Martes, 24 de enero de 2017

| 1986/12/29 00:00

"EL SECRETO DE DENISE"

Este es el nombre de una película con un insólito tema: el caso de una mujer que sufrió durante 10 años el terror de la bulimia

"EL SECRETO DE DENISE"

Durante diez años Denise de Garmo vomitó todos los días, en ocasiones hasta 30 veces el mismo día. Y este es el insólito tema de la película que acaba de estrenarse en los EE.UU. inspirada en su caso.
"El secreto de Kate" es la historia de una mujer joven que sufrió durante una década de "bulimarexia", un desorden alimenticio que combina la anorexia (auto-inanición) con la bulimia (un voraz apetito). Consiste en devolver inmediatamente el alimento apenas este se ha ingerido, en enormes cantidades, produciendo velozmente la inanición de la víctima y muchas veces conduciéndola hasta la muerte.

UNA VIDA CASI NORMAL
Durante casi toda la década de los años setenta, Denise, según aparece en la película de cuyo guión ella fue coautora, parecía llevar una vida envidiable. Casada con un abogado famoso y madre de una pequeña niña, Denise lucía una figura esbelta, controlada por una dieta baja en calorías y por ejercicios aeróbicos, natación y jogging.

Sin embargo, Denise no era todo lo feliz que parecía: aspiraba a ser escritora, y se sentía atrapada como madre y esposa. Esta confusa situación la sumió en una profunda depresión.
Para controlarla sentía la necesidad de comer compulsivamente alimentos de altas calorías, casi siempre en secreto y a todas horas del día, y después vomitaba sin descanso.

Llegó un momento en que no mantenía en su organismo ni siquiera pequeñas cantidades de alimento. Bebía una taza de café o un vaso con agua y vomitaba. Cuando acompañaba a su esposo a cenas de negocios tenía que escurrirse discretamente al baño a vomitar después de cada bocado.

Y a medida que su esposo se volvía más exitoso como abogado, más aumentaba la presión que sentía Denise en relación con sus aspiraciones personales, y más aislada del resto del mundo. Para esa época estaba en talla 4, y aquella gente con la que Denise intentaba discutir sus aspiraciones de escritora no tenía más comentario que sobre sus insólitas medidas corporales. "Los vómitos aumentaron entonces drásticamente", recuerda. "Siempre llevaba conmigo un cepillo de dientes y un desinfectante bucal". Al mismo tiempo que no podía controlar su compulsión por comer, no podía dormir por la preocupación de que fuera a engordarse durante el sueño. En una oportunidad se mantuvo despierta durante diez semanas pesándose cada hora.

Denise tuvo un corto intervalo de su penosa enfermedad cuando quedó encinta. "No quería perder a mi bebé, de manera que sicológicamente me sentía con permiso para comer todo lo que quisiera. Y asi lo hice. Comi y comi. Y estaba tan contenta, pensando que estaba curada". Cuando nació su hija, Denise la alimentó durante 10 meses. "Pero el día en que suspendi la alimentación materna volví a vomitar", recuerda. "Y el ciclo comenzó de nuevo. Pero esta vez, yo estaba absolutamente fuera de control ".
Obsesionada porque no creía estar lo suficientemente delgada, Denise comenzó a hacer ejercicios cuatro horas al día. Adicionalmente con su problema físico, Denise sufría terribles depresiones y largos insomnios. Pero ni aun entonces su esposo comprendía la gravedad de su situación. "Con frecuencia él notaba que me sangraba la encia, pero yo le sacaba cualquier disculpa. Y cuando se despertaba en la noche, y me encontraba desvelada yo le decía que me habia caido mal una torta de chocolate que me había comido en la cena. Jamás me vio vomitar, y por consiguiente no tenía razón alguna para suponer que yo estaba enferma".

LA ENFERMEDAD TOCA FONDO
Pero lo estaba. La sangre comenzaba a llenar sus riñones. Desarrolló una menstruación errática y un latido cardíaco irregular. Y luego un día, en 1983, se levantó y descubrió que su piel estaba toda arrugada: era el resultado de vomitar tejido muscular.
En pánico, se internó en un spa en Tecate, México, con la esperanza de que su piel volviera a templarse si perdía 10 libras. Un instructor notó su delgadez y se la remitió a una experta en nutrición, quien le prescribio varias pequeñas comidas al día y no mas de 60 minutos caminando. "Fue el primer paso de mi rehabilitación", dice. "Para un bulímico, el instante en el que abre la boca para pedir ayuda es el comienzo de su resurrección a la vida".

