Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2003/03/24 00:00

La penicilina del siglo XXI

El botox no sólo sirve para ocultar arrugas. Diferentes estudios demuestran que es una droga prodigiosa.

Para la mayoria de las mujeres mayores de 35 años el botox es como una bendición del cielo porque les ayuda a ocultar las arrugas de la expresión y las patas de gallina que se forman cuando se ríen. Pero ahora son los médicos neurólogos y de otras especialidades quienes la están catalogando como una droga prodigiosa por su efectividad en el tratamiento de muchas enfermedades, como dolores de cabeza, obesidad y dolores musculares.

Ya se conocían muchas de sus aplicaciones diferentes a la cosmética. De hecho, está aprobado en más de 70 países para parálisis cerebral juvenil, estrabismo, pestañeo incontrolable y sudoración excesiva. Pero ahora se encuentran en etapa de desarrollo diferentes estudios clínicos que han mostrado resultados muy prometedores para dolores de espalda baja, incontinencia y codo de tenista. No en vano algunos, como el profesor Jean Carruthers, de la Universidad de British Columbia, en Canadá, se atreven a llamarla la penicilina del siglo XXI por su versatilidad contra una cantidad de enfermedades muy distintas.

Por ejemplo, los científicos están examinando en el laboratorio de qué forma la toxina puede debilitar los músculos del estómago para así controlar la obesidad mórbida. También sería muy útil para las úlceras pues podría disminuir el movimiento de los músculos que emiten los ácidos gástricos en el esófago. Aún más, los expertos han visto resultados muy prometedores en pacientes con problemas en sus cuerdas vocales, que vuelven a recuperar el habla gracias a esta sustancia. Se cree que puede ser muy efectivo para calmar los espasmos vaginales y permitir a las mujeres tener una sexualidad más placentera. Casi todas los músculos que pueden causar espasmos se están analizando bajo los efectos de esta toxina.

Pero uno de los trabajos más llamativos es con pacientes que sufren incontinencia urinaria. El urólogo Gregory Bales, del hospital de la Universidad de Chicago, está experimentando con inyecciones de botox en las paredes de la vejiga y en cuestión de minutos los pacientes dejan de sufrir de espasmos y el órgano recobra su tamaño normal. Bales les aplica todos los días este tratamiento a 15 personas que, de no ser por el botox, tendrían que someterse a una cirugía. Su mecanismo de acción es incierto pero se cree que bloquea la salida de la acetilcolina, que es la encargada de decirles a los músculos que se contraigan.

Aunque muchos de estos estudios aún no han concluido los médicos están asombrados del potencial de este medicamento que se extrae de una bacteria común. Aunque es prácticamente un veneno, en pequeñas dosis puede lograr disminuir el movimiento de los músculos sin llegar a paralizarlos y sin que esto constituya un riesgo para la salud. Además su riesgo es mínimo pues se necesitarían dosis muy grandes de esta sustancia para que fuera letal al organismo humano.

Una de las ventajas que tiene el botox es que actúa en el sitio indicado, lo cual es una ventaja en el tratamiento del dolor pues no tiene mayores efectos secundarios, como los problemas de úlceras y gastritis. La otra gran ventaja es que los efectos duran unos cuantos meses y en este sentido cualquier error puede ser enmendado.

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