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| 2/27/1989 12:00:00 AM

DORANDO LA PILDORA

Recientes estudios plantean nuevos interrogantes acerca de la relación entre el estrógeno contenido en la píldora y el riesgo de contraer cáncer de seno.

Otra vez le tocó a la pildora. Un estudio que culpa al estrógeno de promover el desarrollo del cáncer del seno, la colocó de nuevo en el banquillo de los acusados. La noticia no sólo se difundió en las salas de espera de los consultorios ginecológicos, alcanzó a ser incluso tema editorial del New York Times. Ochenta millones de mujeres que la toman en el mundo se pusieron en alerta.

El hecho de que se trate de un fármaco que se prescribe a mujeres sanas, hace que la pildora sea motivo constante de investigación. No basta con que se la considere la más eficaz forma de anticoncepción, también ha de ser tan segura como sea posible.
Por eso, se habla más de sus riesgos que de sus ventajas.

Pero si los resultados de los nuevos estudios científicos sugieren que las píldoras anticonceptivas que contienen estrógeno pueden incrementar el riesgo de que la mujer padezca cáncer de seno, también se sabe que su consumo protege contra las enfermedades cardiacas. Y así como algunas investigaciones han determinado que el estrógeno contribuye al desarrollo del cáncer del útero, su combinación con progesteróna (que es la usada en la píldora) previene el cáncer de endometrio. Pero la noticia no sólo atañe a las usuarias de la píldora. Millones de mujeres en el mundo ingieren estrógeno después de la menopausia, porque este es el único tratamiento eficaz para prevenir la osteoporosis.
El dilema médico está en hacer un balance acerca de los posibles y reales riesgos y beneficios del consumo de estrógeno. Pero esta no es una preocupación de ahora. Desde la aparición de la primera píldora combinada -estrógeno y progesterona-, a finales de los años sesenta, miles de cientificos tienen los ojos puestos en esta diminuta y controvertida pastilla que ha sido tomada por 150 millones de mujeres. Y en este tiempo, su composición ha variado considerablemente.
Hoy existen píldoras diferentes para mujeres diferentes. Sin embargo, las más utilizadas son las combinadas, que llevan estrógenos y prostágenos -hormonas sintéticas muy parecidas a las naturales en dósis variables (normal, mini y micro) y que se diagnostican teniendo en cuenta la edad de la mujer. Aún no existe la pildora ideal, pero si se ha avanzado mucho desde su primera versión.

La fórmula de estrógeno sintético que contiene la píldora anticonceptiva es diferente al que es formulado después de la menopausia, y los dos son químicamente diferentes al estrógeno natural. Aunque los científicos que estudian el estrógeno encuentran cada vez mayores interrogantes, aún no hay evidencia cientifica comprobada de que produzca cáncer. Es una sospecha que debe ser tenida en cuentá mientras se obtiene una respuesta definitiva .

La sospecha formulada en los últimos estudios llevó a que el doctor Louise Brinton, del Instituto Nacional de Cáncer de los Estados Unidos, hiciera un llamado de alerta a los médicos sobre la formulación de estrógenos y de pastillas anticonceptivas. Sin embargo, la oficina norteamericana de Administración de Drogas y Alimentos, que evalúo recientemente los estudios, concluyó que estos todavía no presentan una evidencia muy clara acerca de los efectos de la píldora en el cáncer de seno y por tanto decidió no hacer ningún cambio en las etiquetas de la píldora ni en la frecuencia con la que se utilizan hasta no tener mayores pruebas.

Los expertos en cancer de seno expusieron sin embargo su preocupación acerca de la utilización de la pildora anticonceptiva especialmente por parte de mujeres jóvenes que todavía no han tenido hijos o de aquellas en cuya familia existe historia de sufrir cáncer de seno. Igualmente algunos endocrinólogos manifestaron sus dudas acerca de los efectos del estrogeno utilizado después de la menopausia afirmando que hay doble riesgo de sufrir cáncer de seno en las mujeres que siguen esta terapia.

