Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1989/10/23 00:00

ERROR GRASO

Y ahora resulta que las dietas para reducir los niveles de colesterol en la sangre no sirven de nada.

ERROR GRASO

En un momento en que la guerra contra el colesterol parecía ganada, un médico norteamericano ha dado el parte de derrota. "Tratar de reducir el colesterol de la sangre, con dietas o drogas, es una pérdida de tiempo", ha señalado enfático el doctor Thomas Moore, autor de esta tesis que representa un duro revés para una de las campañas médicas más importantes de la última década.

Moore expone su teoría en un capítulo de su libro "Fallas cardiacas", titulado "El mito del colesterol", que ha causado revuelo en la comunidad médica y dividido a los expertos, ya que Moore es sólo el abanderado de una hipótesis que cuenta con prestigiosos seguidores. El especialista afirma que, aunque existe una relación directa entre los altos niveles de colesterol en la sangre y los riesgos de enfermedad coronaria, las dietas para reducirlos sencillamente no funcionan. Y las drogas, si bien son efectivas, también son peligrosas y no mejoran significativamente la salud de los pacientes ni prolongan su vida.

Son muchos años de trabajo científico los que se vienen abajo con esta tesis. El colesterol, quizás el tema de salud que más páginas ha ocupado en las revistas durante la última década, ha sido motivo de una extensa campaña mundial que recomienda a la gente hábitos alimentarios más saludables para prevenir el riesgo de ataques cardiacos. Es así como, hoy día, uno de cada tres pacientes puede decir con precisión cuántos miligramos de este compuesto tiene por cada decilitro de sangre, mientras las industrias alimentarias promocionan con bombos y platillos las propiedades anticolesterol de sus productos. En Estados Unidos el colesterol es un tema de conversación recurrente en los adultos mayores de 40 años desde hace cinco, cuando un panel de científicos dictaminó que reducir los niveles de colesterol en la sangre reducía también el riesgo de ataques cardiacos. Entonces, se lanzó un vasto programa de educación que, además de recomendar a los 60 millones de norteamericanos, cuyo conteo excede los 240 miligramos por decilitro, que busquen tratamiento médico, aconseja a toda la población, incluidos los niños, hacerse un examen de sangre que determine sus niveles de colesterol y que disminuya el consumo de alimentos ricos en grasas. Al mismo tiempo, los expertos montaron costosos estudios para demostrar a la gente el valor de esos consejos. Se estima que en esta campaña el gobierno norteamericano invierte cerca de 20 mil millones de dólares por año.

La revolucionaria tesis del doctor Moore ha surgido de un detenido análisis de varios estudios federales realizados en los últimos años, según los cuales las personas con recuentos de colesterol superiores a 240 sufren casi el doble de enfermedades cardiacas que aquellas cuyos niveles son inferiores. El problema surge, según Moore, porque esos estudios no han encontrado el vínculo esperado entre el colesterol de la sangre y la dieta. Personas que tienen dietas altas en grasas presentan bajos niveles de colesterol en la sangre y viceversa. Y personas que mediante drásticos cambios en su régimen alimentario logran reducir el colesterol en la sangre, se encuentran con que la reducción ha sido tan insignificante que en nada incide en el mejoramiento de su salud o en su expectativa de vida.

Moore cita como ejemplo un estudio reálizado en los años setenta entre 13 mil hombres de mediana edad. Durante varios años la mitad del grupo tomó parte de un programa intensivo de dieta baja en colesterol, mientras el otro grupo no recibió ningún tratamiento especial. Quienes siguieron la dieta, reluciendo en forma sustancial el consumo de alimentos altos en grasa, luego de siete años de buen comportamiento habían reducido el nivel de colesterol de la sangre en un Promedio de sólo 6.7%, mientras el porcentaje de muertes entre los dos grupos se mantuvo igual. Otro estudio, también citado por Moore, realizado en 1984 por el Instituto Nacional del Corazón, encontró que quienes tomaban drogas para bajar el nivel del colesterol en la sangre sólo lograron disminuirlo en un 13%, en lugar del 25% esperado por los expertos; en parte, porque pocas personas pudieron soportar las dosis prescritas (la colestiramina se caracteriza por causar problemas digestivos). Durante los siete años del estudio, el grupo que tomó droga sufrió menos ataques del corazón que el grupo que no la tomó; sin embargo, la reducción del colesterol no representó una declinación significativa de la mortalidad.

La pregunta es ¿por qué la gente que logra reducir su colesterol no parece vivir más tiempo? Los expertos señalan que la respuesta se encuentra, en parte, en el hecho de que un seguimiento de diez años no es suficiente para alcanzar a detectar los efectos. Lo cierto es que, a pesar de los exhaustivos estudios realizados hasta ahora sobre el tema, aún existen factores desconocidos en el eslabón entre colesterol y enfermedad cardiaca. El doctor Moore afirma que los beneficios de los tratamientos de reducción del colesterol --dieta y drogas-- han sido sobreestimados. Cita también la conclusión de un estudio reciente, realizado por la Universidad de Harvard, según el cual un programa que abarcara toda la vida de un individuo sólo podría dar como resultado "una ganancia en la expectativa de vida de tres días a tres meses".

A pesar del escepticismo del doctor Moore, una amplio grupo de expertos todavía considera que reducir el colesterol con dietas y drogas disminuye los riesgos de un ataque cardiaco. En lo que sí no hay ninguna duda es en el vínculo existente entre los altos niveles de colesterol y la enfermedad cardiaca. Pero mientras los expertos buscan una forma de experimentación que les permita obtener una evidencia tan sustancial como el cambio de régimen alimentario que recomiendan a sus pacientes, lo único que parece quedar en claro es que la batalla contra el colesterol ha sufrido un profundo revés y que el debate sobre cómo tratar el colesterol alto tomará todavía mucho tiempo.--

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