Sábado, 1 de noviembre de 2014

| 1988/06/06 00:00

HOSPITALES DE GUERRA

La violencia delincuencial ha alcanzado tal nivel en Colombia que los centros de urgencias ya no dan abasto para atender a las víctimas

HOSPITALES DE GUERRA

"Los hospitales de urgencia se han convertido en Colombia en hospitales de guerra". Esta frase que parece sacada del informe de Amnistía Internacional, corresponde a una de las conclusiones de un simposio de 710 médicos que se reunieron en Bogotá, para diagnosticar el nuevo perfil del paciente que ingresa por urgencias a los centros hospitalarios del país.

Bajo el nombre de -"Violencia, trauma y recuperación", médicos internistas de los hospitales universitarios San Vicente de Paúl de Medellín, Evaristo García de Cali y San Juan de Dios de Bogotá, así como sicólogos, siquiatras y sociólogos, presentaron diferentes ponencias y discutieron sobre el cambio que, en los últimos 10 años, ha experimentado la salud pública en el país, lo cual es, al final de cuentas, una fiel radiografía de la situación social. El doctor Julio Enrique Ospina, director del San Juan de Dios, y organizador de este seminario, dijo a SEMANA: "El 80% de los pacientes de hospitales públicos ingresan por emergencias y de éstos el 70% son heridos o traumatizados por diferentes motivos".

Mientras habitantes de algunas grandes ciudades como Cali, Barranquilla y Bucaramanga dicen con satisfacción que afortunadamente la violencia todavía no se ha hecho presente en la ciudad, los médicos opinan lo contrario. Y en este diagnóstico los acompañan científicos sociales que han señalado que más grave que la violencia política es la violencia criminal que habita permanentemente en toda la geografía nacional. La inseguridad en las calles, el asalto, el homicidio, la violación y las agresiones fisicas entre amigos y familiares es tal que aventaja, y por considerables márgenes, a la violencia política.

Los damnificados de esa violencia callejera son, en su mayoría, personas que no tienen un peso y que por lo tanto tienen que recurrir a los servicios de los hospitales públicos. Un hospital como el San Juan de Dios atiende 30 mil pacientes al año. De éstos, el 35% es llevado por heridas producidas por arma blanca o de fuego; un 30% por accidente automovilístico y el resto por intoxicaciones de todo tipo. La curva de la violencia llega a su tope máximo el viernes en la noche y madrugada del sábado.

Para los médicos reunidos en el simposio "Violencia, trauma y recuperación", en la última década el país ha vivido una ola de violencia que se ha incrementado en un 50% y que es la primera causa de mortalidad de los colombianos entre los 15 y los 35 años. Aunque afecta de una manera más directa a los hombres, son las mujeres las grandes damnificadas, porque ven morir padres, hijos y hermanos sin poder hacer nada y, además, se ven enfrentadas a la necesidad de sacar adelante a sus familias.
Esa violencia que cobra víctimas todos los días ha generado una contraparte igualmente nociva: la pasividad. "El encallecimiento", como llama el doctor Ospina a la total indiferencia de la gente ante la muerte, está llevando a que el ciudadano se "enconche" y se vuelva indolente. "Un muerto a cinco metros de distancia de cualquiera parecería que se estuviera sucediendo a cinco mil kilómetros.
No hay solidaridad de ninguna clase", afirma el doctor Ospina y continúa: "Si Colombia sigue en esa carrera demencial de violencia, ¿cómo podemos los médicos dedicarnos a investigar y a atender enfermedades como las cardiovasculares o el cáncer que son de todos modos los dolores de cabeza de la salud no sólo de Colombia sino del mundo?".

De los 2 millones 400 mil pesos de presupuesto anual de un hospital como el San Juan de Dios, la violencia se come 1 millón 8 mil pesos al año.
De continuar la situación como va, llegará el año 2000 sin que haya recursos económicos para atender a ese gran número de hombres y mujeres que tendran 70 años, promedio de vida calculado para el colombiano.

Pero en esta reunión no sólo se habló de las víctimas directas. La doctora Helena Martín, instructora de siquiatría del Hospital San Juan de Dios, presentó a sus colegas una ponencia en la que se refiere a las víctimas de una catástrofe civil: guerras, persecuciones y asesinatos masivos.
Según su experiencia profesional, este tipo de sucesos produce un gran estado de tensión que sobrepasa los mecanismos de adaptación individual. "La mayor parte de las víctimas, de hechos traumáticos y sobrevivientes de catástrofes grupates sufren lo que podríamos llamar una persecución del acontecimiento trágico. Lo recuerdan a cada momento, lo sueñan o tienen el temor de que se repita el estado de pánico a que se vieron enfrentados. Se vuelven muy aprehensivos, temerosos, tristes, alejados del mundo y sin respuestas normales de emoción frente a los que los rodean ", dice la doctora Martín.

"A pesar de todo este cuadro de sangre, lodo y muerte", como califica el doctor Ospina su trabajo diario, se está ampliando el área de urgencias del Hospital San Juan de Dios. Se tiene proyectado construir una gran ciudadela médica en ese sector de la capital, en donde confluyen cinco de los hospitales más grandes del país, con la intención de mejorar los servicios.--

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