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| 9/8/2007 12:00:00 AM

El genoma de Venter

El científico que participó en el proyecto genoma en 2003 se convirtió la semana pasada en el primer individuo que muestra al mundo su material genético.

Craig Venter es uno de los pocos seres humanos sobre la Tierra que puede decir que se conoce a sí mismo profundamente. Este científico de 61 años se convirtió la semana pasada en el primer individuo al que se le completa la secuencia de su código genético. Gracias a ello hoy sabe que tiene variantes que le incrementan el riesgo de alcoholismo, de enfermedad coronaria, de obesidad, mal de Alzheimer, degeneración macular y desórdenes de conducta. Así mismo, sabe que le hace falta una copia de un gen conocido como gstm1, importante para neutralizar toxinas y carcinógenos, lo cual ayudaría a explicar por qué ha tenido asma y cáncer de piel.

El hecho, divulgado por la revista PloS Biology, ha sido considerado un hito en la ciencia, pues nunca antes se han conocido tantos detalles de las características genéticas de un individuo. En 2001 ya se habían publicado dos versiones del código genético humano, uno hecho por el propio Venter y su equipo en Celera Genomics, y otro, por el consorcio público liderado por los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos. No obstante, el material genético que sirvió a estos estudios era en realidad una mezcla del ADN de varios donantes, con características raciales y étnicas diferentes. Además, se trataba de apenas la mitad del ADN que contiene una célula normal, por lo cual se le llama haploide, y que contiene únicamente la información de uno de los padres. El de Venter se considera un ADN completo o diploide, pues toma el material presente en ambos paquetes de cromosomas, tanto el heredado del padre como el de la madre, tal y como se encuentra en todas las células del cuerpo.

La diferencia entre estar enfermo y estar sano depende de cómo interactúan estos dos genomas. Alguien puede heredar de su padre un gen que lo predispone a un infarto, pero, al tiempo, recibir de su madre otros que lo protegen. En su caso, Venter constató que él tiene versiones de tres genes cuyo papel, se estima, es reducir las probabilidades de infarto. Pero también lleva consigo una copia de una mutación genética que aumenta el riesgo de ataque cardíaco. De hecho, su padre murió a los 59 años de un infarto fulminante. A los 84 años, su madre aún vive en perfectas condiciones. Aunque no sabe cuál de los dos tiene la culpa, en un futuro cercano se podrá saber cuál de los padres contribuyó con el gen que pone en riesgo a la persona de una enfermedad en particular.

En el genoma de Venter no sólo se ven los pocos genes que incrementan el riesgo de las enfermedades, sino el de muchos otros que interactúan con ellos y que juntos tienen un impacto en la salud. Por eso, el hecho marca el punto de partida de la medicina genómica, la cual permitirá desarrollar drogas y tratamientos para enfermedades que se producen por las diferentes variaciones en este código, considerado el manual de instrucciones del organismo. El genetista Juan Yunis cree que se podrán frenar genes defectuosos que tienen impacto en la aparición del cáncer. En otros casos se podría hacer terapia genética para corregir los defectos.

Haber codificado el genoma de un solo individuo representa muchos beneficios. Por un lado, es la primera vez que se pueden establecer las variaciones entre el genoma de un individuo y otro. En 2001 se creía que ésta era del 0,1 por ciento, lo cual hacía pensar que los seres humanos son casi idénticos. Pero el trabajo de Venter logró establecer que cada individuo es una obra única de la naturaleza y que esas diferencias entre un individuo y otro podrían ser del 1 por ciento, lo cual en la práctica se traduce en hasta cuatro millones de diferencias genéticas. "Me reconforta saber que no somos clones", dijo Venter en una entrevista a la revista Technology Review. "La variación entre humanos es sustancialmente más alta de lo que habíamos anticipado en 2001. De hecho, podría ser 10 veces más alta: en lugar de ser 99,9 por ciento idénticos, somos 99 por ciento idénticos". En su caso, 44 por ciento de los genes que Venter recibió de uno de sus padres es al menos un poco diferente de aquellos que heredó de su otro progenitor. Y un tercio de esas variaciones nunca ha sido visto en estudios de los mismos genes en otras personas. Aunque muchas de esas diferencias pueden no tener consecuencias en la salud, esto indica una vez más que cada ser humano es único.

Aunque se dio un paso grande, aún falta mucho por investigar, pues se trata de un código mucho más complejo de lo que se creía. Los científicos tendrán que estudiar las variaciones de cada paciente para encontrar esos errores en la codificación de los genes, muchos de ellos de rara aparición, que establecen el riesgo individual que tiene una persona a ciertas enfermedades. Esto con el fin de poder diseñar un tratamiento a la medida, y no como sucede hoy con los tratamientos masivos. Sería la diferencia entre comprar un sastre en una tienda o mandarlo a hacer donde un modisto particular.

Otro beneficio es la experiencia de métodos para secuenciar el genoma de una manera más exhaustiva, eficiente y económica. Los primeros genomas tomaron una década en ser publicados y a un costo de mil millones de dólares. El proyecto de Venter costó mucho menos, aunque no se sabe la cifra exacta. Otro genoma, el de James Watson, el científico laureado con el premio Nobel en 1953 por haber descubierto la estructura del ADN junto con Francis Crick, fue codificado a un costo de dos millones de dólares y en un tiempo récord de dos meses. La meta es poder hacer esta secuencia muy pronto a un precio no mayor a 10.000 dólares. Otros predicen que en cinco años este examen se podrá hacer por 1.000 dólares. "Los padres de bebés recién nacidos recibirán en un futuro toda la secuencia genética de su hijo al salir del hospital", pronostica Yunis. Tener a la mano otros genomas es indispensable para el mejor conocimiento de los males pues, como dice Yunis, es necesario comparar el de aquellos individuos enfermos con el de los sanos para entender más acerca del origen de las enfermedades.

Muchos en la comunidad científica consideran a Venter un egocéntrico, primero por apartarse del consorcio público y armar toldo aparte con fondos privados para hacerle competencia al proyecto genoma, y ahora por desnudarse en términos genéticos para ser el primero en decodificar su genoma, algo que sus colegas explican como un acto de vanidad irritante. Sin embargo, el hecho que él se embarcara en esta misión e hiciera público su genoma ayuda a vencer un obstáculo de privacidad muy grande, pues muchos potenciales voluntarios temían que a partir de la información que arrojara su genoma, los sistemas de salud no los asegurarían contra ciertas enfermedades para las cuales tuvieran alto riesgo. Venter está convencido de que esta información debe ser pública y por ello ha abierto un sitio web en el que están su genoma y todos sus archivos médicos para que cualquier científico en el mundo pueda investigar y, a la larga, todos se puedan beneficiar.
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