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| 11/29/2008 12:00:00 AM

La rompecorazones

La enfermedad cardiovascular coronaria cada vez ataca a personas más jóvenes. Si bien es la mayor causa de muerte en el país, se puede combatir si se cambia de hábitos.

Todos los médicos lo saben, pero mucha gente aún no: las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte en todo el mundo. A pesar de esto, las campañas de prevención y educación dejan de lado a este mal que según la Organización Mundial de la Salud (OMS) mató a 17,5 millones de personas en 2005 (año hasta donde se tienen datos actualizados). Dentro de estas enfermedades están los eventos cerebro vasculares, la enfermedad arterial periférica y la arterial renal, entre otras. Pero, sin duda, la enfermedad coronaria es la reina. Esta fue la responsable de 7,6 millones de esas muertes.

En Colombia la situación no es diferente. Según datos del Dane, solamente por infarto murieron 25.319 personas mayores de 45 años en 2005. Jorge Mor, cardiólogo hemodinamista de la Fundación Santa Fe, dice que sumadas todas las enfermedades relacionadas con el corazón, éstas acaban al año con la vida de unos 50.000 colombianos actualmente.

La enfermedad cardiovascular aguda se puede manifestar con la muerte súbita, con infartos o con la angina de pecho. La primera es la más letal, pues el primer aviso suele ser el último. Estos son los casos de personas que nunca tuvieron ningún dolor ni síntomas, pero en un segundo se desploman y mueren a causa de una arritmia. Según los expertos, el 50 por ciento de los fallecimientos por enfermedad cardíaca son por muerte súbita. Esta es la razón por la cual en los países más desarrollados se colocan desfibriladores en lugares de alta concentración de personas, como estadios, centros comerciales y aeropuertos, y se instruye a la población para que sepa cómo usarlos. Con estos se aplica un choque eléctrico que restablece el ritmo normal del corazón. En Colombia, lastimosamente, falta mucho por hacer en ese sentido.

El infarto agudo de miocardio, más conocido como ataque al corazón, es la segunda manifestación más peligrosa. Este es el desenlace de la obstrucción de las arterias que llevan sangre al corazón, producida por un proceso de endurecimiento llamado aterosclerosis. El doctor Gilberto Estrada, cardiólogo de la Clínica Shaio, lo explica "como algo similar al óxido que se va formando en un tubo galvanizado. Se empieza a desarrollar una cantidad de placas sobre las que se va depositando el colesterol, las plaquetas o el calcio". Estas placas en un momento se rompen y se forma un coágulo que tapona la arteria. Eso mismo puede ocurrir en el cerebro, en los riñones o en las piernas.

En este caso se presenta un dolor en el pecho que se desplaza al cuello o el brazo, palidez y sudoración. Como da aviso, eso le da oportunidad al paciente de llegar a tiempo a una institución médica, o sea dentro de las tres o cuatro primeras horas. Hoy existen varias medidas que puede tomar un equipo médico para que el infarto no sea sinónimo de muerte. Entre ellas está el cateterismo, que es la introducción de un dispositivo que ayuda a disolver el tapón en la arteria. Pero en Colombia sólo las ciudades principales cuentan con clínicas equipadas con salas de hemodinamia para hacer este tipo de procedimientos, y no todas lo ofrecen las 24 horas. Germán Gómez Segura, presidente del Colegio Colombiano de Hemodinamia, toma el caso de Bogotá. "Aquí hay unos 25 sitios en donde se puede hacer cateterismo, pero sólo cinco atienden las 24 horas. En los otros toca enfermarse en una hora hábil porque en muchos casos los médicos viven muy lejos de la clínica".

Por eso, una parte de la comunidad médica está tratando de imponer la trombólisis farmacológica, que es el uso de un medicamento que el doctor Estrada compara con el 'diablo rojo' que se usa para destapar cañerías y que en este caso produce un estado de anticoagulación en todo el cuerpo. "El uso de trombolíticos se tiene que imponer sobre todo en las clínicas lejanas y pequeñas. Por eso estamos trabajando en instaurar una red de trombólisis en todo el país, para crear conciencia, sobre todo en los servicios de urgencias, para que utilicen esta estrategia. Eso lo puede hacer cualquiera y sólo se necesita un electrocardiograma y un criterio médico juicioso", explica Estrada.

La tercera manifestación de la enfermedad cardiovascular coronaria es la angina, que es la más benévola de todas. Se trata de un dolor en el pecho que se presenta cuando la persona hace esfuerzo, está estresada o se emociona. En estos estados el cuerpo produce sustancias que hacen que las arterias disminuyan su calibre, por lo cual no llega la sangre suficiente al corazón. Aunque la angina generalmente no mata, es como el bombillo rojo de un carro que indica que algo está mal y puede ponerse peor.

Mal de todos

Hace unos años se creía que la enfermedad cardiovascular coronaria sólo afectaba a los hombres mayores de 45 años y a las mujeres después de la menopausia, pero eso se está convirtiendo cada vez más en un mito. Todo parece estar relacionado con el ritmo frenético de la vida actual en el que la gente vive estresada, es más sedentaria y se come mal. Estrada asegura que hace 35 años ver a una persona de 30 infartada era algo muy raro, "un momento histórico". Hoy es normal. En ese grupo también están los jóvenes que consumen cocaína y otras drogas, ya que esta sustancia produce contracción de los vasos, especialmente en las arterias coronarias. Se ha vuelto tan frecuente, que a todos los pacientes menores de 40 que llegan a la clínica infartados se les pregunta si han consumido cocaína.

Por otro lado, el doctor Mor dice que "en el pasado se pensaba que las mujeres antes de la menopausia estaban protegidas por las hormonas, pero con su entrada al mundo laboral y competitivo ellas también están sufriendo infartos más jóvenes. Es una enfermedad que va evolucionando con el estilo de vida".

Hay muchos factores de riesgo como la edad, el género y la genética que predisponen a sufrir un episodio cardiovascular, con los que no se puede hacer nada. Un caso especial es el de los diabéticos, que tienen el factor de riesgo más grande de todos. Ellos deben cuidarse mucho más que las demás personas, ya que el 80 por ciento tiene problemas cardiovasculares. "Deben ser conscientes de la importancia de no dejarse engordar, de hacer ejercicio y controlar la tensión y el azúcar. Tienen que enfrentar los otros factores de riesgo más agresivamente", dice Estrada.

Pero hay otros factores modificables relacionados con los hábitos de las personas. Entre ellos están tener una dieta equilibrada, hacer ejercicio regularmente y no fumar (Ver recuadro). Con un simple cambio en el estilo de vida se puede reducir el riesgo hasta en el 60 por ciento. Todos los expertos están de acuerdo en que no hay que esperar a tener un infarto para tomar las medidas necesarias. De ahí que los médicos hagan un llamado a que se promuevan campañas de educación dirigidas a los jóvenes, similares a las que se hacen con otras enfermedades como el sida o el cáncer de seno.
 
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