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| 7/18/1988 12:00:00 AM

CRUDA, POR FAVOR

Se abre paso en Francia la comida "instintológica", que se consume sin cocinar.

CRUDA, POR FAVOR CRUDA, POR FAVOR
¿Es usted una de esas persona que cuando va al restaurante exige que su carne sea "tres cuartos"? Si es así, sus dias están contados. Incluso, lo más probable es que tampoco le quede mucho tiempo por vivir si a usted le gustan los alimentos cocinados, así sea tan solo un poco. ¿Alguna teoría loca? Más o menos.
Por lo menos, esas son las ideas de un "gurú" llamado Guy-Claude Burger quien, en una demostración más del refrán que dice que no hay cuña que más apriete que la del mismo palo, ha montado toda una nueva estrategia alimentaria en Francia, la tierra de la buena cocina. Para decirlo en pocas palabras: Burger es el fundador y principal profeta de la escuela "instintológica", una disciplina comenzada por él en 1964 que predica la vuelta a la alimentación "original", tal como la de los animales. Sin darle muchas vueltas al asunto, este suizo de 53 años sostiene que si uno quiere vivir durante mucho tiempo y gozar de cabal salud, la solución es comer todo crudo.
"Sólo el instinto nos puede guiar hacia lo que es bueno para nosotros ", dice Burger. "Los animales saben qué alimentos les son necesarios y nosotros también debemos seguir nuestro instinto. Pero éste sólo funciona con los alimentos originales que han existido todo el tiempo en la naturaleza. El cocinar las cosas tiende a hacer malo lo que era bueno en su estado natural", agrega este diplomado en física que ahora dirige un centro "instintológico" en el poblado de Montramé, a pocos kilómetros de París.
Para evitar confundir el instinto, Burger insiste en que hay que comerse las cosas crudas y sin sazonar. "Nadie vio a los hombres prehistóricos echarle sal a un tomate o limón a un pescado", sostiene. Incluso la leche de vaca está dentro de los capitulos prohibidos. En un libro llamado "La guerra del crudo", publicado en 1985,el instintólogo afirma que "para procurarse de leche hay que hacer uso de toda una serie de artificios" catalogados de "antinaturales".
Por lo tanto, los tres hijos de Burger -educados de lleno en la escuela instintóloga- no han degustado jamás un pedazo de pan, un agua de hierbas, un yogurt y ni siquiera un jugo de naranja. En cambio han comido cientos de huevos crudos, miel, frutas y legumbres sin cocinar y la carne al natural.
El método para decidir lo que se come uno es, según Burger, muy sencillo. Sólo hay que colocar encima de una mesa diferentes alimentos en su estado original y tener confianza en el sentido del olfato el cual deberá hacer un "llamado instintivo". Asi por lo menos se hace en Montramé, sitio de reunión de los instintólogos. Por un pequeño "estipendio" (unos 60 mil pesos colombianos) el fin de semana los novicios reciben un curso de introducción y su primera cena "instintológica". Si la experiencia es agradable, hay posibilidades de seguir volviendo a razón de unos mil francos franceses (algo más de 50 mil pesos) al día. "La salud no tiene precio", anota una de las clientes del sitio.
De hecho, Burger sostiene que buena salud es lo que su tratamiento produce. Según él, la instintoterapia estimula el sistema de defensa natural del organismo contra las enfermedades, el cual se ha vuelto inoperante después de haber sido "contaminado" con comida cocinada. Males como las jaquecas, la artritis, el reumatismo y la gripa, supuestamente desaparecen con la dieta instintóloga. Pasar de ahí a una larga vida, es relativamente sencillo. Burger se remite a las escrituras para decir que patriarcas como Adán, Seth y Matusalén vivieron hasta 900 años gracias a una alimentación como la que él propone. La decadencia, sostiene, habría comenzado después del diluvio. Prueba de eso es el hecho de que Abraham, Isaac, Ismael o Jacob "sólo" vivieron 200 años. Adicionalmente, el instintólogo cita un artículo científico en el cual basa su afirmación de que "con la comida cocinada se consumen sustancias cancerígenas equivalentes a las que hay en dos paquetes de cigarrillos". El término de cocción es una cuestión de detalle. Para Burger sólo hace falta algo no natural en los alimentos, para que el daño quede hecho.
Todos los éxitos médicos clamados por la escuela del instinto no han sido, sin embargo, avalados por entidades reconocidas. En un estudio publicado en enero pasado, la liga suiza de lucha contra el cáncer sostuvo que "Burger da informaciones perentorias basadas en experiencias anecdóticas e inverificables". Otros especialistas previenen sobre los peligros de comer alimentos crudos y los problemas que pueden surgir de una dieta desbalanceada. El no consumir leche ni sus derivados puede conducir, por ejemplo, a una seria deficiencia de calcio.
Todos esos ataques, no obstante, le son indiferentes a Guy-Claude Burger y sus seguidores. El centro de Montramé está lleno de historias sobre personas desahuciadas de cáncer u otras enfermedades, que se curaron siguiendo el programa instintólogo. La demanda es tanta que Burger ha creado una empresa para cultivar alimentos naturales y a pesar de los críticos este físico suizo quiere demostrar que su idea no tiene nada de cruda. Sólo los ingredientes.









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