Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2007/07/28 00:00

La gordura se pega

Un estudio revelador mostró que la obesidad se contagia no sólo por la familia sino también por los allegados.

La gordura se pega

Dime con quién andas y te diré cuánto vas a pesar. Esa parece ser la conclusión de un estudio publicado la semana pasada por la revista New England Journal of Medicine en el que se sugiere que la obesidad se contagia de persona a persona, como sucede con la gripa. Si bien una dieta poco balanceada y una vida sedentaria ponen en riesgo a cualquiera, tener un allegado obeso le puede generar un 57 por ciento más de posibilidades de engordar que tener amigos en el peso ideal.

Al descubrir que la gordura se propaga como un virus, los investigadores le dieron fuerza a la teoría de la epidemia de la obesidad, que surgió ante la dificultad para explicar la marcada tendencia al aumento de peso en el mundo. Aunque admiten que hay factores genéticos que ponen en riesgo a las personas, dudaban de que sólo el ADN explicara las alarmantes cifras de obesidad en los países industrializados. En Estados Unidos, en los últimos 25 años, el número de obesos ha aumentado de 15 a 32 por ciento y el 66 por ciento de los adultos en ese país cae en esta descripción.

Ese fue el punto de partida de Nicholas Christakis, profesor de sociología médica de la Universidad de Harvard, y de James Fowler, profesor de ciencia política de la Universidad de California en San Diego. "Se volvió una moda hablar de la epidemia de obesidad y empezamos a preguntarnos si había una real propagación de este problema de persona a persona", dijo Christakis a la revista Scientific American. Ambos se dieron a la tarea de analizar datos del estudio Framingham, hecho para conocer los riesgos de enfermedad coronaria. Por tratarse de un seguimiento a largo plazo de una población específica, el trabajo les dio a los investigadores una oportunidad única para hacer el estudio. Los expertos analizaron los datos de más de 12.000 personas en un período de 32 años y encontraron que si una persona engordaba, su pareja tenía un 37 por ciento de convertirse en obesa. Entre hermanos esa cifra es de 40 por ciento, lo cual es entendible si se tiene en cuenta que los miembros de grupos familiares comparten un mismo ambiente físico. Pero lo más curioso fue observar que la mayor influencia se daba entre amigos. Si alguien con problemas de obesidad catalogaba a otro de amigo, a esa persona se le incrementaba el riesgo de obesidad en 57 por ciento. Sin embargo, la influencia no se da entre simples conocidos. Por el contrario, el tipo de amistad demostró ser importante pues se requiere que el cariño profesado sea mutuo. En dicha situación la posibilidad de obesidad incrementa a 171 por ciento. "Todo depende de la naturaleza del vínculo", dijo Christakis en un video publicado en el portal de la Universidad de Harvard. "Por fortuna el gordo Martínez vive lejos", pensarán aliviados algunos. Para desconsuelo de quienes creen que la distancia los protege, el estudio encontró que la influencia se da sin importar la ubicación geográfica de las amistades. Los vecinos con quienes se tiene apenas una relación casual, por ejemplo, no afectan el riesgo. Pero un gran amigo que vive a cinco horas en carro, sí. Lo anterior indica que la distancia social es más importante que la geográfica. El género también influye: amigos del mismo sexo tienen un impacto mayor que cuando se trata de relaciones entre personas de diferente sexo.

El gran interrogante del estudio es por qué la obesidad se propaga con este patrón particular. Algunos creerán que los gordos tienden a juntarse por simple empatía, pero los expertos consideran que una amistad entrañable propicia la epidemia debido a que un amigo que se sube unos kilos de más le ayuda a cambiar al otro sus normas acerca del sobrepeso, incluso puede llegar a afectar la comida que consume. En otras palabras, observar a todos a su alrededor como figuras de Botero, hace ver la obesidad como algo normal. "No es sólo imitación de un comportamiento, sino un cambio en la percepción general de las normas sociales relacionadas con la aceptación de la obesidad. Una persona puede observar que su amigo sube de peso y sentir así que puede también ganar unos cuantos kilos", escribieron los autores en el trabajo. La pareja no tiene tanta influencia, según Fowler, debido a que no es a ella, sino a los amigos, a quienes una se busca para decidir cuál es la imagen corporal apropiada, cuánto ejercicio hacer o qué comer. La influencia se da a tres grados de separación. Esto quiere decir que un gordo no sólo afecta la figura de su amigo, sino la del amigo de su amigo y la del amigo del amigo de su amigo.

Con el trabajo Christakis y Fowles no pretenden que por los kilos de más se acaben amistades de vieja data, sino mostrar que así como las redes sociales propagan la epidemia, también pueden ser un mecanismo importante en la manera como se ataque el problema. "La obesidad no es un fenómeno individual sino colectivo y se debe mirar así para prevenirlo. Si se interviene a una persona, el efecto que ello tendrá en su grupo social va a ser mayor del que se pensaba", advirtió Christakis.

Los médicos dicen que el trabajo abre un nuevo camino en la comprensión y el tratamiento de la obesidad. Otros le ven un problema. En las ciencias naturales es importante que un hallazgo se pueda replicar en otros estudios para así confirmar su veracidad. En este caso sería difícil, pues sólo el de Framingham ha recogido datos detallados durante tanto tiempo.

Aunque para algunos resulta novedoso pensar en la obesidad como algo "prendedizo", para los autores no lo es. Varios trabajos han mostrado que existe una relación muy estrecha entre la salud y las redes sociales. Uno de los casos más conocidos es el efecto de la viuda, en el que se demuestra que una persona tiene un riesgo mayor de morir si su pareja ha fallecido. También se sabe que tratar la depresión de un padre mejora la salud de los hijos, y que usar el cinturón de seguridad puede prevenir la muerte de otro en el carro. El año pasado Christakis mostró que una enfermedad severa como la demencia en uno de los esposos empeora la salud del otro, tanto como sucede en el efecto de la viuda. Ahora el turno es para la obesidad. Muchos factores pueden explicar el incremento de personas con este problema: cambios en la comida, menos ejercicio o más tecnología que ahorra trabajo. Las redes sociales podrían ser otro elemento más para tener en cuenta.

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