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| 7/11/1988 12:00:00 AM

CUCLI, CUCLI...

Nuevo descubrimiento revela que el virus del SIDA juega a las escondidas y le toma el pelo a los exámenes de sangre.

El virus del SIDA no solamente ha resultado de una gran eficiencia criminal, sino, por lo que revelan los últimos descubrimientos, un experto en disfraces que convierten al Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida en una de las enfermedades más engañosas y traicioneras de que se tenga noticia.

En el último giro de la siempre sorprendente lucha contra el SIDA, los científicos han descubierto algunos casos en que el virus ha permanecido escondido en cierto tipo de célula del cuerpo, en una especie de camuflaje microscópico que hace que sea indetectable por las pruebas de infección más usadas actualmente.

El hallazgo podría ser la explicación de algunos casos misteriosos en los que pacientes que resultaron afectados por el SIDA no habían producido anticuerpos que permitieran la detección del mal. También podría explicar los casos en que portadores del virus no desarrollaron anticuerpos antes de un año o más.

Pero el asunto es preocupante porque significa que algunos--no se sabe cuántos--individuos de alto riesgo, que conviven con enfermos, y que habían sido declarados libres del SIDA por las pruebas usadas comúnmente, podrían estar infectados y contagiando a otros. El problema surge de que los tests usados en la actualidad se dirigen más a descubrir los anticuerpos que el organismo produce en su inútil esfuerzo por luchar contra el SIDA, antes que la presencia del virus en sí mismo.

El campanazo lo dio la semana pasada el diario The New York Times que describió cómo los investigadores descubrieron tres casos sorprendentemente parecidos de personas que habían sostenido relaciones homosexuales con infectados, pero sorprendentemente no mostraban ningún signo en las pruebas practicadas. Aún no se sabe cuál sea la frecuencia con que esto ocurre, pero se están iniciando estudios para averiguarlo.

Pero si algo trae el descubrimiento es un mensaje doloroso para quienes habían suspirado de alivio luego de intensas angustias. Por lo que parece, el virus se esconde en las macrófagas, un tipo de células del sistema inmunológico que se encuentra usualmente en los tejidos, en el semen y el líquido vaginal, en la sangre y en el cerebro. Los científicos ya sabían que esas células son el blanco preferido del virus del SIDA, y que por ello las macrófagas juegan un papel clave en el ataque del mismo a unos glóbulos blancos denominados T-4, cuya destrucción desencadena los síntomas del síndrome.

Los investigadores del ejército norteamericano descubrieron ahora que el virus es capaz de alojarse sigilosamente en las macrófagas sin invadir las T-4 y sin hacer que se dispare la producción de anticuerpos que funcionan como sirena de alarma contra la invasión.
El jefe del equipo de investigación del Hospital Militar Walter Reed de Washington, Monte Meltzer, declaró que si bien el mensaje es de incertidumbre para quienes hayan estado expuestos al virus pero no lo mostraban en las pruebas, la población en general no debe alarmarse demasiado, pues las implicaciones para quienes tengan bajo riesgo son casi insignificantes.

Para llenar el vacío de las pruebas existentes, los investigadores están desarrollando un test que apunte no a los anticuerpos sino a las células macrófagas, ante la evidencia de que si en algún lugar puede encontrarse el virus, es precisamente allí. La primera entidad que ha decidido aplicar ese test es el ejército, aunque por lo pronto solamente cuando los resultados de las pruebas usuales no den la suficiente confiabilidad. Pero para muchos el test de las macrófagas deberá generalizarse en el futuro.

Sin embargo, muchos expertos coincidieron en que el hallazgo era algo que se veía venir, en vista de la evidencia creciente de que las macrófagas son el principal objetivo del virus en su desarrollo inicial. Lo que queda demostrado es que el SIDA es un enemigo mucho más engañoso de lo que se creía. De hecho, la semana anterior otro equipo de investigación había descubierto que el virus también puede permanecer dormido en las células T4 sin destruirlas, pero se consideró más importante el hallazgo relacionado con las macrófagas, puesto que en este caso el virus permanece activo, capaz de afectar al paciente, y éste está en mayores posibilidades de infectar a otros.

El descubrimiento del ejército se hizo tras un seguimiento de varios meses a tres homosexuales que, aunque se sabía que mantenían relaciones con personas infectadas no solamente parecían perfectamente saludables, sino que daban resultados negativos en las pruebas. Pero cuando el doctor Meltzer y sus colegas examinaron sus células macrófagas, dieron en el clavo.

El doctor Meltzer, sin embargo, advirtió que aún no existe ninguna manera de saber cuánta gente de la que no presenta evidencias en los tests de anticuerpos puede tener el virus escondido en las macrófagas. El ejército está comenzando un estudio con 100 personas sospechosas, pero sus resultados no podrán estar disponibles antes de algún tiempo.

Nuevos estudios han demostrado que todo el que tiene el virus lo tiene alojado en las macrófagas, en donde se siente tan a gusto que puede vivir sin matarlas, aun a despecho de que en algunos casos la invasión sea tan severa que "la célula está llena a reventar". Por esas circunstancias, la comunidad científica considera que aun la gente que tiene el virus sólo en esas células debe considerarse positivamente infecciosa.

La mayor autoridad mundial en SIDA, el doctor Robert Gallo, declaró que él esperaba el descubrimiento de Meltez, pero que, además, según su punto de vista todos los pacientes infectados desarrollarán tarde o temprano anticuerpos, a medida que el virus invade las células T-4 y entra en el torrente sanguíneo. Pero el descubrimiento podría explicar por qué algunas personas no los desarrollaron antes de un año, a pesar de saberse que estaban infectadas.

Sin embargo, la cosa no toma a muchos por sorpresa. Desde hace ya algún tiempo, muchos expertos han advertido en Estados Unidos a los miembros de grupos de alto riesgo, como los drogadictos intravenosos y los homosexuales masculinos que deben asumir la posibilidad de estar infectados aunque las pruebas iniciales indiquen lo contrario. Pero lo único claro en este punto de la lucha es la naturaleza de los estudios que aún se deben realizar. Pero aún no se sabe, desde ningún punto de vista, cuál sea el porcentaje de personas que aun estando infectadas, aparezcan totalmente libres de contagio. El virus del SIDA, como la liebre, salta cuando menos se lo espera. --
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