Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1989/11/27 00:00

Las voces del silencio

No sólo las letras confunden a los niños: muchos encuentran dificultad para aprender a "leer" el lenguaje no verbal.

Las voces del silencio

Las malas notas y la pereza de levantarse para ir al colegio no son necesariamente consecuencia de la vagancia. Los últimos estudios en sicología infantil demuestran que no sólo por "locha" los niños tienen problemas en el colegio. Una gran parte pueden ser ocasionados por la inhabilidad de los pequeños para entender los mensajes no verbales o eso que los especialistas llaman el "lenguaje gestual". Una mirada, el tono de la voz o la cercanía de la persona con quien hablan puede ser suficiente para que el niño se sienta agredido. Los mensajes no verbales son todas aquellas cosas que se dicen con la expresión del cuerpo o con una actitud, sin utilizar palabras. Por no saber interpretarlos, estos niños pueden islarse de los demás sin que los adultos sepan cuál es la razón.
"La falta de popularidad o de éxito en el colegio y en los estudios puede deberse, por tanto, a la imposibilidad que tiene el niño para interpretar lo que los otros quieren decir", asegura el doctor Stephen Nowicki de la Universidad de Emory, en Atlanta, Estados Unidos, donde se han llevado a cabo numerosos experimentos con niños que presentan este tipo de problemas.
La dificultad radica precisamente en la percepción visual y auditiva de los pequeños. El problema no es lo que ven sino cómo lo interpretan: un dedo que señala no es necesariamente ofensivo, pero el pequeño así lo puede percibir, un ceño fruncido no es necesariamente recriminativo, pero si el niño no escucha lo que su interlocutor dice sino se concentra en su gesto, logicamente se siente agredido. La clave para superar esta inhabilidad está en que el niño aprenda a discriminar entre los miles de mensajes que recibe diariamente. Es definitivo que los pequeños aprendan a captar qué es lo verdaderamente importante de todo lo que se les dice y, sobre todo, lo que les concierne a ellos. El tono de voz alto de su profesora cuando recrimina a un compañero por no hacer la tarea, no es un regaño o una indirecta para él; la cercanía de su compañero cuando le habla, no es un gesto agresivo, por el contrario, puede ser una muestra de intimidad.
Lo que hace más complicado el problema es que no solamente cuenta la incorrecta interpretación que hace el niño de lo que los otros quieren decir, sino que él, por no conocer el lenguaje gestual, a su vez transmite a los demás mensajes equivocados. El caso más común entre estos niños es el de comunicar demasiada felicidad o ansiedad a los demás, al utilizar un tono de voz alterado o incluso movimientos exagerados que pueden parecer como agresividad. Los otros pequeños, angustiados ante esta avalancha de emociones, prefieren alejarse del niño. Este empieza eventualmente a sentir que ha perdido control sobre sus relaciones con los demás, se siente frustrado y prefiere callar y aislarse. Otro problema que presentan estos niños es el de no saber medir distancias. Con frecuencia, se acercan demasiado a su interlocutor ocasionando también una reacción de temor en los otros pequeños; cuando hablan con un adulto, este instintivamente puede alejarse, causando en el niño una sensación de rechazo.
Aunque gran parte de este tipo de problemas tienen origen emocional, también pueden deberse a un factor orgánico. Una dificultad para escuchar u observar lo que sucede a su alrededor puede llevar a que el niño malinterprete las situaciones. Así, puede acercarse demasiado a la otra persona por no escuchar bien lo que se está diciendo o, de la misma manera, no ver bien los gestos de los demás, sino escuchar únicamente lo que dicen, puede hacer que el niño interprete como un regaño algo que, por el contrario, es estimulante para él. Solamente un examen médico detallado, realizado anualmente, puede descubrir este tipo de problemas, porque los niños rara vez los identifican por ellos mismos o, si lo hacen, prefieren callar.
Sea cual sea la razón por la que se presentan, los sicólogos consideran que este tipo de anomalías se puede comparar con las de aprendizaje, específicamente con los problemas de lectura. "Tengo varios casos, especialmente a nivel preescolar, es decir, antes de que los pequeños aprendan lecto-escritura", afirma la sicóloga Pilar Atuesta, especializada en niños con problemas de aprendizaje. "El problema definitivamente está en su dificultad para discriminar entre lo importante y lo que no lo es cuando otra persona se dirige a ellos", explica la doctora.
El tratamiento para corregirlo es similar al que se utiliza para trata problemas de lectura. La mayoría de sicólogos utilizan fotografías en las que se muestra al niño una emoción específica. Se le pide al niño que describa lo que ve: angustia, tristeza alegría, incertidumbre, y se le enseña a diferenciar las distintas emociones. Se les pide también que describan el gesto que ellos harían en determinadas situaciones: si recibieran el regalo que siempre han querido, si sintieran miedo, si se despidieran de su amigo más querido, etc. Si se detecta un problema para manifestar sus emociones y si, además, el niño presenta bajo rendimiento en el colegio, es necesario iniciar un tratamiento.
Mientras más tiempo pase, el problema empeorará. "Entre los niños en edad preescolar el tratamiento es sencillo: se les lee un cuento y se les pide que lo repitan para ver cómo lo interpretan, se les muestran dibujos y láminas para que ellos inventen una historia, etc. Los efectos del tratamiento se ven relativamente pronto", explica la doctora Atuesta.
Numerosos estudios que se han realizado entre adolescentes de 9 a 11 años, han demostrado que a esta edad es crucial para el niño haber superado el problema, porque es cuando empieza a entablar relaciones con miembros del sexo opuesto y su inhabilidad puede ocasionar traumas adicionales. El hecho de entablar amistades con personas con quienes aparentemente no se tiene mucho en común (sexo opuesto) es de por sí angustioso para los pequeños; si a ello se le agregan problemas de lectura de mensajes, la situación se agudiza aún más.
Aunque existen diferentes opiniones acerca del origen de esta situación, de sus causas y consecuencias, los sicólogos parecen estar de acuerdo en una cosa: se trata de un problema de comportamiento social, de acoplamiento a una sociedad que exige que nos comuniquemos utilizando el mismo lenguaje. Por eso, aunque aún no hay una forma de prevención, es importante detectar el problema a tiempo y darle una pronta solución para que el niño pueda sobrevivir el kinder y el colegio.

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