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| 7/22/2006 12:00:00 AM

La salud pública, el gran perdedor

Estados Unidos quiere con el TLC presionar a Colombia para que se le impongan nuevas barreras a los genéricos sin medir el daño que esto pueda ocasionar.

La falta de acceso a medicamentos es un grave problema social. Ochenta por ciento de la producción de fármacos se consumen en los 12 países más desarrollados. Paralelamente, 2.000 millones de habitantes carecen de acceso a medicamentos esenciales. En consecuencia, cada día mueren en el mundo 40.000 personas, de enfermedades curables, 90 por ciento de ellas pertenecen a los países en desarrollo.

Colombia no es excepción, ya que la mitad de la población carece de acceso suficiente a medicamentos porque no pertenecen al sistema de salud o no pueden pagar de su bolsillo los remedios que el sistema no suministra.

El instrumento más efectivo para bajar los precios y mejorar el acceso es estimular la oferta de genéricos (de marca y con denominación genérica). Al finalizar una patente, el precio del producto cae hasta 80 por ciento, dependiendo del número de competidores que entran al mercado.

En Colombia los genéricos cuestan cuatro veces menos que los innovadores, en promedio, y hasta 25 veces menos en casos puntuales. Esta circunstancia, sumada a la buena calidad de los productos, ha determinado su auge, al punto que hoy abastecen el 67 por ciento del mercado nacional.

Preocupado porque su industria farmacéutica ha perdido esta tajada del mercado, Estados Unidos permanentemente presiona a Colombia para que establezca nuevas barreras para los genéricos, sin importar el daño que ello pueda ocasionar a la salud pública. Un ejemplo es el TLC, el cual contiene varios estándares de propiedad intelectual concebidos para demorar el ingreso de los genéricos al mercado: patentes de plantas (artículo 16.9.2), patentamiento de invenciones sin aplicación industrial (artículo 16.9.1), alargamiento de las patentes (16.9.b), linkage (artículo 16.10.3), protección de datos 2085 plus (art. 16.10.1).

Además, aunque el TLC no establece las patentes de uso, algunos estiman que la expresión "o su método de uso", utilizada en el artículo 16.10.3, podría implicar el compromiso de otorgarlas. Un drama para la salud pública, pues generaría miles de patentes de productos que nunca tuvieron monopolio o lo perdieron.

Consciente de este riesgo, el presidente Uribe acordó con Estados Unidos que aquella expresión no implica este compromiso. Infortunadamente, Estados Unidos no permitió incorporar este acuerdo al TLC. Únicamente consta en la 'Ayuda de Memoria' de la reunión, pero ésta no fue firmada por Estados Unidos ni está en los anexos del Tratado, por lo que su valor probatorio es cuestionable.

Un estudio de la OMS concluyó que un TLC con estándares como los enumerados atrás (sin patentes de uso) ocasionaría en Colombia un aumento del gasto en salud del orden de 900 millones de dólares al año. Como no hay disponibilidad presupuestal, el TLC podría dejar sin medicamentos a varios millones de personas. En sida privaría de ARV a 4.400 pacientes por año, los cuales morirían en un promedio de cinco años.

Conviene aclarar que el estudio, por ser anterior al cierre del TLC, no contempla todas las variables negociadas. Sin embargo, como algunas de éstas disminuyen el impacto y otras lo agravan, para su director si se corriera el modelo con base en todas ellas los resultados serían parecidos. O sea que la salud pública es el gran perdedor del TLC.

El gobierno debe sustraer del debate jurídico el tema de las patentes de uso, al incorporar al TLC de manera vinculante la Ayuda de Memoria citada. Igualmente, implementar los mecanismos negociados en forma tal que se amortigue su impacto. En su defecto, nuestras esperanzas están en el Congreso y la Corte Constitucional, a los que compete improbar las cláusulas contrarias a los derechos fundamentales. ¡El acceso a los medicamentos, por su conexión directa con el derecho a la salud y la vida, no es negociable!
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