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| 7/13/1987 12:00:00 AM

OBRAS SON AMORES

Adelgazar, más que una buena intención, debe ser una decisión cercana al narcisismo.


Se avecinan las vacaciones y aquellos, y especialmente aquellas, con kilitos de más, se lanzan en busca de la dieta-milagro que haga en pocos días lo que ellos no han hecho en meses. Pocos saben, sin embargo, que más les convendría devastar una pastelería, si no están dispuestos a dar la batalla total al exceso de peso.

Se cree erróneamente que, una vez eliminados los kilos de más, el organismo queda listo para volver a comer no importa qué, ni cómo. Nada más falso. La dieta no es el límite; una vez perdido el exceso de peso, es necesario estabilizar el nuevo peso adquirido.

A las intenciones pre-vacaciones no hay que creerles mucho. En vísperas de la posibilidad de lucir un revelador vestido de baño, todos sienten que su voluntad puede ponerse a prueba. Sin embargo, con frecuencia, no pasa de ser sólo eso: buenas intenciones. Por esto se cae tan fácilmente en el peligroso juego del yo-yo, que es la alternación de períodos de dieta, seguidos de la recuperación de peso. Juego peligroso, porque implica un aumento del volumen de grasas en el cuerpo y puede convertirse, a la larga en una imposibilidad para adelgazar. Es lo que puede suceder con una dieta muy baja en calorías.

Un experimento de laboratorio demostró que ratas sometidas a un régimen hipocalórico, utilizaron 21 días para perder un peso significativo y 46 para recuperarlo, desde el momento en que se les comenzó a suministrar un régimen calórico normal. Cuando se repitió la experiencia con las mismas ratas y la misma dieta, se necesitaron 40 días para perder el mismo peso que antes, y sólo 14 días para recuperarlo. Las ratas se engordaron más, pues con la dieta perdieron fibra muscular y grasas, mientras que en la recuperación del peso ganaron más grasa que músculo.

Con las personas sucede lo mismo: cada vez que se someten a un régimen hipocalórico, su metabolismo basal disminuye. Hay menor consumo de calorías por la misma actividad; el organismo se habitúa a trabajar con menos energía. Se vuelve más eficaz. Por eso, cuando el organismo se acostumbra a funcionar con menos calorías, una vez que se vuelve al anterior consumo calórico, reacciona reservando lo que considera un sobrante. Según el endocrinólogo Jaime Ahumada Varón, "la razón es que el paciente está en déficit alimentario durante la dieta. Cuando se vuelve a la alimentación normal, el organismo está listo para recibir cualquier alimento con mucha avidez y si la cantidad es aquella que el paciente mantenía antes de someterse a la dieta, con seguridad vuelve a ganar peso".

Si usted es de los que acostumbra a jugar el jueguito del yo-yo, adelgazar puede llegar a ser un imposible. Con cada nueva tentativa de dieta, su metabolismo basal bajará un punto. Un ejemplo: una persona pesa 70 kilos y consume 2 mil calorías diarias. Para perder 5 kilos decide una dieta de 1.800 calorías. Adelgaza en un determinado tiempo, después baja la guardia y vuelve a engordar. La próxima vez, para perder esos 5 kilos necesitará un régimen de 1.700 calorías. Si continúa con el jueguito, en el siguiente intento tendrá que disminuir el consumo a 1.600 calorías para obtener el mismo resultado. Y así una y otra vez.

Para toda la vida
Endocrinólogos y nutricionistas aconsejan a quien quiere perder peso, que si no hay motivación suficiente para ir hasta el final, lo cual implica adoptar un estilo de vida nuevo que le impedirá engordarse de nuevo, es mejor que se quede con sus gorditos de más.

Adelgazar para toda la vida es más que un bello sueño: debe ser el único objetivo realista cuando se inicia una dieta. Pero... conocidas las consecuencias del yo-yo (adelgazar-engordar, adelgazar-engordar), ¿cómo estar seguros de alcanzar el objetivo?
Los expertos afirman que el quid está en la motivación. Para los médicos es indispensable saber por qué realmente quiere adelgazar una persona. Se puede perder peso por razones profesionales, estéticas, de salud u otras. Pero la motivación debe ser más fuerte, tan íntima, que incluso debe bordear las fronteras del narcismo.

Si la persona sabe que no se trata de un golpe de fuerza de tres semanas, sino de un esfuerzo continuado, entonces puede pensar seriamente en adelgazar.

Después de saber todo esto, ¿insiste usted en querer adelgazar para toda la vida? ¿Tiene serias motivaciones para hacerlo? Entonces está en capacidad de dar el paso decisivo para perder peso y permanecer delgado.

