Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1990/04/16 00:00

¿ DOLOR DE CABEZA ?

A los noventa años, la aspirina sigue causando sorpresas.

¿ DOLOR DE CABEZA ?

Hay quienes la consideran el mejor invento del siglo XX. La panacea contra el dolor de cabeza, la fiebre, el reumatismo, la jaqueca y hasta el guayabo y la fatiga. Pasados los noventa años, la aspirina se ha convertido en la superestrella de los medicamentos: 3.500 millones de comprimidos son consumidos cada año. Y cuando se creía que todo estaba dicho, las publicaciones científicas vuelven a ocuparse de ella.
Hace dos años causo revuelo la comprobación de que, gracias a su acción anticoagulante, puede reducir a la mitad el riesgo de infarto en las personas que tienen problemas cardiovasculares. También se demostró su eficacia para prevenir el derrame cerebral en los hombres mayores de cincuenta años. Ahora, nuevos estudios permiten pensar que el popular medicamento pueda aliviar otros "dolores de cabeza" de la medicina moderna.
Quizás el más inesperado de sus efectos sea el que se vislumbra en obstetricia: para tratar a las mujeres que sufren hipertensión severa durante el embarazo. Aunque los médicos desaconsejan, con razón, a las mujeres embarazadas tomar ese medicamento (provoca sangrados y puede pasar a la sangre del bebé, retardando su crecimiento), paradójicamente, en ciertas circunstancias, puede salvar a las madres y a sus hijos. Los investigadores han descubierto que al momento de una preeclamsia, múltiples coágulos se diseminan por la placenta reduciendo el aporte sanguíneo al feto. Con la aspirina, se intenta impedir la aparición de esos coágulos. En una investigación realizada por el profesor Serge Uzan, director de la Sociedad Francesa de Estudio de la Hipertensión, con mujeres embarazadas que han perdido anteriormente a sus bebés por esta causa, se les ha administrado pequeña dosis--60 miligramos--de aspirina diaria después del tercer mes de embarazo (para evitar una eventual malformacion fetal). El tratamiento es interrumpido unos días antes de la fecha prevista del parto (con el fin de prevenir hemorragias). Hasta el momento, esas pequeñas dosis parecen ser eficaces. Sin embargo, aún falta esperar los resultados que conviertan esta presuncion en certeza.
Otro campo donde la vieja tableta acaba de incursionar es en gastroenterología. Terreno donde no tiene una buena imagen, ya que se le culpa de irritar la mucosa del estómago. Una encuesta realizada por un equipo de médicos londinenses permite sospechar que la aspirina (y los antiinflamatorios en general), podrían reducir a la mitad los riesgos de recaída en casos de calculos en la vesicula biliar. El estudio, único en su genero, ha sido realizado en forma retrospectiva y solamente entre 75 pacientes. La encuesta mostró que quienes recayeron no consumían este tipo de medicamentos, lo cual ha abierto una posibilidad para nuevos estudios.
Pero hay otras afirmaciones prometedoras: la aspirina reduciría al 50% el riesgo de cataratas. Según esta hipótesis, las personas que sufren de reumatismo y toman aspirina podrían estar protegidas contra la opacificación del cristalino. Se cree que el medicamento provocaría una dilatación de los vasos sanguíneos del ojo, impidiendo la acumulación de sedimentos. La aspirina podría también ser el toque mágico en los regímenes de adelgazamiento. Un investigador del Kingns College, de Londres, piensa que, asociada a un medicamento que estimule el metabolismo, ayudaría a quemar 40% más de calorías. Y afirma también que ella detendría la acción de los radicales libres, esos terribles desechos de la química celular sospechosos de ser el origen del envejecimiento. Otros estudios en curso, intentan evaluar sus efectos sobre la osteoporosis y la posibilidad de que su empleo permita ayudar a los diabéticos a controlar los niveles de azúcar en la sangre y retardar la aparición de complicaciones, así como mejorar los resultados de la radioterapía en las mujeres que sufren cáncer de seno.
Ante esta asombrosa lista de posibles efectos beneficos la pregunta es: ¿por qué no tomarla diariamente después de cierta edad? La respuesta de los investigadores es rotunda. Por banal e inocua que parezca, la aspirina es un medicamento y, como tal, eventualmente responsable de efectos secundarios más o menos graves. En dosis altas puede provocar úlceras y hemorragías digestivas. Y en muy altas es causante de problemas auditivos. Se estima que el 4% de las personas son alérgicas al ácido acetilsalicílico. Pero quizás el lado más oscuro de la aspirina sea el misterioso sindrome de Reye, que constituye uno de los grandes misterios de la pediatría moderna. Se piensa que existe una relación entre la aspirina y un tipo de virus, que interfiere en el funcionamiento del hígado en pacientes menores de 14 años con consecuencias fatales. Este raro sindrome se presenta en menos de un millar de niños anualmente en el mundo y, aunque el nexo no se ha determinado científicamente, si ha dado lugar a advertencias por parte de los fabricantes.
Por otra parte, aún si todos los estudios sobre los nuevos efectos benéficos señalados hubieran sido confirmados, todavía quedaría por definir la dosis adecuada. Y esto, al parecer, no es tan simple. Su utilización en el tratamiento de la gota ilustra de manera muy clara los misterios que encierra el ácido acetilsalicílico: de uno a dos gramos por día agrava la situación reduciendo la eliminación del acido úrico en la orina, que es el origen del mal. En dosis media, su efecto es nulo. Por el contrario, si pasa de tres gramos, el ácido úrico es totalmente excretado en los orines, mejorando la condición del paciente. Lo mismo sucede en otros males para los cuales se considera una verdadera panacea.
Nadie hubiera imaginado que esta sencilla tableta iría a rivalizar con la artilleria pesada de la farmacología, y, menos aún, que sus secretos esten todavía por descubrirse. Pero lo cierto es que la nonagenaria aspirina sigue sorprendiendo a los científicos y va a dar qué hablar por muchos años.

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