Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 1989/10/23 00:00

NO MAS PLOMO

En el aire que se respira hay tanto plomo como en las balas que se disparan.

NO MAS PLOMO

Aunque muy pocos lo crean, el plomo que mata a los colombianos no proviene únicamente de las balas. Hay otra fuente de peligro: precisamente el de la contaminación por plomo. En el primer caso, a pesar de que existe una legislación que prohíbe matar, casi nunca se castiga a los culpables porque casi nunca se captura a quien ordena las muertes. En el segundo caso, se sabe cuáles son las fuentes de contaminación, pero no existe una legislación al respecto. El asunto es tan grave que ni siquiera en el decreto respectivo sobre contaminación del aire, el 002 de 1982, expedido por el Ministerio de Salud, este elemento está contemplado.

El problema de la violencia en el país no es nuevo, como tampoco lo es el de la contaminación por plomo. Esta historia es tan antigua como la civilización misma. Muchos científicos en todo el mundo han encontrado como una de las causas de la caída del Imperio Romano la contaminación por plomo: el uso de vasijas de plomo para beber vino y los acueductos construidos en plomo serían la razón.

En épocas más recientes, en la gran depresión de los años 30, el plomo se conocía en Estados Unidos como el combustibles de la depresión y fueron muchos los norteamericanos que se vieron afectados.

En el país se comenzó a estudiar el plomo como fuente de intoxicación a principios de esta década. Fue en el Hospital de La Misericordia en Bogotá donde se encontró un caso que, a primera vista, dejó sin diagnóstico a los médicos de este centro hospitalario. El doctor Fernando Tobón, médico y profesor de la Universidad Nacional, contó a SEMANA que conoció el caso de una niña de 12 años que llegó a ese hospital con problemas de confusión mental (no podía recordar cosas básicas como su nombre, el de sus padres y la dirección de su casa); presentaba, además, problemas neurológicos, reflejos alterados y la función renal deteriorada. Con esta sintomatología no se podía establecer un diagnóstico preciso. La doctora Cecilia Rodríguez, encargada de la paciente, ordenó entonces una visita domiciliaria de la trabajadora social. La niña vivía en el Barrio Meissen, al sur de la ciudad, con su abuela y tres hermanitos más, que se encontraron también enfermos. Se estableció que el combustible utilizado para cocinar eran las baterías viejas, una de las fuentes más altas en contenido de plomo. Todos estaban intoxicados.

A partir de ese momento en el Hospital de La Misericordia --Sección de Toxicología-- y en la Universidad Nacional --Facultad de Ingeniería Química--, se comenzó a investigar la contaminación por plomo o "saturnismo", el nombre que los antiguos alquimistas le daban al plomo (Saturno).

La enfermedad profesional que se deriva de la contaminación por plomo recibe el nombre de cólico saturnino y en la mayoría de los casos se confunde fácilmente con otras enfermedades como la gastroenteritis o el cólico de amebas. Confusión mental, disminución en el rendimiento, trastornos de la personalidad, insomnio, pesadillas y agresividad, son los síntomas más comunes de esta intoxicación. Estos síntomas son los que están padeciendo los 28 millones de colombianos. Unos, porque sufren del cólico saturnino; otros, porque son víctimas, como espectadores, de la guerra sin fin que vive el país en los ultimos años.

Existen dos tipos de población expuesta al envenenamiento por plomo: la ocupacional, es decir, las personas que por su trabajo tienen que ver directamente con este elemento. En este grupo están ubicados los trabajadores de las gasolinerías, los de las industrias de pinturas, los que hacen las baterías y los de las imprentas en caliente. El otro grupo, que es el más grande, es el de los peatones. La gente que camina por las calles está recibiendo continuamente el plomo liberado a través de los exostos de los automóviles, debido a que la gasolina libera plomo en un 80%.

Las vías de entrada al organismo son diferentes. Absorción, que es mínima: los trabajadores de las gasolinerías, que en la mayoría de los casos manipulan la gasolina sin guantes y fuman o consumen alimentos sin lavarse las manos previamente. En este grupo se encuentran, por ejemplo, los artistas. Los pintores suelen meterse a la boca los pinceles para afinarlos ignorando que la pintura que utilizan contiene plomo. Muchos científícos afirman que una de las causas de la locura de Vincent van Gogh pudo haber sido la intoxicación con plomo y la inhalación, que es la más común.

Además de los recipientes de batería utilizados para cocinar, por su bajo costo (más barato que el cocinol) y por su alto poder de combustión, existen otras formas de contaminarse con plomo. El consumo de leche de vacas que pastan en sitios de mucha densidad vehicular. El consumo de enlatados con cierre hermético y que al final tienen soldadura de plomo, que se disuelve fácilmente con los ácidos del contenido. Pero la población expuesta a intoxicación se vuelve mucho mayor si se piensa en todas las ventas callejeras por donde pasan diariamente cientos de carros que contaminan los alimentos. La intoxicación con plomo más generalizada es la de la inhalación de humos y vapores de plomo.

