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| 2/12/1990 12:00:00 AM

Cosas de hombres

Por fin, los cientificos empiezan a preocuparse por encontrar nuevas alternativas para tratar un órgano problema: la prostata.

Cosas de hombres Cosas de hombres
Durante la mayor parte de su vida los hombres parecen estar libres de las numerosas molestias a que están sometidas las mujeres por problemas en su aparato reproductor. Sin embargo, en la vejez la próstata se convierte en su talón de Aquiles. Se estima que a los 70 años, el 70% de los hombres sufre problemas con esta glándula y, a los 80, uno de cada cuatro tiene que someterse a una operación de la próstata. Ahora, una serie de interrogantes acerca de la duración y efectividad de esta operación ha llevado a los científicos a intensificar los esfuerzos para desarrollar nuevas formas de tratar este problema común. Entre las nuevas alternativas figuran varias drogas, dispositivos mecánicos y aun el uso de calor intenso.
La próstata, órgano sexual masculino secundario, produce las secreciones que nutren y transportan el esperma. Esta glándula está ubicada alrededor de la uretra, el conducto que transporta la orina desde la vejiga hasta el pene. Por razones aún desconocidas pero que se asocian con un disbalance hormonal, con los años la próstata comienza a crecer y puede obstaculizar el paso de la orina a través de la uretra. Esta condición es conocida como hipertrofia prostática benigna. Cuando la glándula crece, no sólo obstruye la salida de la orina, sino también la del semen. Y en casos extremos puede derivar en la impotencia sexual.
En algunos hombres el crecimiento de la próstata es rápido y los síntomas definidos. El paciente presenta deseos frecuentes de orinar y dificultad para hacerlo. Debido a que puede ocurrir un bloqueo repentino, que cause infecciones y daños al riñón y a otros órganos del sistema urinario, muchos médicos recomiendan una cirugía temprana. El procedimiento consiste en pasar un dispositivo a través de la uretra para destapar las áreas que están bloqueando el flujo de la orina. Pero la operación puede dejar impotentes a los pacientes y a menudo tiene que ser repetida.
Dentro de las prometedoras alternativas que están siendo estudiadas se encuentra una nueva técnica que consiste en colocar una especie de balón que comprime la próstata desde dentro de la uretra, abriendo el conducto. También está en estudio una nueva droga que puede contraer la próstata sin afectar la función sexual un efecto colateral asociado con algunas drogas. Se está ensayando otra técnica experimental, la hipertermia, que consiste en utilizar altas temperaturas para comprimir las áreas internas de la glándula que obstruyen el paso de la orina. En algunos pacientes los cirujanos han ensayado una sencilla operación que consiste en hacer una profunda incisión hacia el interior de la próstata en lugar de remover porciones de la glándula.
Según los expertos, la hipertrofia benigna de la próstata afecta al 8% de los hombres de 30 años, pero se calcula que la mitad de los hombres mayores de 50 pueden sufrir de un crecimiento significativo que obligue a la intervención quirúrgica. Pero cirugía no necesariamente significa extracción. Por décadas, la prostatectomía, en la cual la glándula era removida a través de una incisión en el abdomen, fue el único tratamiento. Este procedimiento es hoy reservado para glándulas que son demasiado grandes para ser tratadas con el procedimiento tradicional, en el cual se abre la vejiga del paciente, se rompe la bolsa prostática y se quita la materia inflamada.
El misterio que rodea las causas del agrandamiento de la próstata complica la posibilidad de desarrollar nuevas terapias. Hasta el momento, los expertos aún no encuentran una correlación entre el tamaño de la glándula y los síntomas resultantes. Muchos hombres con próstatas grandes no presentan síntomas, mientras otros con glándulas más pequeñas sufren síntomas severos. Y la misma severidad de los síntomas puede variar en una forma impredecible. Por otra parte, hay una gran dosis de angustia en los problemas relacionados con la sexualidad. De hecho, algunas investigaciones han demostrado que un 30% de los hombres que sufrian impotencia, mostraban mejoría después de tomar un placebo o tener un tratamiento ficticio.
La carencia de una información básica confiable sobre el tema hace que mientras los urólogos estudian nuevas terapias, encuentren muy difícil determinar quiénes realmente se beneficiarán de ellas. Según los médicos, algunos pacientes que pueden encontrar alivio por algún tiempo, posiblemente después tengan que recurrir a la cirugía, mientras otros que se han sometido a la operación como solución definitiva, necesiten tomar costosas drogas por el resto de su vida.
Pero como se trata de una esperanza para mejorar la calidad de vida, todos los esfuerzos que se hagan son válidos. Hasta el momento, la técnica experimental que mejores resultados ha dado es la "del balón", que ha tenido éxito en dos tercios de los casos. Sin embargo, los urólogos aún no se atreven a asegurar con certeza cuánto tiempo duran sus beneficios. Se trata de un procedimiento ambulatorio que puede realizarse en media hora en casos rutinarios. Una vez que el paciente ha sido anestesiado, el urólogo inserta a través de la uretra un balón adaptado a un tubo. Una vez colocado en el área obstruída, este se infla con una presión predeterminada para comprimir la próstata dilatando el conducto uretral.
Por otra parte, los laboratorios farmacéuticos intentan competir con estas técnicas, mediante el desarrollo de nuevas drogas que permitan reducir el tamaño de la próstata o prevenir su crecimiento. Aunque pocos expertos consideran que alguna de las drogas que están siendo estudiadas pueda remplazar totalmente a la cirugía, sí creen que puedan ofrecer grandes beneficios para aquellos pacientes que no presentan síntomas severos. Una de las drogas en estudio, el Proscar, bloquea la conversión de la hormona sexual masculina -testosterona- en una más poderosa -dihydrotestosterona- que estimula el crecimiento de la próstata. Los estudios preliminares realizados en 350 pacientes muestran que la droga no altera los niveles de testosterona y no afecta la función sexual. La droga, al parecer, requiere uso continuo y de varios meses para lograr reducir la próstata. Pero los seguimientos realizados hasta ahora en pacientes, con ultrasonido, muestran una reducción del 36% del tamaño y un crecimiento modesto del flujo urinario. Aunque hasta el momento no se han visto efectos colaterales, aún se desconoce el término a partir del cual su utilización ya no es segura. Otro tipo de drogas se están desarrollando sobre un reconocimiento hecho hace muchos años, acerca de que las sustancias contenidas en los medicamentos para el resfriado y la tos podrían agravar los síntomas en el caso de crecimiento de la próstata.
Aunque es poco probable que en un futuro cercano la operación de la próstata sea reemplazada, sin duda los nuevos estudios abren otras alternativas en el tratamiento de este viejo y molesto problema. Una dolencia incómoda y seria si no se trata a tiempo, pero que en muchos casos, más que físicamente, hace vulnerables a los hombres en el aspecto emocional. Porque cuando empiezan los problemas de próstata muchos sienten que es el comienzo del fin de su masculinidad.

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