así lo aseguran los investigadores de la firma Cordis Corporation, quienes dieron a conocer los resultados de un nuevo stent liberador de fármaco que evita la obstrucción de las arterias coronarias. El anuncio se realizó en el marco del Paris Course on Revascularization, la reunión más importante de esta materia en Europa.

La enfermedad coronaria es un mal progresivo que se inicia desde el nacimiento, cuando el organismo comienza lentamente a acumular placas en las paredes de las arterias coronarias, que son las encargadas de suministrar sangre al corazón. Dichas placas pueden ser conglomerados de colesterol, calcio o células que con el tiempo van disminuyendo el calibre de las arterias hasta obstruirlas completamente lo que puede provocar un infarto .

Cuando una persona llega a los 40 años la placa puede haber ocluido hasta el 60 por ciento de la luz de la arteria, proporción que puede aumentar si el individuo no hace ejercicio regularmente, consume una dieta rica en grasas saturadas, fuma, es obeso, sufre de diabetes o tiene en su historia familiar algún pariente que haya tenido un infarto.

Para recuperar la luz arterial en muchos casos es necesario realizar un tratamiento invasivo llamado angioplastia, en el que el cardiólogo introduce un catéter con un balón que expande el vaso sanguíneo y regula el flujo de sangre. Se estima que alrededor de 1.700.000 personas en el mundo deben recurrir a este tipo de procedimientos cada año.

En algunos casos este método sigue siendo insuficiente debido a que las arterias tienen memoria y tienden a estrecharse nuevamente. Este proceso se presenta entre el 10 y el 40 por ciento de los pacientes intervenidos que necesitan un nuevo tratamiento.

La solución para este problema fue el stent, una pequeña estructura metálica cilíndrica, parecida a una malla, que al ser implantada en la arteria ayuda a mantener su diámetro normal. Si bien los pacientes que reciben el stent presentan una notable mejoría el 20 por ciento son víctimas de una condición conocida como restenosis.

"Después de nueve meses de haber sido tratadas las personas volvían a consulta por dolores en el pecho provocados por una nueva obstrucción en la arteria, que en esta oportunidad era producida por el tejido de cicatrización que había crecido alrededor del stent como respuesta a la herida que se había causado al implantarlo en el vaso", señaló a SEMANA el cardiólogo brasileño Alexander Abizaid.

Los especialistas enfrentaron el problema irradiando el tejido como si fuera cancerígeno, suministrando drogas por vía oral, repitiendo la angioplastia y, si el caso lo ameritaba, realizando un bypass

Mientras tanto los investigadores se dieron a la tarea de encontrar un mecanismo que permitiera reducir los efectos de la restenosis. La solución parecía estar en un stent recubierto de un polímero liberador de fármaco que afectara localmente el tejido de cicatrización sin comprometer otros órganos.

En los estudios clínicos realizados en Europa, Estados Unidos y Latinoamérica se experimentó con rapamicina, un compuesto de origen natural que había dado excelentes resultados al evitar el rechazo de los trasplantes de riñón. La rapamicina fue liberada en el vaso sanguíneo durante un período de 30 días, en los que logró inhibir la acción de la enzima clave (TOR) para la proliferación celular, lo cual impidió el crecimiento anormal del tejido de cicatrización y la consiguiente obstrucción de la arteria.

Los resultados preliminares del estudio Sirius, en el que participaron 1.101 pacientes de 53 hospitales de Estados Unidos, fueron alentadores. De acuerdo con el cardiólogo Martín B. León, codirector del estudio, el seguimiento de los últimos ocho meses demostró que sólo el 2 por ciento de los pacientes que recibieron el stent con fármaco desarrollaron restenosis en la zona de acción de la malla y un 9 por ciento manifestó el problema en las regiones que bordean el stent.

A pesar de las expectativas todavía es demasiado pronto para cantar victoria. Según Jorge Mor, jefe de la unidad de hemodinamia de la clínica Shaio, los stents benefician a pacientes cuyas lesiones cumplen ciertas características y falta ver cuántas personas de las que llegan a consulta llenan los requisitos para ser intervenidas con éxito. Además es preciso esperar un par de años para ver cómo evolucionan los pacientes pues es bien sabido que con el paso del tiempo pueden surgir otras complicaciones que antes no existían.

La alternativa del stent con fármaco abre otra ventana en el tratamiento de la enfermedad coronaria pero aún así de nada sirven estos nuevos adelantos si las personas no modifican su estilo de vida. Si no se reducen los factores de riesgo la posibilidad de sufrir un infarto seguirá estando a la vuelta de la esquina.



