Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1988/04/11 00:00

DIME QUE COMES...

Lo que usted come puede afectar la forma como usted se siente.

DIME QUE COMES...

"Dime qué comes y te diré cómo te sientes". Esta variación del popular refrán podría convertirse, en el futuro, en un efectivo sistema de diagnóstico para los psiquiatras. Investigaciones recientes revelan conexiones entre componentes de los alimentos que consumen las personas y los niveles de ciertas sustancias químicas en sus cerebros. De ahí que haya científicos que piensan que algunos suplementos nutricionales podrían emplearse como drogas en los tratamientos psiquiátricos.
Por ejemplo, los carbohidratos como los que contienen los spaghettis pueden aumentar el nivel de un químico cerebral que incrementa la depresión. El aminoácido tirosine puede amortiguar los efectos mentales y físicos del stress excesivo.
Las más recientes investigaciones en esta materia sugieren que consumir cantidades de sustancias concentradas de las que ordinariamente se encuentran en la comida, pueden influir en la depresión, la bulimia y la manía, tanto como en problemas menos serios como el insomnio. Varios de los descubrimientos, aunque aún son controvertidos, ya se están experimentando en algunos problemas psiquiátricos.
Aunque algunos alimentos parecen afectar directamente estados de ánimo -particularmente los carbohidratos cuando se comen sin acompañarse con proteínas-, los psiquiatras que se orientan en esta dirección dicen que la mayoría de las personas no tendrian beneficios cambiando sus dietas. Los investigadores han descubierto que estos nutrientes afectan el cerebro cuando son tomados en forma pura, y no mezclados con otros.
Esta nueva aproximación se deriva de investigaciones que muestran en detalle cómo los alimentos que se consumen afectan el cerebro, y cómo un determinado producto alimenticio eleva o disminuye los niveles de neurotransmisores específicos, que son los químicos que transmiten señales entre las células cerebrales. "La capacidad de la composición de una comida para afectar la producción de químicos del cerebro, distingue a este órgano de los otros del cuerpo humano", dice el doctor Richard Wurtman, psiquiatra que ha sido líder en estas investigaciones del MIT. "Los componentes fundamentales que regulan otros órganos son independientes de cualquier cosa que hayamos consumido en nuestra última comida pero eso no sucede con el cerebro". En las horas que siguen a una comida, los niveles de ciertos neurotransmisores varian de acuerdo con los niveles de carbohidratos o proteínas que se hayan consumido. Este hecho le aporta una nueva estrategia a los psiquiatras: utilizar alimentos o sustancias concentradas de ellos, como si fueran drogas. Es apenas un nuevo enfoque, pero parece prometedor. Los estudios están apenas en una etapa exploratoria y aún hay muchos psiquiatras escépticos frente al tema.
Los investigadores están centrando su búsqueda en ciertos desórdenes mentales que implican deficiencias de químicos específicos que son mayormente afectados por los alimentos. Los nutrientes que influyen en estos químicos del cerebro están principalmente entre los aminoácidos que se encuentran en las proteínas.
Los científicos han descubierto que algunos aminoácidos tienen la propiedad única, una vez que han sido digeridos y han ingresado al torrente sanguíneo, de atravesar la barrera del cerebro y la mayoría de los componentes de la sangre. En general,los estudios apuntan hacia dos de estos aminoácidos, el triptofán, y el tirosine.
El triptofan afecta el neurotransmisor llamado serotonina, mientras el tirosine afecta las catecoliminas, la dopamina, la norepinefrina y la epinefrina, también neurotransmisores.
Uno de los usos más recientes de los nutrientes apunta hacia el tirosine como antídoto contra el stress súbito y extremo. Los efectos del tirosine sobre el cerebro consisten en incrementar la dopamina y la norepinefrina, dos químicos cerebrales comunes. El trabajo del doctor Wurtman demuestra que después del examen de stress, las ratas de laboratorio rebajaron los niveles de norepinefrina. Pero cuando a las ratas les fue suministrado suplementos de tirosine antes del stress, no se produjo la disminución de la norepinefrina.