Cuando regresó a casa, Denise continuó las recomendaciones de la nutricionista, y comenzó a visitar a un médico y a un siquiatra. "Ya comía. Ya no vomitaba", recuerda. "Pero un día decidí que si 60 minutos de aeróbicos eran buenos para mi, tres horas serían aún mejor. Y comencé a entrenar para el maratón de Honolulú".
Seis semanas después, Denise, cuyo abastecimiento de calcio estaba seriamente agotado, se rompió ambos pies. "Y esa es la pesadilla del bulímico. Mis pies estaban atados. No podía caminar. No podía nadar. No podía ni siquiera vomitar".

Sintiendo que había tocado fondo, Denise se decidió a atender unas terapias de grupo semejantes a las de los alcohólicos anónimos. "Tenía que aprender a vivir de nuevo cada minuto de mi vida". Paralelamente, Denise comenzó a dar conferencias sobre la bulimia en colegios y centros de salud, y a finales de 1983 realizó los primeros contactos tendientes a llevar su caso al cine. "Pero todavía lo dudaba --dice--, porque no quería convertirme en la personificación de la "última enfermedad rara" de la semana. Deseaba hacer un retrato honesto de un mal sumamente grave que casi había llegado a matarme".

Hoy en día Denise está en proceso de recuperación si ha aprendido a sonreír acerca de sus temores de aumentar de peso. Todavía se conserva delgada, pero continúa aplicando su dieta de varias comidas pequenas al día y hace ejercicios diarios pero nunca por más de una hora. Sabe que no está completamente curada, pero se trata de un proceso muy largo de cura física, síquica y emocional. No sabe cuánto pesa en la actualidad: "Arrojé mi pesa al océano. Parte de mi tratamiento consiste en que jamás volveré a treparme sobre un aparato de esos".

Denise sabe que puede controlar, pero no curar, su enfermedad. "Recuperación no significa que jamás me despertaré y sentiré angustia al descubrir que mis pantalones me están quedando estrechos. Tengo que aceptar mi enfermedad, como lo hacen los alcohólicos: una vez bulímico, toda la vida bulimico". --

¿ES USTED UN BULIMICO?
Millones de personas alrededor del mundo sufren de serios desórdenes alimenticios. Uno muy comun es el problema de Denise de Garmo, la bulimarexia. Sus víctimas varían entre un apetito voraz (llegando a consumir, muchas veces, hasta 20 mil calorías al tiempo) y la necesidad sicológica de purgarse (insertando un objeto extraño en la garganta para inducir el vómito, o ingiriendo cientos de pastillas laxantes cada semana).

La mayoría de sus víctimas son mujeres, pero la proporción de hombres que padecen esta enfermedad aumenta día tras día. Esto se debe a que los hombres están experimentando en la actualidad las mismas presiones que las mujeres sobre su estado físico y su apariencia personal.

Y de acuerdo con la opinión de algunos sicólogos y siquiatras, el problema para las mujeres se agrava a medida que empeora la confusión sobre sus papeles sociales y familiares. A las adolescentes se les exige cada día más que sean como los hombres, indepen dientes, ambiciosas. Aspirar a ser una madre y una ama de casa ya no es suficiente. Ahora se le exige a una mujer que aspire a triunfar en su profesión, y que se vuelva autosuficiente.
Para una bulímica, tener algunas "llantas" significa ser como su madre: impotente.
Según parece, las mujeres que sufren desórdenes alimenticios son en la mayoría de los casos perfeccionistas obsesivas. En apariencia son amistosas, competentes y controladas. Pero en el fondo son irascibles, frustradas y solitarias.

Muchas no parecen enfermas, pero luego de muchos años de privaciones, sus organismos amenazan con caerse en pedazos. Las deficiencias vitamínicas amenazan el hígado, el riñón, y ocasionan problemas cardíacos. La frecuencia de los vómitos puede romper el estómago; el ácido de los mismos puede erosionar el esmalte dental. Los bulímicos se fracturan con frecuencia y pierden su cabello. Cambios químicos en el cerebro producen insomnio y algunas veces inducen al suicidio.

Si una persona sospecha que puede ser bulímica, o tiene síntomas parecidos a los que se han descrito anteriormente, es aconsejable que visite a un médico cuanto antes. Si el caso es muy extremo probablemente será internada en una clínica. Si es apenas incipiente, podrá rehabilitarse con terapias intensivas.

Pero en ningún caso debe descuidarse. Una víctima de la bulimia ingresa en una espiral que sólo tiene camino de descenso. --

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