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| 6/18/1990 12:00:00 AM

EL SILENCIO SEXUAL

Nuevas investigaciones señalan que la mente es el verdadero órgano del orgasmo.

"El pulso se acelera, las pupi- las se dilatan y la mirada parece perdida... A algunos la respiración se les vuelve entrecortada, otros se quedan sin respiración... los poderes del movimiento y los sentimientos se salen de control: los miembros, en medio de las convulsiones y algunas veces de los calambres, también quedan fuera de control o se estiran y se endurecen como barras de hierro; con las mandibulas apretadas y los dientes rechinando, algunos se sienten tan "llevados" por el frenesí erótico que olvidan a su pareja de éxtasis sexual y le muerden el hombro que esta a su alcance hasta que sale sangre. Esta descripción, que guarda cierta similitud con un ataque de epilepsia, fue la que, en 1855 hizo del orgasmo el médico francés, Felix Riboud. Mejorada por la ciencia en sus detalles, pero no en su expresividad, su lectura, aunque no deja una sensación muy placentera, sirve para describir la intensidad de esa experiencia.

Pero en la realidad la incapacidad de sentirla no parece estar en la inminencia de la mordida, sino más bien asociada fundamentalmente con otros temores; entre ellos, la posibilidad de embarazo. Aun hoy, cuando se tienen a la mano múltiples métodos anticonceptivos, no resulta sorprendente que la falla para alcanzar esta experiencia sea comun en las mujeres.
En la mayoría de las investigaciones adelantadas sobre el tema, por lo menos el 20% de las mujeres reporta que solo experimentan el orgasmo algunas veces, raramente o nunca. Y se llega a concluir que entre el 5 y el 15% son anorgásmicas. Es como si la prevalencia de la falla orgásmica entre las mujeres fuera una especie de destino evolutivo. Los hombres, para tener descendencia, deben tener orgasmos. Y como no quedan embarazados, el riesgo que corren es mínimo.
Por el contrario, las mujeres pueden quedar encinta perfectamente sin haber experimentado orgasmos, y ellas corren con las mayores consecuencias de la relación sexual.

En tiempos de Riboud había poca preocupación y cero cuidado médico para la falla orgásmica femenina.
Aún una generación más tarde, con la publicación de "Psicopatías Sexuales" de Richard von Krafft-Ebing el libro que introdujo el estudio racional del sexo-de ocho casos de "anestesia sexual", como se ha llamado también el problema, sólo una correspondía a una mujer. Krafft-Ebing anota en su libro que con frecuencia escucha quejas de los esposos sobre el problema de la anorgasmia y que, por lo general, se ha probado que estas esposas son neuropáticas desde el nacimiento. El jóven Sigmund Freud (en quien el doctor Krafft-Ebing no confiaba) pudo haber interpretado esta afirmación como un indicio que lo llevo a su lógica conclusión: las mujeres son sexualmente incompletas. Por fortuna este punto de vista no llegó a la mayor parte del mundo femenino. Pero forzó a una generación o dos de las mejor educadas, a tener relaciones sexuales no muy satisfactorias.

En las encuestas que, en muchos sentidos continuan siendo las mejores investigaciones sobre sexualidad femenina, Alfred C. Kinsey entrevistó a 2.700 mujeres a todo lo largo y ancho de los Estados Unidos a comienzos de los años 50 y encontró que, de las casadas, 36% nunca había experimentado un orgasmo. Esto contrastaba con el 99% de los hombres que los tenían regularmente. Los encuentros sexuales en los cuales las mujeres no experimentaban el orgasmo declinaban gradualmente hasta el 15% durante un periódo de matrimonio de 20 años. Los investigadores indagaron sobre la sensibilidad anatómica de cientos de mujeres y concluyeron que el 98% era sensible a cualquier toque delicado del clítoris, pero sólo 14% experimentaba cierta sensibilidad en las paredes de la vagina. Así Kinsey concluye que es una imposibilidad biológica. Estas observaciones no causaron mayor impacto hasta mediados de los años 60, cuando William Masters y Virginia Johnson abrieron la era del estudio psicológico directo del sexo.
Su panoplia de electródos, medidas y camaras intravaginales produjeron una descripción precisa tanto de la excitación como del orgasmo de cerca de 700 hombres y mujeres y aportaron las bases de un nuevo enfoque de la sexualidad. Todos los orgasmos, incluyendo aquellos que se producen durante la penetración en la vagina, fueron, de hecho, el resultado de una estimulación directa como indirecta del clitoris. Así mismo concluyeron que hombres y mujeres pueden excitarse de forma sorprendentemente igual. Pero también encontraron diferencias marcadas. El tiempo de la excitación al orgasmo era considerablemente más corto en los hombres que en las mujeres y, a diferencia de los hombres, muchas mujeres eran capaces de tener orgasmos multiples, con frecuencia cuando sus parejas se quedaban dormidas. El orgasmo en sí mismo era esencialmente el mismo en ambos sexos. En cada uno se centraba en un organo y en este sentido Freud estaba en lo correcto: el clítoris es un homólogo del pene. Estudios recientes demuestran que la mayoría de las mujeres pueden tener orgasmos mediante la estimulación vaginal solamente. Sin embargo, no parece existir evidencia suficientemente convincente de que un punto en las paredes vaginales, el llamado punto G, exista.