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Pero esta historia podría cambiar. Así lo aseguran los investigadores de la firma Cordis Corporation, quienes dieron a conocer los resultados de un nuevo stent liberador de fármaco que evita la obstrucción de las arterias coronarias. El anuncio se realizó en el marco del Paris Course on Revascularization, la reunión más importante de esta materia en Europa.

La enfermedad coronaria es un mal progresivo que se inicia desde el nacimiento, cuando el organismo comienza lentamente a acumular placas en las paredes de las arterias coronarias, que son las encargadas de suministrar sangre al corazón. Dichas placas pueden ser conglomerados de colesterol, calcio o células que con el tiempo van disminuyendo el calibre de las arterias hasta obstruirlas completamente lo que puede provocar un infarto .

Cuando una persona llega a los 40 años la placa puede haber ocluido hasta el 60 por ciento de la luz de la arteria, proporción que puede aumentar si el individuo no hace ejercicio regularmente, consume una dieta rica en grasas saturadas, fuma, es obeso, sufre de diabetes o tiene en su historia familiar algún pariente que haya tenido un infarto.

Para recuperar la luz arterial en muchos casos es necesario realizar un tratamiento invasivo llamado angioplastia, en el que el cardiólogo introduce un catéter con un balón que expande el vaso sanguíneo y regula el flujo de sangre. Se estima que alrededor de 1.700.000 personas en el mundo deben recurrir a este tipo de procedimientos cada año.

En algunos casos este método sigue siendo insuficiente debido a que las arterias tienen memoria y tienden a estrecharse nuevamente. Este proceso se presenta entre el 10 y el 40 por ciento de los pacientes intervenidos que necesitan un nuevo tratamiento.

La solución para este problema fue el stent, una pequeña estructura metálica cilíndrica, parecida a una malla, que al ser implantada en la arteria ayuda a mantener su diámetro normal. Si bien los pacientes que reciben el stent presentan una notable mejoría el 20 por ciento son víctimas de una condición conocida como restenosis.

"Después de nueve meses de haber sido tratadas las personas volvían a consulta por dolores en el pecho provocados por una nueva obstrucción en la arteria, que en esta oportunidad era producida por el tejido de cicatrización que había crecido alrededor del stent como respuesta a la herida que se había causado al implantarlo en el vaso", señaló a SEMANA el cardiólogo brasileño Alexander Abizaid.

Los especialistas enfrentaron el problema irradiando el tejido como si fuera cancerígeno, suministrando drogas por vía oral, repitiendo la angioplastia y, si el caso lo ameritaba, realizando un bypass

Mientras tanto los investigadores se dieron a la tarea de encontrar un mecanismo que permitiera reducir los efectos de la restenosis. La solución parecía estar en un stent recubierto de un polímero liberador de fármaco que afectara localmente el tejido de cicatrización sin comprometer otros órganos.

En los estudios clínicos realizados en Europa, Estados Unidos y Latinoamérica se experimentó con rapamicina, un compuesto de origen natural que había dado excelentes resultados al evitar el rechazo de los trasplantes de riñón. La rapamicina fue liberada en el vaso sanguíneo durante un período de 30 días, en los que logró inhibir la acción de la enzima clave (TOR) para la proliferación celular, lo cual impidió el crecimiento anormal del tejido de cicatrización y la consiguiente obstrucción de la arteria.

Los resultados preliminares del estudio Sirius, en el que participaron 1.101 pacientes de 53 hospitales de Estados Unidos, fueron alentadores. De acuerdo con el cardiólogo Martín B. León, codirector del estudio, el seguimiento de los últimos ocho meses demostró que sólo el 2 por ciento de los pacientes que recibieron el stent con fármaco desarrollaron restenosis en la zona de acción de la malla y un 9 por ciento manifestó el problema en las regiones que bordean el stent.

A pesar de las expectativas todavía es demasiado pronto para cantar victoria. Según Jorge Mor, jefe de la unidad de hemodinamia de la clínica Shaio, los stents benefician a pacientes cuyas lesiones cumplen ciertas características y falta ver cuántas personas de las que llegan a consulta llenan los requisitos para ser intervenidas con éxito. Además es preciso esperar un par de años para ver cómo evolucionan los pacientes pues es bien sabido que con el paso del tiempo pueden surgir otras complicaciones que antes no existían.

La alternativa del stent con fármaco abre otra ventana en el tratamiento de la enfermedad coronaria pero aún así de nada sirven estos nuevos adelantos si las personas no modifican su estilo de vida. Si no se reducen los factores de riesgo la posibilidad de sufrir un infarto seguirá estando a la vuelta de la esquina.



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