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| 4/24/1989 12:00:00 AM

LOS DIAS CONTADOS

En el año 2010, la hepatitis B se habrá borrado del mapa.

La hepatitis viral del tipo B está condenada a muerte. Según los investigadores y especialistas que acaban de reunirse en Ginebra, esta enfermedad que se transmite sexualmente habrá sido borrada del mapa para el año 2010.

Para quienes han seguido de cerca la batalla permanente e incansable de la medicina contra este mal, esto constituye uno de los capítulos más importantes de la ciencia contemporánea, porque durante los últimos 20 años, el virus responsable ha sido identificado plenamente, permitiendo la creación de vacunas eficaces que ayuden a prevenir la propagación.

En esta lucha, que ha tenido su momento culminante en la reciente conferencia de Ginebra, se ha destacado el profesor Baruch Samuel Blumberg, quien desde comienzos de los setenta inició sus investigaciones. Estas lo condujeron a distintas zonas del mundo, interrogando y examinando pacientes, analizando formas de vida, hablando con autoridades sanitarias y trazando mapas exactos de la propagación y la frecuencia del contagio, que hace estragos tanto en los países industrializados como en las zonas más atrasadas del planeta.

Para los especialistas ya no existen secretos sobre cómo se transmite la hepatitis viral B y en este sentido han orientado las campañas. Curiosamente la transmisión de la hepatitis se logra por los mismos métodos que ayudan al contagio del SIDA: transfusión de sangre, toxicomania intravenosa, relaciones sexuales con parejas infectadas y, el caso más dramático, transmisión de la madre al bebé que no ha nacido.
A diferencia de la hepatitis viral de tipo A (que tiene origen alimenticio), la hepatitis del tipo B es una afección que produce consecuencias muy graves para el paciente, quien al ser contaminado dificilmente se salva. Una vez que el organismo ha sido infectado, el virus comienza a propagarse rápidamente, sin control alguno y el órgano que sufre los primeros ataques devastadores es el hígado. En la mayoría de los casos, los pacientes presentan los síntomas de una cirrosis y poco tiempo después es fácilmente detectable un cáncer del órgano.

Según los especialistas, se estima que cerca de 300 millones de personas en todo el mundo son "portadoras crónicas" de este virus, y no sin razón están alarmados por la situación de peligro a que están expuestas personas sanas, quienes son contaminadas de forma fulminante y enseguida se convierten en agentes transmisores de la enfermedad.

Anualmente, la hepatitis del tipo B es responsable de dos millones de muertes (generalmente referidas a cirrosis o cáncer del hígado). Los investigadores han podido demarcar zonas especificas del mundo donde los casos son más frecuentes: en Europa y Estados Unidos, donde concierne principalmente a grupos identificados bajo riesgo permanente, como homosexuales masculinos, toxicómanos y personal médico mientras en el Africa, Asia y América del Sur las infecciones se presentan como epidemia y los casos más frecuentes tienen que ver con la transmisión de la madre al bebé, después de ser contaminada sexualmente.
Las campañas para que cambie el comportamiento sexual (insistencia en el uso de preservativos y más cuidado en las relaciones homo y heterosexuales), han servido para disminuir las cifras de incremento anual de este mal. Y a partir de los años 80, la aparición de una vacuna eficaz y medidas más enérgicas de la autoridades sanitarias, llevaron a la conclusión optimista de que para el año 2010 puede haberse alcanzado el control absoluto de la hepatitis B.

El primer logro a nivel mundial tuvo lugar en 1976, cuando el profesor Philippe Maupas obtuvo la primera vacuna a partir de sangre humana infectada por el virus y fue la puerta abierta a numerosos experimentos patrocinados por las grandes casas farmaceúticas, las cuales fueron alcanzando vacunas más fuertes y producidas a partir del cultivo de células humanas. Con la producción masiva de estas vacunas se iniciaron campañas obligatorias, y en países como Indonesia y Tailandia los resultados comenzaron a verse enseguida.

La reunión de Ginebra es el fruto de todos estos logros. Las vacunas son cada vez más eficaces, la población es inmunizada contra la contaminación y los enfermos reciben tratamientos para aliviar el mal. El programa mundial de erradicación de la hepatitis B, la colaboración de los gobiernos y la conciencia popular de evitar los riesgos de la contaminación, hacen posible que los expertos sean optimistas sobre el corto futuro de esta enfermedad, para la cual no existen paises pobres o ricos: todos son caldo de cultivo. -
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