Independientemente de estos detalles, las quejas sexuales femeninas más comunes continuan siendo la inhibición sexual y la anorgásmia. Pero los investigadores tienen noticias también para los hombres. Cerca de las dos terceras partes de las mujeres adultas confiesan que simulan el orgasmo. En un estudio adelantado con 805 mujeres, muchas dijeron que lo hacían con frecuencia, especialmente durante relaciones casuales. Los hombres, por su parte, no son tan estúpidos y muchos simulan no darse cuenta de la situación. Pero en cualquier caso, esto se agrega a un problema más general de comunicación. La vieja idea de que las mujeres pueden disfrutar el sexo sin experimentar orgasmo cada día pierde más terreno y lo que existe es una demanda cada vez mayor por un buen desempeño, lo cual, a su vez, puede tener el riesgo de que el sexo se acerque más al trabajo que al placer. Pero existe toda una serie de nuevas investigaciones sobre el tema, que explican específicamente el porque de la falla y ofrecen ayuda significativa para superar y tratar la anorgásmia.

Revaluado el concepto de frigidez, hoy se habla de disfunción del deseo sexual, el cual, se sabe tiene una causa más síquica que física. Una de las principales causas de esta falta de deseo en la mujer viene de una educación represiva, que ha hecho ver la sexualidad como algo negativo. Pero también el estres de la vida moderna es causa del llamado Sindrome de Inhibición del Deseo Sexual, que afecta por igual a hombres y mujeres.
Y sin caer en el error de quienes aseguran que "no hay mujeres frigidas sino hombres inexpertos", si hay que señalar que la mayoría de las mujeres no llega al orgasmo en sus relaciones porque el hombre no sabe despertarlo. Pero la culpa no es del compañero sino de la mujer, que no es capaz de comunicar sus deseos. Al decir de los sexólogos, cuando una mujer no siente deseo sexual o lo reprime, cortando de raíz el orgasmo, debe hablar con su compañero muy claro. De hecho, la anorgásmia ha podido ser superada por algunas mujeres sin necesidad de terapia. Solo con tiempo y experiencia. En el famoso informe Hite, "Mujeres y Amor", realizado con base en las experiencias contadas por 4.500 mujeres, es frecuente encontrar declaraciones de mujeres que dicen haber descubierto el sexo tras largos periódos de apatía sexual.
"Muchas mujeres se preocupan por satisfacer las necesidades sexuales de sus compañeros pero son incapaces de descubrir las propias. Pero el placer no existe si no es compartido" dice la sexóloga española Pilar Pérez.
"Y la mayoría llega a la consulta presionadas por sus compañeros. Sin embargo, la terapia solo es necesaria y efectiva cuando la mujer es consciente de su problema y quiere resolverlo" .
Aunque los tradicionalistas aseguran que los sicólogos distorsionan el amor y destruyen la privacidad, no se puede negar que las terapias han tenido gran exito para solucionar problemas como la eyaculación precoz, por ejemplo a través de técnicas de concentración. Lo mismo sucede con mujeres que no pueden experimentar el orgasmo durante la relación sexual.
Aunque algunos expertos en sexualidad han recomendado la masturbación como una importante forma de aprender sobre la sexualidad femenina, esta es un tabu entre gran numero de mujeres. Sin embargo, expertos en tratamientos por problemas de inhibición de orgasmos han encontrado que las terapias más exitosas son las de la masturbación, seguida por esfuerzos para transferir este descubrimiento a las relaciones de pareja. En otras palabras, es conveniente verbalizar. De hecho, estudios realizados en los tres últimos años han mostrado que la terapia de pareja tiene un efecto positivo en el sexo y la terapia sexual un efecto positivo en las relaciones de pareja.

Lo último es que la mente es el organo del orgasmo. Un sicólogo de la Universidad de Stanford, Juline M. Davidson, ha reconocido esto como una hipótesis bipolar. "Muy hondo en el cerebro ocurre una convergencia: algo debe suceder para tocar el alma--o los altos centros del recebro- mientras algo más toca la parte apropiada del cuerpo. Este efecto mental tiene que ser noble, hombres y mujeres, se sabe ahora, responden lo mismo a la pornografía, mientras no implique la sumisión de la mujer". El amor también tiene algo que ver con eso. Y la poesia. Y la ternura. En la novela de D. H . Lawrence, "El amante de Lady hatterley"--prohibida hace apenas unas décadas--, se narra así la forma en que el amante, Mellors (su apellido hace eco de la palabra "mejor", derivada del latín), llevo a Lady Chatterley al climax "La acercó hacia sí y con infinito y delicado placer acarició las llenas, suaves y voluptuosas curvas de sus muslos.
Ella no sabía cual era la mano de Mellors y cual su propio cuerpo, era como una llama, plena y brillante, puro encantamiento. Todo en ella se fundió en pasión, nada más que en pasión"
Lo cierto es que a pesar de los avances de la llamada revolución sexual, los sexólogos afirman que es increible la ignorancia que existe entre los adultos sobre esta materia.
Y no son pocos los que aún desconocen que esta insatisfacción afecta la salud emocional y física de las personas.-
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