EL STRESS DE LA GUERRA
Inspirados en estos descubrimientos, investigadores del Ejército norteamericano examinaron los efectos de los suplementos de tirosine sobre soldados bajo condiciones físicas que empeoraban progresivamente.
En los casos más extremos, el test se aplicaba a alturas de 15.500 pies y en temperaturas, con vestidos muy ligeros, de 60 grados, algo semejante a estar en una cima de Colorado, en un frío día de primavera. Aunque la temperatura no era terriblemente incómoda, el súbito incremento de la altura produce hipoxia, una disminución del oxígeno disponible para el cerebro. Por varias horas, hasta que el cuerpo se ajusta, mucha gente encuentra difícil pensar bajo estas condiciones.
Con poco stress, había pocas diferencias entre los soldados a quienes se le aplicó suplementos de tirosine y a los que no. Pero los beneficios del tirosine se hicieron cada vez más evidentes a medida que empeoraban las condiciones. Los exámenes demostraron que los soldados que recibieron el químico dieron mejores resultados en trabajos mentales que estimulaban, por ejemplos la interpretación de mapas, la traducción de mensajes codificados y la toma de decisiones complejas. Los soldados que tomaron tirosine también demostraron excelentes resultados en el estado de alerta y en la respuesta rápida.
Paralelamente, los soldados que tomaron tirosine estaban en mejor estado de ánimo, menos ansiosos o tensos y sentían que tenían más claridad para pensar. Además, sufrieron menos con los rigores puramente físicos del test como resfríos, molestias musculares y dolores de cabeza.
La combinación de las habilidades físicas y mentales bajo el stress, producida por la tirosina, según los investigadores otorga una clara ventaja tanto sobre las drogas estimulantes, que convierte a los pacientes en excitados y tensos, como sobre los tranquilizantes que normalmente reducen la capacidad de respuesta.
Una ventaja general de los nutrientes como el tirosine sobre las drogas psiquiátricas, consiste en su potencial para afectar significativamente la actividad cerebral con un mínimo de efectos secundarios indeseables.
Los estudios demuestran que el triptofán es la razón más probable de que una comida fuerte en carbohidratos haga sentir con frecuencia a las personas somnolientes. Muchas de las estructuras cerebrales ricas en serotonina juegan un papel en activar el mecanismo del sueño.
Investigadores y psicólogos han demostrado que los carbohidratos (un plato de spaghettis por ejemplo) tienden a volver a las mujeres somnolientas y a los hombres calmados. La mayoría de las personas descubren que su concentración decae entre una y dos horas después de tal comida.
Debido a sus posibilidades de inducir el sueño, el triptofán ha sido utilizado por años como una fórmula para que los insomnes puedan dormir. El triptofán en su forma pura es más efectivo cuando se ingiere con un bocado alto en carbohidratos -un pedazo de fruta, por ejemplo, más que un vaso de leche caliente-, que contiene proteínas, que podrían competir con el triptofán.
La serotonina también influye sobre el ánimo y el apetito. Algunos usos psiquiátricos del triptofán apuntan hacia condiciones en las que las ganas de ingerir carbohidratos están asociados con la depresión. Por ejemplo, esta combinación es común entre aquellos que sufren de desórdenes afectivos estacionales, un patrón de depresión que va y viene con el invierno.
Las víctimas de la bulimia se la pasan comiendo cosas engordadoras como postres y tortas, después de lo cual utilizan purgantes para mantener bajo su peso. Muchos bulimicos también están deprimidos. La misma combinación de depresión y ansia de carbohidratos, se ha encontrado en el síndrome pre-menstrual. El doctor Wurtman cree que en cada uno de estos desórdenes, el deseo de carbohidratos es, según sus propias palabras, "una forma de automedicación del cerebro", mediante el incremento de sus niveles de serotonina. Los carbohidratos, con frecuencia parecen aliviar los sentimientos de depresión, aunque sea temporalmente.
Un tratamiento para la depresión se ha diseñado sobre la base de la acción del triptofán. Utiliza dosis de 5-HTP puro, que es las sustancia en la que el triptofán se convierte en el cerebro.
Estudios clínicos han demostrado que el 5-HTP es efectivo en muchos pacientes deprimidos, especialmente cuando se suministra en combinación con ciertas drogas anti-depresivas.
A pesar de todo, estas investigaciones se han tomado con mucho escepticismo desde el comienzo. En principio a los psiquiatras les suena absurdo que lo que uno coma pueda influir directamente sobre el cerebro. Pero ahora, sin embargo, la información obtenida en experimentos con animales y personas es difícil de ignorar. El interrogante que se abre ahora es qué tan lejos se puede llegar en el descubrimiento de aplicaciones útiles de los alimentos en la psiquiatría. En otras palabras, la pregunta es si algún día el diván de Freud podrá ser remplazado por restaurantes espezializados.

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