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| 11/12/1990 12:00:00 AM

HOGAR DULCE HOGAR

Las amas de casa son el grupo de más alto riesgo en cuanto a la adicción a los tranquilizantes.

Al parecer, la mujer colombiana no está muy satisfecha con su vida. Esa conclusión se desprende del alto índice de mujeres adictas a las drogas tranquilizantes. Si bien las colombianas no hacen parte del grupo de alto riesgo en cuanto al consumo de sustancias ilegales, sí representa la población de mayor consumo de tranquilizantes y somníferos.
Según el Centro de Documentación e Información sobre Adicción -CEDA - del Instituto de Bienestar Familiar. las consumidoras de sustancias ilegales (basuco, marihuana, cocaína) son muchísimas menos que los consumidores. Por cada mujer adicta al basuco hay tres hombres. En cuanto a la marihuana, la relación es de tres mujeres por cada quince hombres. Mientras que en la adicción a la cocaína hay dos mujeres por cada ocho hombres.
Pero esto no significa que la mujer colombiana esté libre del flagelo de la drogadicción, sino que su opción está en las drogas legales cigarrillo o alcohol o en sustancias camufladas bajo la forma de medicinas. En el país existen medio millón de colombianas adictas a los tranquilizantes, mientras que los adictos a los compuestos químicos como sedantes o somníferos no llegan a 300 mil. También es alto el número de mujeres alcohólicas y fumadoras. Y aunque la proporción entre los dos sexos es de dos hombres por cada mujer adicta al alcohol o al tabaco, la diferencia tiende a estrecharse aun más.
Según la especialista Cristina Suaza, quien trabajó con el CEDA, la adicción a los tranquilizantes es producto de la soledad, la monotonía del trabajo doméstico y el limitado espacio de acción social en el que aún viven muchas mujeres. "La mayoría de las mujeres adictas a los tranquilizantes son amas de casa. La adicción a las pastas empieza con la somatización de las insatisfacciones personales. Cuando van al médico abrumadas por la angustia o la ansiedad, el diagnóstico es histeria o estrés, y se les recetan sedantes. De ahí en adelante, las mujeres continúan consumiéndolos para poder hacer frente a sus angustias y ansiedades" .
La mayoría de las víctimas de las adicciones son mujeres que padecen un síndrome conocido como la "neurosis del ama de casa". Según un especialista consultado, éste tiene hondas raíces en tres factores principales. "En primer lugar, la incomunicación, porque permanece la mayor parte del día sola en el hogar. En segundo, la subvaloración social de su trabajo, lo cual disminuye su autoestima. Y en tercer lugar por la monotonía misma de las tareas domésticas.Son mujeres dedicadas a ejecutar un trabajo tedioso y poco gratificante, que muchas veces no es reconocido aun entre su propia familia".
Una mujer farmacodependiente, que ha logrado su rehabilitación, confiesa: "Todo comenzó hace dos años. Yo estaba muy nerviosa y no dormía. El médico me recetó unas pastillas tranquilizantes para tomar por las noches. Me sirvieron tanto que comencé a tomarlas dos veces al día. Seis meses después el médico me dijo que ya no las necesitaba, pero yo seguí comprándolas porque me sentía muy mal si no las tomaba. Con la vida destrozada, uno comienza a crear conciencia y a buscar ayuda profesional. Pero me di cuenta de que el problema no es sólo de uno sino de toda la familia. Y si la familia no cambia, uno corre el riesgo de recaer en la adicción" .
Pero una gran parte de las adicciones femeninas, especialmente al alcohol, tienen otra causa: la codependencia. Con esta palabra, los especialistas se refieren a la relación que establece la mujer con un familiar farmacodependiente. La gran mayoría de los especialistas de entidades que trabajan en la rehabilitación de drogadictos y alcohólicos coincide en que"el agente femenino genera una actitud de adicción similar a la del drogadicto".
La mujer se siente culpable de que su esposo o su hijo hayan caído en la adiccíón. Esta "mala conciencia" lleva a la madre o esposa a somatizar su culpa, es decir la manifiesta en forma de dolencias físicas o bien desarrolla una obsesión por el trabajo.

Tanto en el caso del ama de casa como el de la madre o esposa, la mujer farmacodependiente está atrapada en un rol de víctima. Según los datos del CEDA, la mujer codependiente niega sus propios síntomas de adicción y muchas veces termina envuelta en una experiencia alcohólica. La adicción a los tranquilizantes, como el alcohol, genera una doble culpabilidad. De una parte, la culpa propia de todo adicto y por otra la culpa social, puesto que culturalmente es más rechazada la mujer adicta que el hombre -lo cierto es que en algunos centros de rehabilitación no reciben mujeres-. Está visto que la mujer tiende más a la depresión y en muchos casos al suicidio.
Según los especialistas, por tratarse de una adicción a drogas legales, las causas sociales y la atención al problema continúan en nuestro medio aún inexploradas. Sin embargo, las estadísticas muestran que el mayor consumo de pastillas tranquilizantes, tabaco y alcohol se da hoy en personas cuyas edades oscilan entre los 25 y los 30 años.
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