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| 2/29/1988 12:00:00 AM

NOTICIAS DE INFARTO

Una aspirina cada dos días y trabajar como un buldózer lo mejor para evitar ataques al corazón.

La semana pasada las enfermedades del corazón alcanzaron las primeras páginas de los periódicos del mundo, a consecuencia de dos estudios independientes que tuvieron resultados, en un caso sopresivos y en el otro paradójicos. En el primero, la aspirina se erigió oficialmente como un importante medio de evitar los ataques cardíacos, y en el segundo, se demostró que las personas de temperamento agresivo tienen, contra lo que se pensaba, menos riesgo de sufrir infartos que las tranquilas y calmadas.

BUENA, PERO NO TANTO
Un estudio realizado a nivel nacional en los Estados Unidos demostró que tomar una sola tableta de aspirina cada dos días reduce fuertemente el riesgo de sufrir ataque cardíaco, o de morir por sus causas. Los resultados de la investigación fueron, tan dramáticos, que el estudio fue suspendido para informar los resultados a la Comunidad Médica Internacional. La magnitud del efecto beneficioso fue mucho más grande del que se esperaba, según declaro al New York Times el doctor Chales Hennekens, de la Universidad de Harvard y director del proyecto. "El riesgo de infarto del miocardio se redujo a la mitad ".
Un reporte aparecido el jueves en el New England Journal of Medicine una publicación científica, dice que los resultados de la investigatitn muestran "Un efecto estadístico extremadamente beneficioso". Sin embargo, muchos expertos hicieron hincapié en que el público en general no debe interpretar el estudio como una indicación de que todo el mundo debe comenzar a tomar aspirina sistemáticamente. Por el contrario, la decisión de usar la aspirina para prevenir los ataques al corazón debe ser hecha en forma individual por el paciente y su médico.
El estudio es, de lejos, el más grande realizado para medir los beneficios cardiacos de la aspirina y es el primero diseñado para determinar esos efectos en la gente saludable. Los participantes fueron 22.071 médicos escogidos de las listas de la Asociación Médica Norteamericana, y el único requisito que debían cumplir era gozar de excelentes condiciones de salud. En este grupo de riesgo extremadamente bajo, los resultados se presentaron con inusitada nitidez.
Este es otro caso en que la creencia popular se ve confirmada científicamente. Se sabe que desde hace algún tiempo hay gente que toma regularmente aspirina para reducir sus riesgos cardíacos, tanto que muchos médicos aspirantes a participar en el estudio fueron eliminados, pues ya llevaban algún tiempo tomando aspirina para los mismos efectos.
Unos participantes tomaron cada tercer día una aspirina y otros un placebo (sustituto inocuo), sin que ninguno supiera a cuál grupo pertenecía. Dentro de los 11.037 que recibieron aspirina, se presentaron 5 infartos mortales y 99 no mortales, mientras que en el grupo que tomó el placebo, hubo 18 ataques mortales y 171 no mortales. La comisión médica revisaba los resultados cada 6 meses, y en la última revisión resolvió suspender la prueba.
Se cree que la aspirina actúa en relación con los ataques cardíacos al inhibir la acumulación de plaquetas, componentes de la sangre que son claves en la coagulación de la sangre. De esa forma, el efecto es la disminución de la tendencia a la formación de coagulos.
Sin embargo, ese mismo mecanismo de protección puede resultar en un riesgo inesperado, pues puede disminuir demasiado la coagulación de algunos individuos. De hecho, el estudio muestra una incidencia pequeña, pero insignificante estadísticamente, de derrames cerebrales entre quienes recibieron aspirina.
El documento que contiene las conclusiones es claro en señalar sus reservas: "En el presente, la decisión de prescribir aspirina para el fin primario de prevenir problemas cardiovasculares debe continuar siendo objeto de análisis individual. Su claro beneficio en la prevención de ataques cardíacos debe ser sopesado ante los peligros, ya reconocidos ampliamente, de molestias y hemorragias gastrointestinales así como los riesgos observados de derrames".
Se disvirtuó así cualquier posibilidad de declarar a la aspirina la panacea de la felicidad, aunque no cabe duda de que se le parece.
Pero si la noticia resultó sorpresiva en el caso de la aspirina, el otro estudio revelado la semana pasada fue simplemente paradójico.

LAS APARIENCIAS ENGAÑAN
El ejecutivo agresivo, el empleado apurado y nervioso, el empresario competitivo y angustiado, en fin, todas aquellas personas que en cualquier actividad parecen estar eternamente de prisa, y a quienes se agrupa bajo la personalidad tipo "A", han sido hasta ahora consideradas como las mejores candidatas a morir de enfermedades del corazón.
Pero esa creencia, entre popular y científica, ha sido desvirtuada por un estudio recientemente publicado en Estados Unidos, que llega mucho más allá: la personalidad tipo "A" parece proteger a sus poseedores de la muerte a consecuencia de enfermedades cardíacas.
El doctor David R. Ragland, de la Universidad de California, director del estudio, reportó que entre 257 hombres que sufrían enfermedades del corazón, el grupo que tuvo más muertes fue el de los poseedores del tipo "B", que son la antítesis del tipo "A": sosegados, tranquilos y despreocupados. Además, la diferencia porcentual fue impresionante: las muertes de las personas tipo "B" superaron a las de tipo "A" en un 58%.
¿Cuál puede ser la razón para que los "tranquilazos" mueran con más facilidad por problemas del corazón que los " acelerados" ?
El doctor Robert Eliot, director del Instituto Cardiovascular de Denver Estados Unidos, dice que la gente con personalidad tipo "B" "suele ser más insegura y tímída, más temerosa de hablar; en general se trata de verdaderas calderas de presión sin válvula de escape. No se sabe cuál es el precio que esa gente paga por tener esa personalidad ".
El nuevo estudio desvirtúa uno realizado en 1975, que era considerado la verdad absoluta en esta materia, y que afirmaba que el comportamiento tipo "A" duplicaba el riesgo de adquirir alguna enfermedad del corazón, y que ese riesgo era independiente de los otros factores de peligro, como la presión alta o el fumar en exceso.
Lo que parece quedar demostrado es que el ocio no sólo es la madre de todos los vicios, sino también de muchas enfermedades del corazón.
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