Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1984/04/30 00:00

INFARTO HOSPITALARIO

Exceso de hospitales mal distribuidos, deficiente mantenimiento y escasez de presupuesto son síntomas de que el sector salud requiere tratamiento de "cuidados intensivos"

INFARTO HOSPITALARIO

Hablar de crisis en la salud se había vuelto un lugar común.
Pero un cruce de cartas entre las directivas de la Academia Nacional de Medicina y el Presidente Belisario Betancur, que pasó prácticamente inadvertido en medio del debate de la recta final de las elecciones de mitaca, dejó entrever que la temperatura de los problemas estaba subiendo más allá de los niveles que el país podía soportar en ese campo y que el sector salud estaba requiriendo un tratamiento de "cuidados intensivos" .
Además de los reclamos de los médicos en cuanto a los problemas presupuestales y de planeación, la carta que ellos le dirigieron al Presidente Betancur puso al descubierto un enfrentamiento entre los profesionales de la medicina y los economistas del alto gobierno. Según la Academia, estos últimos "han sido formados en las grandes escuelas económicas de países que superaron hace de-cenas de años los problemas de la medicina preventiva (aguas potables, alcantarillados, vacunaciones y campaflas contra endemias, etc.) y de la medicina curativa (políticas hospitalarias, seguridad social, seguros públicos y privados de enfermedad)". Los médicos querían hacerle entender al Presidente que en Harvard nadie parece saber que en Colombia mueren a causa de la diarrea unos 30 mil niños antes de cumplir los 5 años.
Para algunos, la carta de los médicos tenía simple y llanamente implicaciones políticas, ya que, según ellos, había sido promovida por un grupo de exministros de salud liberales, que estarían utilizando la crisis en ese sector para hacer oposición al gobierno de Betancur. Pero más allá de esta apreciación, era evidente que la carta había puesto el dedo en la llaga y que, aunque un poco tarde, se había llegado el momento de evaluar la situación de la salud y de revisar los planteamientos y dogmas bajo los cuales se había regido la política sanitaria en los últimos 30 años. Algo debía estar andando muy mal, era en cierta forma la reflexión de los médicos, si miles de niños se estaban muriendo por enfermedades que bien se podían prevenir con compañas de vacunación a costos relativamente bajos, mientras en algunas ciudades equipos hospitalarios muy sofisticados, que habían costado cientos de millones de pesos, se echaban a perder por falta de uso o de mantenimiento.
SOLO HOSPITALES
Durante las últimas tres décadas, la política de salud estuvo centrada en la construcción de hospitales. Hoy hay unos 850 en todo el país, o sea que en términos estadísticos existe casi uno por municipio, lo que sin embargo, no quiere decir que estén debidamente repartidos. Por el contrario: en algunas zonas hacen falta camas y en otras, hay de sobra. Unos hospitales están quebrados por exceso de ocupación, porque no tienen dónde ni cómo atender a la gente, mientras otros es tán al borde de cerrarse por la razón inversa: permanecen casi todo el tiempo desocupados o con una mínima ocupación de sus camas. En los 850 hospitales hay unas 46 mil camas dispuestas al servicio. Ese número de camas es bajo para la población colombiana, ya que sólo hay 1.64 por cada mil habitantes, siendo que la Organización Mundial de la Salud recomienda un índice de 2 camas por mil habitantes para países como Colombia. Pero lo que indica que la repartición de hospitales y camas dista mucho de ser la adecuada es que, pese a ser pocas según la OMS, la ocupación de las 46 mil camas apenas alcanza un 60 por ciento, cuando el índice de ocupación señalado internacionalmente es del 80 o 90 por ciento.
O sea que no hay camas suficientes y las que hay están tan mal repartidas que sólo están ocupadas un poco más de la mitad, mientras las demás permanecen vacías. SEMANA pudo establecer la existencia de una buena serie de ejemplos que ilustran este desorden. En el Tolima, existe una excelente infraestructura hospitalaria. Al menos eso indican las cifras: ese departamento cuenta con 38 hospitales para un total de 45 municipios. Pero lo cierto es que la cobertura de pacientes está lejos de alcanzar el 100 por ciento, que es lo mínimo que se puede esperar con tanto hospital. Y lo más grave es que las grandes inversiones en esos hospitales mal distribuídos han hecho que los sucesivos gobiernos que los han construído e inaugurado, han olvidado otros problemas prioritarios, haciendo que, por ejemplo, la vacunación infantil apenas cubra a un 50 por ciento de los niños. En Quibdó, el hospital construído en 1920 es hoy una pocilga. Hace 10 años se inició la construcción de uno de lujo, dispuesto a prestar su servicio con 150 camas. Según el ministro de Salud, Jaime Arias Ramírez, "este nuevo centro asistencial está diseñado con las especifcaciones de un hospital de Miami. Se han gastado en él unos 700 millónes de pesos y aún faltan una 10 o 20 millónes más para pensar el darlo al servicio. Lo grave es que en el ministerio estamos seguros de que con 300 millónes de pesos, o incluso con 250 millónes de hoy, se hubiera podido construir un hospital perfecto para la zona, que hacía rato se habría dado al servicio".
Otro tanto sucede en Cúcuta con un nuevo hospital para 500 camas, de las cuales unas 300 sólo serían ocupadas en caso de una guerra con Venezuela, pues con 200 hubiera bastado para cubrir las necesidades de la ciudad, sobre todo si se toma en cuenta que este nuevo centro asistencial está siendo levantado frente a otro "monstruo", construído por el Seguro Social. Según el ministerio, hay unos 20 "elefantes blancos" en proyecto final o construcción en otras ciudades del país como Tunja, Pereira y Medellín.
