Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1989/06/05 00:00

LA FARMACOFOBIA

Dejar de tomar las medicinas prescritas por el médico es tan nocivo como autorrecetarse.

LA FARMACOFOBIA


Tan grave como auto-medicarse que es uno de los deportes nacionales, es no seguir las instrucciones para tomar los medicamentos que sí son prescritos por el médico. Dejar de tomar las medicinas recetadas o no tomarlas como se indica, puede ser igualmente nocivo que autorrecetarse. Los resultados son infecciones recurrentes, tratamientos de emergencia o complicaciones médicas serias.

Así como existe la hipocondría, y una de sus consecuencias es la auto-medicación, tambien existe el temor a tomar drogas: la farmacofobia, que se traduce en la negligencia frente a los medicamentos ordenados por un especialista.

Algunas de las razones de este miedo radican en que los médicos no dan suficiente información al paciente sobre lo que le recetan, pero los expertos sostienen que también el alto costo, el tamaño, la forma y aun el color de las drogas, afectan la actitud de la gente frente a ellas. Mientras que aquellas que supuestamente contribuyen a mejorar la apariencia personal--como el minoxidil en los calvos--tiene un alto grado de aceptación, las que producen resultados más sutiles --como las que bajan los niveles de colesterol o la presión-- presentan una mayor resistencia por parte de los pacientes. Asímismo, las que tienen horarios complicados de ingestión, se utilizan para tratar enfermedades prolongadas o las que tienen efectos colaterales desagradables presentan un alto índice de deserción. Y lo que sucede es que si bien el paciente paga por la consulta al médico, pierde su dinero al no seguir el tratamiento tal y como se le prescribió.

Pero aparte de estos aspectos, físicos, hay factores psicológicos que también entran en juego: el temor a crear adicción y la creencia de que seguir un horario riguroso para tomar medicinas es indicio de que las cosas están muy mal. Los especialistas sostienen que hay una creciente tendencia en la gente a creer que cualquier droga puede crearle dependencia, o que tomar medicinas en forma rigurosa es indicio de debilidad. Inclusive, afirman algunos pacientes prefieren aguantar el dolor antes que tomarse una pastilla.

Con frecuencia estas creencias se basan en concepciones erradas. Por ejemplo, algunas personas piensan que sólo deben tomar drogas cuando se sienten enfermas; sin embargo, algunas enfermedades como la hipertensión, necesitan ser controladas con medicinas aunque la persona no se sienta mal. Otra concepción equivocada es que la ingestión frecuente de un medicamento le hace perder efectividad. Aunque es posible desarrollar tolerancia a algunas drogas, esta puede evitarse con un adecuado control médico. Señalan los especialistas que detrás de la decisión de una persona para no continuar tomando un medicamento hay una extraña lógica: algunos pacientes sienten el deseo de probar cuánto tiempo pueden permanecer sin tomar la droga antes de que reaparezcan los síntomas y entonces se saltan su dosis regular. Para otros, resulta muy tentador manejar su dolencia sin necesidad del medicamento, especialmente si éstos tienen efectos colaterales desagradables. Lo que no tienen en cuenta es, que suspender cualquier tratamiento médico, sin contar con el visto bueno del facultativo, puede acarrear serias consecuencias. En el caso de los efectos secundarios, éstos pueden evitarse solicitando al médico un cambio de droga, sin necesidad de interrumpir el tratamiento. Pero también hay otros métodos para contrarrestarlos, uno de ellos es cambiar la hora de tomar el remedio. Por ejemplo,las drogas anti-inflamatorias, que generalmente causan problemas gástricos, pueden tolerarse mejor si se ingieren con las comidas. Por otra parte, algunos efectos molestos de los medicamentos desaparecen después, a medida que el organismo asimila mejor la droga.

Por principio, todo paciente debe saber qué droga toma, cuáles son sus efectos y por cuánto tiempo debe seguir el tratamiento. También es importante que el médico sepa si padece alergias o si está tomando alguna otra clase de droga. Y si se trata de una mujer, si está embarazada o si planea estarlo.

Uno de los casos más frecuentes de deserción en los tratamientos es el que se refiere a los antibióticos. La persona deja de tomarlos en cuanto se siente mejor, sin tener en cuenta que el suspenderlos puede acarrearle que la infección que se está tratando vuelva a presentarse. Y estas consecuencias generalmente no son advertidas por el médico al paciente. Lo que los estudios han demostrado es que si un paciente recibe suficiente información sobre el tratamiento, se muestra más dispuesto a seguirlo. Las encuestas indican que el 40% de los pacientes no reciben información adecuada sobre el medicamento que les recetan ni sobre las posibles consecuencias de no tomar la dosis indicada por el tiempo prescrito. Y esto es importante. Un paciente que siente que su médico está comprometido con su tratamiento está más dispuesto a seguir al pie de la letra sus indicaciones y, por consiguiente, obtendrá mejores resultados .

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