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| 2/11/2006 12:00:00 AM

Donde rebota el estrés

El sistema digestivo es el que generalmente termina pagando los platos rotos que dejan los afanes y la mala alimentación, propios de la vida contemporánea.

Desde que María Andrea Esguerra, una ejecutiva de 27 años, aceptó el cargo ofrecido por su jefe, nunca se había sentido tan contenta. Pero no sólo el salario era mayor, también las responsabilidades. Lo único que disminuyó fue su tiempo libre, por lo que tuvo que renunciar a las caminatas matutinas y aumentar el trasnocho.

A los dos meses, María Andrea, quien siempre se había considerado una mujer saludable, empezó a sentir unos fuertes dolores abdominales. No les prestó mucha atención, sus informes de gestión no daban espera. Sin embargo, 15 días después los dolores no se disipaban y, además, surgieron otras molestias como estreñimiento, gases y fatiga. "Usted presenta estrés crónico, fue lo primero que le dijo su doctor. Por sus síntomas, creo que usted sufre del Síndrome de Intestino Irritable". Como María Andrea, en Colombia hay miles de personas que sufren de este mal, también conocido como colon irritable, que si bien no es curable, tampoco predispone a enfermedades más serias. Los adultos entre 20 y 35 son quienes más propenden a sufrir esta enfermedad -que las mujeres tienen ocho veces más probabilidades que los hombres de padecer-. Para lograr mejoría se trabaja sobre sus síntomas, como la distensión abdominal, el estreñimiento, la diarrea y los gases.

El Síndrome del Colon Irritable afecta a cinco de cada 1.000 personas. Las alteraciones emocionales, el estrés crónico, la depresión, la ansiedad y la dificultad para adaptarse a nuevas circunstancias son los factores sicológicos más asociados con este mal, pero las dietas pobres en fibras también perjudican.

Las medidas más prácticas para aliviarlo son los alimentos ricos en fibras, el ejercicio, buscar disminuir el estrés y aumentar el consumo de agua. Los medicamentos más utilizados son los que contienen fibra natural vegetal, reguladores de la motilidad intestinal, y los antiespasmódicos para aliviar el dolor.

Aunque no existe un régimen alimenticio general para estos casos, los médicos recomiendan evitar los lácteos, el café, las bebidas con gas y alimentos como col, coliflor, habas, garbanzos, lentejas, cebollas, ajos, guisantes, frutos secos y en conserva.

Reflujo

"Ya no hay tiempo para nada". Es la frase más común con que la gente suele justificar su mala alimentación y sus hábitos no saludables de vida, como el consumo de alcohol, grasas, cigarrillo y comidas poco nutritivas, y que han llevado a la aparición de otro de los males gástricos más comunes de la década: el reflujo.

Hoy día parece ser común que las personas lo padezcan. De acuerdo con el médico gastroenterólogo Mario Rey Ferro, casi todas las personas sufren de reflujo en algún momento de sus vidas, esa sensación de agrieras, de ardor en lo que comúnmente se conoce como la 'boca' del estómago.

Sin embargo, el reflujo debe ser tomado un poco más en serio, pues, si no se identifica y se diagnostica a tiempo, puede desencadenar enfermedades mucho más severas como la úlcera y el esófago de Barrett, que puede predisponer a cáncer de esófago (el cáncer digestivo de mayor incremento en la ultima década en países desarrollados).

El reflujo gastroesofágico aparece cuando los líquidos estomacales se regresan al esófago, que al no estar protegido para los ácidos de estos líquidos, se irrita y surgen los síntomas. Esta falla ocurre porque el sobrepeso aumenta la presión intraabdominal, o por mal funcionamiento de la válvula que evita que los líquidos estomacales se devuelvan.

"Cerca de un tercio de la población tiene reflujo", afirma el doctor Rey Ferro, pero la gente se acostumbra a convivir con los síntomas y no le presta la importancia debida. Es muy importante que la gente acuda a los médicos para el diagnóstico y corregir los factores de riesgo. "Infortunadamente, cuando la mayoría de pacientes llega, la única opción es utilizar medicamentos potentes durante un largo período, o una cirugía", dice Ferro.

Las personas que creen que podrían estar padeciendo de este mal pueden recurrir a varios exámenes para conocer su estado de salud, entre ellos la endoscopia (un tubo con una cámara), el monitoreo del Ph esofágico o manometría esofágica.

Es importante tomar ciertas medidas como disminuir de peso, ingerir mucha agua con los alimentos, dormir con la cama inclinada, no acostarse tan pronto se termine de comer, evitar las grasas, el alcohol y el tabaco. También es primordial trabajar el tema del estrés, pues éste entorpece el sistema gastrointestinal.

Existen medicamentos para aliviar algunos de los síntomas de esta enfermedad, como los antiácidos, los inhibidores de la bomba de protones y los agentes proquinéticos. Aunque es mucho más importante atacar los factores de riesgo antes de que la enfermedad aparezca y el paciente termine en un quirófano. h
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