Es lo más simple y, a la vez, lo más complejo. Simple, porque hay que hacer cosas sencillas. Complejo, porque si fuera tan sencillo adelgazar de una vez por todas, nadie sería gordo. Sin embargo, antes de empezar este cambio de vida, es necesario consultar un médico, quien es el indicado para ordenar los exámenes necesarios para establecer las causas de la gordura y prescribir el régimen adecuado al estilo de vida. Según el doctor Ahumada, "una dieta que no llene los requisitos proteico-calóricos del organismo de una persona, puede provocar en el paciente una serie de trastornos como baja del sodio en la sangre, aumento del ácido úrico, trastornos de conducción cardíaca, hipoglicemia y todo lo concerniente a la sensación permanente de hambre que, inclusive, puede llevar a alteraciones del comportamiento".

Unos, dos y... tres
Debe saberse que, sin excepción, todo régimen para adelgazar comprende tres etapas:

--Una etapa de adelgazamiento.
Sobra decirlo.

--Una etapa de estabilización, período de "libertad vigilada", durante el cual se reintroducen progresivamente alimentos antes prohibidos o limitados.

--Una etapa que durará el resto de la vida, la cual supone un "régimen de crucero" que deberá vigilarse siempre. Esto significa, más o menos, una manera de vivir, una higiene alimentaria.

Aunque la primera etapa todo el mundo la conoce grosso modo, conviene recordar algunos principios elementales:

1. No confundir las calorias y su contenido. 100 calorías de chocolate o de papas fritas no son lo mismo que 100 calorías de mariscos o de espinacas. Hay alimentos buenos: proteínas (pescado magro y lácteos descremados) y celulosa (ensaladas, legumbres verdes); y alimentos malos: grasas animales y vegetales, azúcares, harinas, alcohol.

2.No confundir vitalidad y eficacia.
No importa cuál régimen milagro idiota pueda hacerle perder cinco kilos en 15 días de pasar hambre, sino cuánto tiempo podría una persona nutrirse exclusivamente de toronja... Todo lo que provoca un adelgazamiento rápido es malo. El organismo se desquita. Terminará por recuperarse el peso, si no permite lograr la etapa siguiente: la estabilización. Los regímenes-flash permiten perder peso de manera espectacular, pero además hacen perder toda el agua y la fibra muscular, cuando lo indispensable es eliminar la grasa.

3. No confundir hambre con apetito. El hambre es una necesidad racional que hace cosquillas en el estómago. El apetito es un deseo pasional que corroe la mente. Si la dieta ha sido determinada por un especialista para un caso particular, la persona no debe sentir hambre. Además, están prohibidos los medicamentos que inhiben el apetito. Son inútiles y peligrosos.

4. No confundir kilos con centímetros. Sus cambios de medida son tan importantes como las cifras que indica la balanza. Si se adelgaza lentamente de tal manera que se elimina grasa, se pierde poco peso, pero muchos centímetros. Se puede perder solamente uno o dos kilos y al mismo tiempo tres centímetros de cadera.

5. No confundir su régimen con el del vecino. No todos los casos son iguales y por eso los especialistas recomiendan dietas diferentes según cada persona. Es necesario consultar con el médico.

Una vez quitados los gorditos de encima, no puede la persona recostarse en sus laureles. Aunque el esfuerzo inicial haya sido recompensado, la guerra contra los kilos no se ha terminado. Apenas se ha ganado una batalla. Viene, entonces, la segunda etapa del proceso: la estabilización, que consiste en reintroducir progresivamente aquellos alimentos que antes estaban prohibidos o limitados. Es la clave para lograr adelgazar para toda la vida. Es una etapa dura, aún más difícil que la del adelgazamiento.

Según los especialistas, es cuando se debe establecer la ración calórica máxima que la persona puede consumir, antes de que los nuevos aportes alimentarios comiencen a hacer engordar. Como es la etapa de "libertad vigilada", vienen las tentaciones. Se empieza a comer otras cosas, ya no bajo el estricto control médico. Entonces, con un mordisco de más, se puede echar todo a perder. Puede ser "la rodadita".

Esta etapa puede ser más o menos larga, 2 meses o más, dependiendo del número de kilos que haya perdido la persona y de la adaptabilidad de su organismo. Se dice que para estabilizar una pérdida de peso que no sobrepase los 7 kilos, se requieren 4 meses para una persona menor de 30 años, y de 5 a 6 meses para una mayor de 30. La estabilización es fundamental para "fijar" la pérdida de grasa, pues es la etapa en la cual el organismo se entrena para adaptarse a su nuevo peso sin protestar. Es la ocasión de aprender nuevos comportamientos en cuanto a comida se refiere.

Pero tampoco hay que olvidar que, entonces, comienza la tercera etapa: la del "régimen de crucero". No tendrá que evitar sino el exceso de grasa.

Si usted piensa adelgazar después de haber leído este artículo, no olvide entones que, para adelgazar, más que lucir bien lo que cuenta es, como en la canción de Rubén Blades, decisiones. Mejor aún, "decisión". Con mayúscula.
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