Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2006/08/12 00:00

Los champiñones de la felicidad

Científicos descubrieron que los hongos alucinógenos producen experiencias místicas, mejoran el estado de ánimo y podrían ser utilizados contra la depresión y la drogadicción.

Los champiñones de la felicidad

Se sabe que el uso de hongos alucinógenos en rituales místicos fue común en algunas culturas milenarias. En las cuevas Tassili del Sahara se han encontrado pinturas de humanoides con cabezas en forma de hongo, y en 1953 los estadounidenses Valentina y Gordon Wasson descubrieron en México los vestigios de un ancestral culto a este organismo. El escritor Terrence McKenna expuso que dichos alucinógenos eran centrales en los misterios eleusinos de la antigua Grecia e incluso que tuvieron un papel esencial en la evolución del mono al hombre. Durante los 60, el movimiento hippie los usaba para expandir la conciencia, pero pronto vino su prohibición y las nacientes investigaciones científicas sobre sus propiedades terapéuticas se vieron truncadas.

Esta semana, la revista Psychopharmacology publicó la más rigurosa investigación realizada sobre la psilocibina, el ingrediente activo de los hongos alucinógenos, una sustancia que no genera dependencia. Fue llevada a cabo por el equipo del profesor Roland Griffiths de la facultad de medicina de la Universidad Johns Hopkins, y en resumidas cuentas reveló que induce experiencias místicas y mejora el estado de ánimo.

El estudio se realizó en 36 adultos de edad media y bien educados. Ninguno había probado sustancias alucinógenas, pero todos participaban regularmente en actividades religiosas o espirituales, como asistir a los servicios de sus iglesias, orar, meditar o cantar en el coro de sus templos. Se tuvo en cuenta que en su historial familiar no aparecieran condiciones como la esquizofrenia o el desorden bipolar.

Los participantes recibieron la dosis de psilocibina -catalogada como "alta pero segura"- en una de dos sesiones, y en la otra se les administró Ritalina como placebo. Ninguno sabía en cuál tomaría el sicoactivo, para disminuir el riesgo de que la expectativa influyera en sus percepciones.

Las sesiones de ocho horas tuvieron lugar en una confortable sala con música suave y luces indirectas. En ellas se les pidió a los participantes, luego de tomado el fármaco, que cerraran los ojos y dirigieran su atención hacia su interior. Varios científicos calificaron los comportamientos de los voluntarios durante las pruebas. Los participantes, además, llenaron 10 cuestionarios -reconocidos para indagar los efectos de los alucinógenos y las experiencias místicas- justo después de las sesiones, así como pasados dos meses.

Un tercio de ellos admitió sin dudarlo que había sido la experiencia espiritual más importante de sus vidas y 22 dijeron haber tenido una "experiencia mística completa". El 66 por ciento la clasificaron entre las cinco más significativas de sus vidas, tan importante como el nacimiento de un hijo o la muerte de un padre. En los cuestionarios aplicados dos meses después, el 79 por ciento reportó que sus estados de ánimo, actitudes y comportamientos habían mejorado notoriamente, lo que fue confirmado en entrevistas con sus familiares, amigos y compañeros de trabajo.

Aunque los efectos adversos estaban estrictamente controlados, casi una tercera parte de los participantes reportaron sensaciones como miedo e instantes de paranoia. Por eso, los autores del estudio advirtieron sobre los peligros de consumir la sustancia sin supervisión. "Bajo condiciones muy definidas y con una preparación cuidadosa, se puede vivir con seguridad una experiencia mística primaria", dijo Griffiths en un comunicado de prensa.

Por lo pronto, el científico planea un experimento con pacientes terminales de cáncer que sufren depresión y ansiedad y está diseñando estudios para probar la psilocibina en los tratamientos contra la dependencia a las drogas. Griffiths espera que éste sea un aliciente para que la ciencia retome las investigaciones sobre las posibilidades terapéuticas de los alucinógenos.

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