Miércoles, 18 de enero de 2017

| 1987/11/30 00:00

LA AUTOPSIA MISTERIOSA

Investigación sobre extraña muerte de un joven norteamericano en 1969 confirma, por primera vez, que ya había SIDA en Estados Unidos en los años 60

LA AUTOPSIA MISTERIOSA

Como una caja de sorpresas sin fondo, el SIDA continúa planteando interrogantes contradictorios. SEMANA reseñó hace algunos días la aparición de un libro que revela que Gaetan Dugas, un homosexual franco-canadiense jugó papel clave en la introducción y difusión de la enfermedad por todo el territorio de los Estados Unidos en los años 70. "El paciente cero", como le llaman los cientificos, era un auxiliar de vuelo que presumiblemente se contagio con africanos en Europa y se encargó de repartir el virus por las ciudades más importantes de los Estados Unidos ayudado por su oficio y por su especial atractivo. Cuando murió, en 1984, había tenido contactos sexuales al menos con 40 de los primeros 248 casos registrados de los Estados Unidos y seguía convencido de que su enfermedad no era contagiosa por vía sexual.
Semejante revelación se convirtió en la comidilla del tema en los Estados Unidos, y hasta ahora se consideraba un avance significativo en la búsqueda de los orígenes del mal. Pero el SIDA ha demostrado que además de ser letal, es absolutamente impredecible. Las investigaciones tomaron un giro espectacular y polémico la semana pasada, cuando el New York Times reveló que un muchacho de Missouri murió a consecuencia del SIDA en 1969.
El paciente, identificado solamente como Robert R., falleció en 1969 a los 17 años, en circunstancias incomprensibles para los médicos que lo trataron en un hospital de la Universidad de Washington.
El año anterior, Robert R. había aparecido en la clínica con todo un abanico de enfermedades. Lo más intrigante era, a juicio de uno de los médicos, el patologo Robert Drake, "la inflamación de los ganglios linfáticos del cuello y la tumefacción severa y sin razón aparente de sus piernas abdomen y órganos genitales". Aunque los médicos desplegaron sus esfuerzos incluso drenandole quirúrgicamente los ganglios inflamados, la condición del paciente siguió agravandose sin remedio. Con sus fuerzas agotadas, había perdido buena parte de su peso y sufría una violenta infección por clamidia, una bacteria que ataca con frecuencia a los homosexuales y se transmite por vía venérea.
Los médicos confundidos, lo trataron con cuanto antibiótico estaba a su alcance, pero Rober R. murió en 1969, luego de sufrir una crisis de neumonía bronquial.
La autopsia mostró que Robert R., tenía el sarcoma de Kapossi, una forma de cáncer de la piel que hoy se asocia casi indefectiblemente con la presencia del SIDA, y que aunque no tenía sino una pequeña mancha en uno de sus muslos como evidencia externa, el cáncer había invadido virtualmente todo su organismo.
Hoy se conoce que se trataba de un caso de SIDA gracias a que una especialista en clamidia de la Universidad de Washington, la doctora Memory Elvin-Lewis quedó tan impresionada por el caso que pidió que se conservaran congeladas algunas muestras de tejidos del joven, para poder examinarlos con posterioridad. Esa circunstancia permitió que, ante las sospechas de los médicos, publicadas desde 1984, se aplicaran a esas muestras unas pruebas recién desarrolladas para determinar la presencia del virus, con resultados sorprendentes.
Aunque Robert R. nunca admitió ser homosexual, algunas evidencias, como ciertas lesiones rectales y la presencia de hemorroides crónicas, sugirieron a sus médicos que, al menos había sido bisexual. Eso, junto con los resultados positivos de las pruebas, hacen incontrobertible que Robert R. murió a consecuencia del SIDA, en una época en una época que nadie siquiera imaginaba que el virus existía.
Lo que parece indicar esta evidencia, es que el virus hizo varios intentos de afincarse en los Estados Unidos antes de encontrar un vehículo adecuado para el contagio masivo. Se conoce que los medios de transmisión más comunes son las relaciones sexuales, principalmente entre hombres, y la inoculación de los drogadictos por vía intravenosa. En vista de que el contagio sexual no se produce con un sólo contacto, los investigadores creen que era necesario que la enfermedad atacara un núcleo de población muy activa sexualmente, que es precisamente lo que sucedió 10 años más tarde. Y cuando atacó por primera vez a los drogadictos, encontró la vía más adecuada para diseminarse en forma hasta ahora irreversible .
La discusión queda abierta, y lo único seguro hasta ahora es que el SIDA depara aún sorpresas sin fin. ·

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