Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2004/10/30 00:00

En busca del olvido

Una sustancia contra los malos recuerdos genera críticas porque suprimiría las bondades de la experiencia.

Mientras más temprano se administre el medicamento mejor, dicen los investigadores.

Quién no quisiera poder tener una tecla en la cabeza que con sólo presionarla se borraran los recuerdos que no se desean guardar en el cerebro, tal y como lo hace cualquiera con el e-mail o con los documentos sin importancia en un computador. Pues bien, la idea no es tan descabellada como parece. Actualmente un grupo de científicos en Canadá, Francia y Estados Unidos investigan una droga para lograr un objetivo similar: evitar que ciertos recuerdos desagradables se fijen con mucha fuerza en la memoria de las personas.

La sustancia es el propranolol, un beta bloqueador que se utiliza para el tratamiento de la hipertensión.

En un experimento realizado en el Massachussets General Hospital se les dio este medicamento a 41 personas seis horas después de haber sufrido accidentes automovilísticos, asaltos y otros traumas severos. Tres meses después, cuando los pacientes volvieron al hospital para su chequeo, los científicos constataron que quienes no tomaron la sustancia sino un placebo tenían pesadillas, alteración del ritmo cardíaco y sentían pánico de volver a montarse en un carro. En cambio, los que tomaron el medicamento tenían menos de estos síntomas. Estos mismos resultados se replicaron en Francia y Canadá.

Roger Pitmann, siquiatra de la Universidad de Harvard y director del estudio de Massachussets, cree que esta píldora ayudaría a los pacientes con estrés postraumático, un desorden mental que aparece luego de que la persona vive una experiencia traumática y que aún los científicos están tratando de descifrar. El objetivo de la droga, según Pitmman, no es borrar los recuerdos sino reducir la intensidad de estos a un nivel que le permita a la persona llevar una vida normal.

Cuando las personas viven experiencias muy fuertes como torturas, combates de guerras, eventos terroristas o accidentes, luego los recuerdan como pesadillas durante las horas de sueño o como flashbacks en la vigilia. Por lo general, estas imágenes siempre van acompañadas de emociones muy dolorosas. Esto sucede porque en el momento de la tragedia se produjeron emociones fuertes como miedo, pánico, odio, lo que provocó la liberación de adrenalina y cortisol, las hormonas del estrés. Estas hormonas activan un lugar en la amygdala del cerebro que hace que este recuerdo se consolide con una gran carga emocional. "Esta activación les permite a las grandes emociones producir grandes recuerdos", dice James McGaugh, un neurobiólogo de la Universidad de California en Irving, quien descubrió la aplicación de propanolol para estos casos.

Ese proceso se cumple tanto cuando alguien se estrella como cuando se gana la lotería. Como los sistemas que controlan el miedo están sobreestimulados, al resto de cerebro le queda más difícil controlarlos y aún más prevenir que esas imágenes se entrometan en la vida diaria de la persona.

Hasta hace un tiempo se creía que estos recuerdos permanecían intactos una vez se almacenaban en la memoria, pero los científicos han demostrado que hay una oportunidad para manipularlos. Según Karim Nader, sicóloga de la Universidad de McGill, la droga bloquearía el reforzamiento de la emoción que sucede en el momento en que estas se consolidan en el cerebro, "pero no modificaríamos el contenido mismo del recuerdo", dijo a SEMANA.

A pesar de que los resultados en estos pacientes es muy alentador, el tema ha generado una gran polémica porque muchos creen que en un futuro la gente tomaría el medicamento para olvidar el regaño del jefe o para soportar el trago amargo del desamor, como sucede en la película Eterno resplandor, en la que Joel, el personaje que encarna Jim Carrey, acude a un médico para que le ayude a borrar de su mente a su ex novia.

Los traumas, dicen los críticos de esta terapia, son momentos horribles pero hacen parte de la identidad de cada persona. El estrés postraumático también tiene un sentido protector pues ayuda a la sociedad a evitar errores del pasado. Y ponen como ejemplo la experiencia del holocausto. Sin los aterradores recuerdos que ellos guardaron en su cabeza, probablemente el mundo no tendría una medida de las atrocidades que vivieron.

Los defensores del tratamiento opinan que el síndrome de estrés postraumático es una enfermedad como cualquier otra y los pacientes que la sufren merecen un tratamiento para su mejoría.

Nader asegura que es imposible borrar los recuerdos de una persona y espera que una vez tengan suficiente evidencia clínica de la eficacia del propanolol en estos casos, la sociedad entienda el beneficio que tendrían todos aquellos que hoy están perturbados por su pasado.

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