La proliferación de hospitales en distintos municipios del país corresponde, según las explicaciones dadas a SEMANA por médicos y salubristas, a las presiones de los políticos que prometen a sus electores en cada municipio un hospital o, si son modestos, un puesto de salud, sin que ello tenga mucho que ver con una planeación adecuada de las inversiones.
Casi siempre esas promesas se estrellan contra la planificación del mismo ministerio y por eso no es extraño que algunas obras se demoren 10 y hasta 15 años en ser terminadas, generándose así sobrecostos millonarios. En cambio, son muy pocos los políticos que obtienen votos prometiendo campañas de vacunación o servicios como la fumigación para erradicar la malaria. De ahí que esos rubros encuentren muy pocos promotores a la hora del diseño del presupuesto. El resultado no pudo ser más catastrófico en los últimos tres años: en 1980, cerca de 200 niños murieron sólo en Barranquilla por gastroenteritis y polio; en 1982 y 1983, el Servicio de Erradicación de la Malaria estuvo paralizado por largos períodos por falta de presupuesto, gracias a lo cual el paludismo atacó con furia en el Chocó, la Amazonía y buena parte de la llanura atlántica y el Magdalena Medio.
MUCHO EQUIPO...POCO MANTENIMIENTO
Pero la única causa del "despelote" presupuestal del sector salud no es el afán desmedido por construir hospitales, sin responder a una planeación adecuada. Si levantar hospitales es costoso, mantenerlos en fucionamiento no lo es menos. El costo promedio de la construcción de hospitales en Colombia es de unos 2 y medio millónes de pesos por cama.
Pero mantener en operación los hospitales cuesta un millón y medio de pesos por cama. O sea que si se construye un hospital, con una inversión de mil millónes de pesos, su mantenimiento durante el primer año de operación estará por encima de los 600 millónes.
En cuanto a los equipos, el descalabro no parece ser menos significativo. Si a los políticos les gusta ofrecer a sus electores grandes hospitales, explicaron a SEMANA funcionarios del propio ministerio de Salud, "ni hablar de lo que sucede con 105 equipos. Todo el que patrocina la construcción de un hospital, quiere dotarlo de, por lo menos, un tomógrafo triaxial computarizado, que permita sacar los rayos X por segmentos. Cada aparatico de ésos vale más de 100 millónes de pesos, sin contar los costos de transporte e instalación".
SEMANA pudo establecer que la curiosidad que generan esos equipos no se limita a los políticos de provincia.
Según un administrador hospitalario de una importante clínica privada, "en Bogotá hay unos 9 tomógrafos triaxiales computarizados, cuando con 3 bastarfa para ofrecer un servicio adecuado a los habitantes de la ciudad. Además, las clínicas públicas y privadas que compraron los 9 aparatos tienen hoy grandes dificultades para pagarlos".
Lo incrdble es que muchas veces estos equipos llegan al pais con destino a hospitales que apenas existen en planos y proyectos, y deben ser guardados en guacales que no siempre los conservan en buen estado. Allí, en las bodegas de la Aduana, comienza el deterioro de costosísimos equipos.
Los que sobreviven a esta primera etapa y alcanzan a ser instalados algún día, suelen dañarse durante su operacion, por falta de un adecuado mantenimiento. En su carta de respuesta a las directivas de la Academia Nacional de Medicina, el Presidente Betancur revelaba las siguientes cifras alarmantes: "cerca de un 20 por ciento del equipo importado en la última década, está fuera de servicio; y su reposición costará al país más de cinco mil millónes de pesos". El caos que ha reinado en el Hospital Universitario de Barranquilla desde su inauguración a fines de la década pasada, permitió que se perdieran unos mil 500 millónes de pesos en equipo sofisticado. "O nadie había sabido instalarlo, o nadie sabía manejarlo y, en todo caso, a nadie se le ocurrió darle mantenimiento a aquél que pudo ponerse en funcionamiento adecuadamente" según explicaciones del ministerio.
Un último ejemplo para ilustrar la problemática de los equipos: en Condoto, en el Chocó, donde cocinan con leña, el hospital fue dotado con 3 carros termoeléctricos para el transporte a las habitaciones de las comidas de los pacientes: la inestabilidad del voltaje de la energía que llega al hospital ha impedido que entren en funcionamiento.
"La palabra mantenimiento no existe en el diccionario de la salud en Colombia", según el Ministro Arias.
Y mucho menos la palabra administración, según otros informes.
Dicho con las palabras de la carta de Betancur a los médicos "en el país no hay más de 20 administradores hospitalarios especializados", para gerenciar los 850 hospitales.
Todo esto sin hablar de la casi nula inversión en medicina preventiva: apenas un 5 por ciento del presupuesto del sector salud. Mucho tomógrafo y poco acueducto rural, parece ser la consigna. La infraestructura del alcantarillado en Colombia es inferior a la existente en el Perú y sólo la mitad de los municipios tiene acueducto, sin que esto quiera decir que en la mitad de los municipios es potable el agua. Según el doctor César Augusto Pantoja, secretario de la Academia Nacional de Medicina, "las palabras paludismo, tuberculosis, tétanos y parasitismo, han vuelto a pronunciarse a menudo en los congresos de especialistas, siendo que algunas de ellas están por desaparecer en algunos pafses de Africa y Asia".
En medio de tanto dato desconsolador, una sóla situación alentadora parece tomar forma: aunque el cruce de cartas entre el Presidente y los médicos pasó desapercibido en medio del debate electoral, lo cierto es que, al menos en los sectores de salud está surgiendo una nueva conciencia que promete transformar la filosofía de inversión y planeación. Mientras esto sucede, la actuación del gobierno apenas puede limitarse a traslados presupuestales que permitan el sostenimiento de hospitales y el desarrollo de las campañas de salud, para mantener con vida al paciente.

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