En este último caso, explicó el doctor Fernando Tobón, el pulmón es el afectado y, como este órgano entra en contacto directo con la sangre, el veneno se riega por todo el cuerpo y se puede alojar en sitios como la médula ósea, el hígado, el vaso, el riñón y el sistema nervioso.

Para detectar el saturnismo ya se han empezado a poner en práctica sofisticados sistemas. Sin embargo, el más simple y común es un cuadro hemático, porque con este se detecta fácilmente que hay lesión cuando se encuentra una disminución en los glóbulos rojos y cuando algunos de estos glóbulos presentan puntos azules.

Por fortuna, existen diversas formas para desintoxicar el ambiente de este veneno, según le explicó a SEMANA el ingeniero Marcelo Riveros. En primer lugar, se ha venido trabajando en unos convertidores catálicos, desde hace unos 15 años en el mundo. El sistema es bueno pero no se ha podido poner en práctica más por el tamaño de los exostos y por su costo, que por los resultados. A este respecto Riveros cuenta que en Estados Unidos unos colombianos vienen trabajando en este proyecto. Otra solución sería la de cambiar la gasolina que contiene tetraetil plomo por otro combustible (ver recuadro).

El problema no es, pues, de dimensiones despreciables. Como quien dice, en el país hay que acabar con los problemas que genera el plomo y no sólo el que se dispara.

CAMBIO DE COMBUSTIBLE
En lo que al transporte se refiere, la eliminación de la gasolina con plomo es apenas el primer paso para descontaminar el ambiente. Casi 100 años de uso indiscriminado de combustibles derivados del petróleo han traído consecuencias devastadoras para la atmósfera. Pero aunque esa contaminación pudiera reducirse sustancialmente --mediante el uso de equipos de filtración ultrasofisticados--, es un hecho que las reservas de petróleo deberán terminarse a más tardar en la primera mitad del siglo XXI.

Por eso en varios países se desarollan investigaciones que buscan afanosamente un combustible alternativo que cumpla con dos condiciones esenciales: que no contamine el ambiente y que no se acabe. Según parece, el elemento que mejor se acomoda a esos requisitos es el hidrógeno, cuyas reservas son virtualmente interminables y cuyo único subproducto de combustión significativo es el vapor de agua.

Quienes han avanzado más en ese camino son los investigadores automovilísticos y, dentro de estos, los equipos de dos grandes fábricas oestealemanas de vehículos, la Bayerische Motoren-Werke (BMW) y la Daimler-Benz (Mercedes Benz).

Ambos grupos parten de la base del uso de motores convencionales a los que se les han adaptado sistemas de inyección y de combustión adecuados al hidrógeno. Pero aunque los resultados iniciales resultan esperanzadores, aún deberán superarse grandes escollos.

El primero es el económico. Mientras la tecnología no sea refinada suficientemente, el hidrógeno está lejos de ser competitivo en materia de costo frente a los combustibles derivados del petróleo. Además de ello, el aspecto de seguridad tiene gran importancia. El hidrógeno es un elemento altamente combustible, y la imagen famosa de la explosión del dirigible Hindenburg no deja de ser aterradora.

Esa es la razón para que una buena parte de las investigaciones se dirija al diseño de un tanque de aprovisionamiento que sea no sólo seguro, sino capaz de contener la cantidad de hidrógeno necesaria para la operación práctica y económica del vehículo. Ante la imposibilidad de usar el hidrógeno en su forma gaseosa, por el enorme volumen que requeriría, hay dos métodos que tienen, al parecer, las mejores posibilidades: uno sería el uso del hidrógeno en su forma líquida, y el otro, en forma de hídridos metálicos. En este sistema, el hidrógeno se mezcla con una aleación metálica mediante un proceso en el que las moléculas de gas se almacenan en medio de la estructura molecular del metal.

Ambos sistemas, sin embargo, implican formidables retos tecnológicos. Para mantenerse en forma liquida, el hidrógeno debe permanecer a 253 grados centígrados bajo cero. Eso requiere el desarrollo de un automóvil capaz de manejar temperaturas extremas, de la congelación en el tanque hasta la combustión en el motor. El sistema de la aleación que, a diferencia del anterior, es el intentado por la Daimler, requiere la extrema pureza del combustible. Pero, a pesar de todo, se estima que en los primeros años del siglo entrante la gasolina será remplazada por el hidrógeno en el ambiente automovilístico.--

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