Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1988/09/26 00:00

EL QUE RIE DE ULTIMO

Según recientes investigaciones, el más pequeño de los mellizos a la larga tiene ventajas sobre su hermano.

EL QUE RIE DE ULTIMO

Que la naturaleza tiene sus compensaciones, nadie lo duda. Pero que entre los mellizos, el de menor peso tiene hasta ventajas sobre su hermano "mayor" a la hora del desarrollo sicomotriz, es un concepto difícil de digerir.
Sin embargo, esa es una de las conclusiones presentadas en la reunión de la semana pasada de la Asociación Sicológica Norteamericana, llevada a cabo en Atlanta (Estados Unidos). El estudio incluyó 110 parejas de mellizos en los cuales, en promedio, había una diferencia del 25% entre el peso de uno y otro. De acuerdo con los conceptos tradicionales de la pediatría sobre la relación entre peso y tamaño, los más pequeños se encontraban en mayores riesgos de tener problemas en etapas posteriores de su desarrollo.
La doctora Tiffany Field, quien dirigió la investigación, encontró que hacia los cuatro meses de edad, el gemelo más pequeño tenia casi siempre ventajas sobre su hermano. Al llegar al año, el "menor" tenía mejor desarrollo motor y, curiosamente, también presentaba ventajas sobre bebés prematuros nacidos con peso similar, en partos singulares.
Los resultados parecen ser una prueba de que, en forma enteramente intuitiva, los padres le dan a su hijo en desventaja un tratamiento especial, que compensa las fallas que su reducido tamaño pudiera significar en su desarrollo. "Encontramos que las madres le hablaban con mayor frecuencia al bebé más pequeño, como si al darse cuenta de que uno de los gemelos tenía una desventaja, le dieran una especie de atención compensatoria", dijo la doctora Field en reportaje para The New York Times. Pero además, la comparación entre uno y otro bebé hace que los padres le den inconscientemente un tratamiento mucho más dedicado que el que recibe un bebé prematuro nacido en un parto sencillo.
En otro informe presentado en la misma reunión, el doctor Eugene Emory, de la Universidad Emory de Atlanta, hizo un anuncio que pareció aún más revolucionario: según él, los infantes que sufrieron una corta privación de oxígeno en los últimos minutos del trabajo de parto, no solamente no presentan dificultades al cumplir un año de edad, sino que son más grandes y tienen mejor desarrollo sicomotriz que los que no tuvieron ningún problema. "Estamos encontrando verdaderas sorpresas en el desarrollo de los niños a medida que las investigaciones siguen de cerca el crecimiento de los infantes que tuvieron problemas al nacer", declaró la doctora Claire Kopp, sicóloga de la Universidad de California. "Tradicionalmente, se ha asumido que si un bebé ha sido expuesto a ciertos riesgos durante el embarazo o en el momento del parto, las mayores posibilidades son que tendrá problemas de desarrollo, así como déficits intelectuales, e incluso problemas de comportamiento, como una impulsividad extrema. Pero poco a poco nos hemos dado cuenta que ese no es necesariamente el caso".
La investigación se hizo sobre 56 infantes. De ellos, los que sufrieron falta de oxígeno durante un periodo prolongado del trabajo de parto, tuvieron, como era de esperarse, los problemas resultantes de esa situación. Pero se encontró que los bebés que sufrieron dificultades solamente en los últimos 10 minutos de trabajo, no resultaron afectados.
"Una disminución en la frecuencia cardiaca fetal, que es signo de hipoxia, ha sido considerada tradicionalmente una señal clínica pésima", dijo la doctora Kopp."Pero cuando evaluamos a los bebés a los 4 meses, los que tuvieron problemas eran más susceptibles a ser considerados por sus padres como más pacientes y de mejor temperamento, y, por otro lado, presentaban mejores niveles de desarrollo sicomotriz. Al año, continuaban a la delantera".
Esas conclusiones, sin embargo, no han estado exentas de críticas, como la del doctor Barry Brazelton, pediatra de la Universidad de Harvard, quien afirmó que "van en contra de cualquier intuición", y que le gustaría ver duplicada la prueba antes de que esas conclusiones se generalicen.
Esas críticas no alcanzan a disminuir el entusiasmo de los investigadores. El doctor Emory, por ejemplo, estima que las dificultades en el parto parecen tener una especie de "efecto de vacunación" sobre el niño. "Si el bebé tiene cierto grado de dificultades, dice, pero no demasiadas, parece haber efectos positivos muy definidos". Ese stress moderado podria dar como resultado una secreción adicional de catecolaminas, químicos del cerebro que son producidos en respuesta a la tensión y para "poner en guardia" al cuerpo para enfrentar una dificultad. De esa manera, según los investigadores, el bebé quedaría mejor preparado -vacunado- para dar una respuesta defensiva a los problemas físicos, incluso en su habilidad para manejar una situación amenazante para la vida, como una sábana sobre la cara.
Por lo que parece, y si las conclusiones de los últimos estudios resultan ciertas, los padres no deberán preocuparse tanto por los problemas del parto, pues en esa materia, lo que pudo comenzar mal, puede terminar mejor que bien.

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