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| 12/12/1988 12:00:00 AM

EL QUE ANDA ENTRE LA MIEL...

Extraño caso: 6 investigadores del cáncer del Instituto Pasteur de París mueren de esa enfermedad.

Las preguntas comenzaron en 1985, cuando el primer científico de los laboratorios de biología del Instituto Louis Pasteur de París, murió de cáncer. Yves Malpiece, quien había trabajado allí durante sólo seis meses en 1980, tenía 33 años cuando falleció a consecuencia del sarcoma de Ewing. El mismo año, Francoise Kelly, investigadora que había trabajado con oncogenes -genes que tienen la capacidad para iniciar la reproducción celular típica del cáncer- había sido operada de un tumor maligno. Ese par de casos habrían pasado inadvertidos si no se hubieran presentado más en 1981 y 1983, los de dos investigadores de 35 años de edad, de los mismos laboratorios y a quienes se les diagnosticó linfoma. Para empeorar las cosas, uno de los trabajadores no científicos resultó con un tumor muscular. Y en 1987 se presentó otro linfoma, diagnosticado y reportado por el propio enfermo, un investigador de 36 años de edad.
Cuando Malpiece murió, Kelly aún estaba convencida de que el cáncer que la había atacado a ella y a varios miembros de su personal, carecía de relación con su trabajo. Pero un número considerable de sus colegas opinaba lo contrario. Convencieron a los directores de los laboratorios, Maurice Hofnung y Pierre Tiollais, para que solicitaran que se abriera una investigación. La doctora Kelly, quien moriría antes de un mes, persuadió también de que su cáncer y el de los otros efectivamente tenían conexión con el trabajo del laboratorio y modificó su testamento para pedir una investigación. Ello llevó a una encuesta mundial en la que los especialistas concluyeron que esos casos de cáncer no podían ser coincidenciales. Por fin, al final de abril de 1986, los directores del Instituto anunciaron la conformación de un cuerpo de 10 investigadores, encabezado por el profesor Jean Bernard, presidente de la Academia Francesa de Ciencias.
El escándalo no se hizo esperar. En junio de ese año, el periódico francés Le Monde publicó un informe de primera página en el que identificó por su nombre a los dos investigadores muertos y describió el cáncer como la causa de su muerte. Para un trabajador entrevistado, "sería enloquecedor que en este templo de la ciencia triunfante no se buscara entender lo que está ocurriendo". El informe de Le Monde recordó también a sus lectores algo similar ocurrido en un laboratorio del suburbio de Orsay, donde tres trabajadores resultaron con tumores cerebrales entre 1970 y 1982.
El presidente del Instituto Pasteur Francois Jacobs, dijo a los periodistas cuando se destapó el escándalo que era una simple curiosidad estadística y que era probable que no existiera conexión alguna entre los casos de cáncer.
La comisión presidida por Bernard dejó de emitir conceptos a la prensa a partir de 1987. Hasta entonces todo lo que se aclaró fue que los cinco casos representaban cuatro tipos diferentes de tumores, sin que se avanzaran más hipótesis.
Desde esa época ha imperado el silencio total. La comisión ha continuado su trabajo tras el velo de la discreción, lo que ha estimulado que científicos y observadores adelanten todo tipo de especulaciones. A ello se agrega una demanda de la familia de Malpiece al gobierno francés, que obtuvo que su enfermedad fuera calificada de profesional, para efecto de una indemnización.
Bernard afirmó extraoficialmente que dos factores eliminan del todo la tesis de la coincidencia. El primero que los investigadores eran jóvenes mientras la edad en que el cáncer es más frecuente está después de los 60 años. En segundo lugar, que no se trata de tipos comunes de cáncer.
Alfred Neugut, oncólogo y epidemiólogo de la Universidad de Columbia, declaró sobre el misterio: "Es difícil creer que algo específico pueda haber causado tipos tan diferentes de cáncer". Neugut admite, sin embargo, que tres linfomas y dos sarcomas entre 320 personas a lo largo de un período de seis años es demasiado alto. Dada la incidencia de esos tipos de cáncer entre los norteamericanos de 40 años, 3 por año, la rata conque se presentó en el Instituto Louis Pasteur que 66 veces más alta.
Durante los seis años en que se diagnosticaron los casos de cáncer, los investigadores del grupo afectado probaron la toxicidad y mutagenicidad (capacidad para producir mutaciones genéticas) de más de 100 productos industriales. Lo que se cree es que esas sustancias son varias veces más carcinógenas de lo que se pensaba. Neugut piensa, además, que la repetida exposición a los químicos que se usan en los laboratorios de biología molecular podría tener un efecto acumulativo sobre el sistema inmunológico, lo que produciría cierta vulnerabilidad a diferentes tipos de cáncer. El problema consiste en que miles de científicos alrededor del mundo trabajan con sustancias genéticamente alteradas, de toxicidad semejante.
Pero si el problema se presenta en los laboratorios de investigación, ¿por qué no ha aflorado en los demás centros del mundo? Eso no se sabrá hasta que la comisión revele los resultados de su investigación. Entre tanto, quienes trabajan en estudios relacionados con el cáncer se ponen más y más nerviosos. Uno de ellos declaró recientemente que "los investigadores de virología y bacteriología trabajan con técnicas que no han sido estudiadas y no se sabe qué grado de riesgo representan. Otra amenaza potencial es la manipulación de oncogenes a través de ADN recombinante".
Lo único cierto es que tal vez no existe una respuesta para el misterio del Instituto Louis Pasteur. Bernard se ha negado sistemáticamente a comentar las diversas teorías de los medios de comunicación, y pocos científicos creen que sus conclusiones, que se conocerán el año entrante puedan ser válidas. El misterio sin resolver pende sobre la investigación cancerológica como una espada de Dámocles.
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