Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1990/09/10 00:00

LA GRAN DIFERENCIA

El "cerebro hormonal" y no el intelectual es el que hace las grandes diferencias entre los dos sexos.

LA GRAN DIFERENCIA

Si las feministas lo hubieran sabido, no habrían botado tanta corriente inútilmente. Por encima del machismo, son las hormonas las que hacen la gran diferencia entre los dos sexos. Por culpa de las hormonas, los hombres son más dominantes y más hábiles para las matemáticas pero también más vulnerables al infarto. Y es por culpa de las hormonas que las mujeres son más susceptibles a los efectos del alcohol, pero también más resistentes a los estragos del colesterol y a las infecciones. Al parecer, aquella "petit difference" de que tanto se habla, es biológicamente más importante de lo que siempre se había pensado.

Genéticamente hablando, la diferencia entre hombres y mujeres es la presencia o ausencia del cromosoma Y. El resto, es cuestión de hormonas.

En el desarrollo del embrión, cuyo cuerpo de base es hembra, el papel del cromosoma Y es el de obligar a las gónadas a crear un testículo que producirá la testosterona, hormona masculina indispensable para el desarrollo masculino del feto. Pero así como existe una masculinización del cuerpo por influencia del cromosoma Y, hay también una masculinización del cerebro, o más exactamente de una parte de éste, el hipotálamo.

Es el cerebro hormonal y no el intelectual el que hace las grandes diferencias entre la mujer y el hombre, por las hormonas que "organizan" las estructuras nerviosas en el sentido masculino. Un experimento realizado con ratas ha dado la prueba científica: una inyección de hormonas masculinas a ratas recién nacidas va a masculinizar su cerebro. En la edad adulta, estas ratas hembras presentan extrañas particularidades: son estériles el hipotálamo masculinizado no podrá reaccionar a la hormona femenina que provoca la ovulación, sus organismos van a adquirir una conformación muscular masculina y manifiestan un comportamiento más agresivo y atacante que una hembra no tiene, salvo para proteger a sus crias, similar al de los machos en sus madrigueras.

Más extraño todavía, la masculinización del cerebro no es realizada, como podría creerse, por la testosterona, la hormona masculina secretada por los testículos. Es la transformación de esta testosterona en una hormona femenina estradiol la que modifica las células nerviosas y entralia, en el hombre, la formación de un cerebro masculino. Por una asombrosa reacción química la testosterona se transforma, mientras la reacción inversa es químicamente imposible. Este mecanismo de masculinización del cerebro y sus alteraciones explica un gran número de problemas que sobrevienen algunas veces en las mujeres: manifestaciones de virilidad como hirsutismo, hipertrofia muscular o clitoridiana, etc.

La culpa de todo la tiene la hipófisis, la pequeña glándula que actúa como director de orquesta de las hormonas. Dos entidades químicas absolutamente idénticas en los dos sexos tienen efectos diferentes. En el caso de la mujer es rítmico y en el hombre es tónico. Mientras en la mujer esa producción hormonal ordena un ciclo ovárico, con una descarga que provoca la ovulación, en el hombre, por el contrario, estas hormonas son liberadas continuamente. Otro ejemplo, en el plan hormonal, de esta sagrada diferencia se da en el metabolismo, o transformación, de las hormonas que no es igual en uno y otro sexo. Si uno administra la misma hormona por ejemplo la testosterona a un hombre y a una mujer, la metabolización, es decir las nuevas moléculas creadas por las enzimas, son sistemáticamente diferentes.

A grandes rasgos las diferencias dadas por las hormonas en el organismo femenino y masculino son: Hormonas aparte, existen también algunas conocidas diferencias en el cerebro de la pareja humana: el cerebro femenino es menos asimétrico que su homólogo masculino. Y la mujer posee una mayor comunicación entre los dos hemisferios. Como resultado, la percepción espacial es mejor en el hombre mientras, en revancha, la mujer posee una mejor aptitud verbal. En consecuencia, hay más niños zurdos que niñas, pero ellos tienen más tendencia a servirse más fácilmente de las dos manos, ambidextros. La dislexia se presenta más en los niños que en las niñas. Y la tartamudez parece ser una especialidad masculina. Y después de un accidente o un ataque que lesione el hemisferio izquierdo, las mujeres se recuperan mejor. Ellas tienen tres veces menos riesgo de sufrir problemas de lenguaje. En cambio, ellos parecen poseer una aptitud especial para las matemáticas. Algunos estudios ven en esta habilidad una relación biológica: los investigadores han señalado que niñas cuyas madres habían recibido durante la gestación, dosis de testosterona, parecían tener mejores resultados en los test matemáticos que las otras niñas.

Otro ejemplo claro de diferencia biológica se da en el sistema inmunológico. La glándula clave, el timo, es más fuerte en las mujeres que en los hombres. Los niveles de anticuerpos son más altos en la mujer que en el hombre: la prueba está en que las niñas reaccionan mejor a las vacunas que los niños. En la mujer, los estrógenos actúan como protectores contra las infecciones. Pero esto también hace que, en caso de trasplante de órganos, el rechazo es más fuerte en el sexo débil. También el número de patologías concernientes al sistema inmunológico es mayor en la mujer: tiroiditis, insuficiencia renal primaria, artritis rematoidea, diabetes, etc. Como en cuestión de hormonas nada es simple, hombre y mujer producen cada uno un poco de hormonas del otro sexo. Y las consecuencias de la presencia de estas hormonas "contrarias" se manifiestan con la edad. Después de la menopausia, en el momento en que las hormonas femeninas tocan a retirada, aquellas hormonas masculinas, las andrógenas, empiezan a subir la colina: los desagradables pelos aparecen, las facciones se resaltan, la piel pierde su tersura. La mujer se viriliza en poco. Del lado de los hombres la cosa no es mejor. Si bien no hay una andropausia verdadera, las hormonas masculinas son, sin embargo, menos activas y contrarrestan menos violentamente a sus hermanas femeninas. Al envejecer, el hombre se feminiza un poco, sus formas tienen frecuentemente tendencia a redondearse, a menudo el pecho se desarrolla y hay menos barba e impusos sexuales. Por algo dicen que, en la vejez, las parejas tienden a parecerse.

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