UNA HORMONa PODEROSA
Cuando la mujer alcanza la pubertad sus ovarios empiezan a segregar estrógenos hormona que estimula el desarrollo de las glándulas sudoríparas las glándulas mamarias y el sistema reproductivo. Así mismo el estrógeno estimula el crecimiento de los huesos y hace que se desarrolle una capa de grasa bajo la piel. Al llegar a la menopausia los ovarios dejan de secretar estrógenos y entonces la única fuente es otra hormona-llamada androstenediona. Las enzimas de otros tejidos particularmente el tejido graso convierten esta hormona en estrógeno. Por esta razón las mujeres obesas producen más estrógenos después de la menopausia que las que no lo son. Esta fuente secundaria alcanza sin embargo un nivel menor del que se tenía en la pubertad.

En los últimos años los ginecólogos han recetado estrógenos después de la menopausia para prevenir problemas de salud y algunas molestias que pueden resultar cuando esta sustancia falta en el organismo. La disminución de estrógenos hace por ejemplo que las paredes de la vagina se adelgacen y reduzca su lubricación sea más dificil lo que puede ocasionar que la mujer tenga más dificultad para alcanzar el orgasmo. Es también el causante de los molestos "calores". Y algo más importante : otra consecuencia del bajo nivel de estrógenos después de la menopausia es la osteoporosis. Esta enfermedad, producida por la pérdida de calcio, hace que los huesos se adelgacen y se fracturen con mucha facilidad.

La mayoría de las mujeres sufre osteoporosis en algún grado después de la menopausia. El 25% de ellas tiene una pérdida de huesos tan severa, que sufren fracturas de cadera e incluso de espina dorsal. Este debilitamiento, que sucede en los siete primeros años que siguen a la menopausia, puede ser prevenido si la mujer toma estrógenos. Aunque se estudian actualmente nuevos tratamientos basados en el flúor y el calcio, hasta ahora el único verdaderamente eficaz es el de estrógenos. La disminución del nivel de estrógeno en el organismo puede hacer también a la mujer más vulnerable a sufrir un ataque cardiaco o un derrame. Un estudio reciente comprobó que aquellas mujeres que toman estrógenos tienen la mitad del riesgo de morir de una enfermedad cardiaca que las que no lo hacen. El dilema que el nuevo estudio plantea tiene que ver entonces con la búsqueda de la calidad de vida durante el climaterio y los riesgos de contraer cáncer.

A mediados de los años setenta, poco después de que los médicos empezaran a formular el uso de estrógenos a las mujeres que estaban atravesando menopausia, los epidemiólogos notaron un incremento en la incidencia del cáncer de útero. A finales de la década se comprobó que en las mujeres que tomaban progesterona al mismo tiempo que la dosis de estrógeno -lo que produce que experimenten de nuevo la menstruación-, el riesgo de sufrir cáncer desaparece. Aparentemente, las células cancerosas que se están desarrollando son eliminadas del cuerpo junto con la hemorragia menstrual .

En los ultimos años se ha recetado el estrogeno junto con la progesterona para contrarrestar sus efectos en el desarrollo del cáncer del útero. Sin embargo, aún no se sabe si la progesterona tiene algún efecto sobre el desarrollo del cáncer de seno.

UN SIGLO DE SOSPECHAS
La sospecha de que el estrógeno puede incrementar el riesgo de cáncer de seno no es reciente. De hecho, el primer tratamiento que se aplicó para combatirlo fue el de remover los ovarios, fuente de estrogenos. Desde entonces se investiga intensamente.

La preocupación radica en que la incidencia de cáncer de seno ha aumentado considerablemente en los últimos años. La proporción es alarmante: una de cada once mujeres.
Los expertos señalan que entre más temprano se desarrolle una mujer, mayor será el riesgo de contraerlo.

A lo largo de sus 30 años de historia, la píldora ha sido tema de buenas y malas noticias. Lo cierto es que aunque cada vez estén más perfeccionadas el uso de la pildora requiere de una historia clínica que permita hacer un balance de los beneficios y riesgos posibles y reales. Y la conclusión general de toda esta polémica es que, por inocua que parezca, nunca se debe tomar sin control medico. -
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