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| 5/8/1989 12:00:00 AM

OJOS QUE NO VEN...

En la era de los aeróbicos y el colágeno, la pérdida de la visión es el primer signo de que los años no pasan en vano.


Si para leer este artículo usted tiene que alejar la revista para poder ver, no hay nada que hacer: es culpa de la edad. Y ní los aeróbicos, ni las dietas bajas en colesterol ni el Retin A podrán contrarrestarla. Es una prueba inequívoca de que está perdiendo visión de cerca. Y eso simple y llanamente, se llama presbicia.

El ojo es un órgano que cambia con la edad en forma más o menos predecible. No importa qué tanto se empeñen las personas en llevar una vida sana, a medida que el tiempo pasa, los ojos, los "espejos del alma", van perdiendo su capacidad y se convierten en los delatores de la edad.

Varias enfermedades serias, que pueden conducir a la ceguera, ocurren con mayor frecuencia después de los 50 años. Por eso, si una mañana usted se despierta y ve borroso, chispazos de luz o los objetos con un halo, son signos que requieren una consulta médica inmediata.

Por fortuna, el cambio de visión más común es esencialmente benigno: la presbicia o dificultad para ver de cerca. Esta condición resulta de un cambio en el lente del ojo, el mecanismo que enfoca justamente detrás de la pupila y que dirige la luz a la retina en la parte de atrás del globo ocular. Como otros órganos del cuerpo, el lente crea constantemente nuevas células; pero en el ojo esas células dejan fibras que eventualmente agregan densidad al lente. En consecuencia, éste va perdiendo elasticidad y ya no responde en la misma forma. Gradualmente, a medida que se endurece, el lente va bloqueándose en la posición en la cual enfoca las cosas que están a cierta distancia y pierde capacidad para ajustar el foco para ver claramente las cosas que están cerca.

¿La solución? Lentes para leer. Estos permiten aumentar los objetos que están cerca y ayudan al ojo a enfocar. Para algunas personas, ese primer par de lentes significa también el primer encuentro con el inevitable paso del tiempo. Claro que algunas no se dan por vencidas y emprenden vigorosas rutinas de ejercicios, atrayendo y alejando los objetos para entrenar de nuevo a los ojos a enfocarlos. Aunque algunos logran mejorar su visión de cerca, en el momento mismo en que dejan de realizarlos la dificultad reaparece. En resumen, ese miniprograma de ejercicios oculares no hace daño, pero tampoco cura.

En el caso de los miopes, cuya dificultad radica en enfocar los objetos a distancia, el efecto de la presbicia es mucho menor porque su lente está prácticamente enfocado en forma permanente para ver de cerca.

Después de la presbicia, la segunda queja más común en los pacientes mayores de 40 años es la resequedad en los ojos. Por ello, muchas personas que en sus treinta se sentían cómodas con los lentes de contacto, sienten que ahora éstos son prácticamente una tortura. Sin embargo, el tratamiento es sencillo: el uso de una solución salina llamada "lágrimas artificiales". Como la resequedad causa irritación, el oftalmólogo puede formular algunas gotas suaves. Pero a diferencia de las lágrimas artificiales, estas gotas contienen drogas que endurece los vasos sanguíneos. Por ello, se prescriben para ser usadas sólo una o dos veces al día, ya que su uso más frecuente crea ciertos problemas. Incluso, algunos oftalmólogos sostienen que éstas pueden inducir al glaucoma o aumento de la presión del líquido interno del ojo.

La mayoría de los cambios de visión que ocurren con la edad no presentan mayores dificultades. Pero hay dos que si no se tratan a tiempo, pueden incluso ocasionar la ceguera: la catarata y la degeneración de la mácula. La catarata es un problema curable en un cien por ciento si se trata pronto y adecuadamente. En ella, la comprensión del lente lleva a una opacidad gradual, en la misma forma que un vaso de agua al que se le agrega leche gota a gota. El lente "lechoso" bloquea o distorsiona la luz que entra al ojo y nubla la visión. Hace unos años, se esperaba hasta que el paciente tuviera la catarata en estado avanzado para intervenirlo quirúrgicamente. Ahora, la cirugía de catarata se considera prácticamente de rutina y se realiza tan pronto como se manifiesta la dificultad para ver. Como existe cierta evidencia que relaciona las cataratas con la exposición solar, la mayoría de los especialistas recomiendan como medida preventiva el uso de lentes con bloqueador de rayos ultravioleta.

La otra enfermedad sería derivada de la edad es la degeneración de la mácula, considerada la causa más común de disminución de la visión en las personas mayores de 50 años. También se ha relacionado con la exposición al sol, aunque en forma más leve. Esta afecta gradualmente la parte central de la retina -llamada mácula-, que es la responsable de la percepción de los detalles. Aunque la visión periférica permanece intacta, la habilidad para realizar tareas que requieren visión de cerca, como leer, coser o tejer, se pierde. Quienes corren mayor riesgo de padecer esta afección son las personas con ojos claros y las que sufren astigmatismo o hipertensión. Sin embargo, el mayor riesgo individual es la edad. Se estima que el 20% de las personas mayores de 80 años padece degeneración de la mácula. Durante años esta enfermedad se consideró incurable. Pero recientemente se ha encontrado una forma de detener su avance por medio de una terapia que utiliza el rayo láser. No obstante, es importante tratarla en los primeros estadios de su desarrollo para que tenga resultados positivos.

Es un hecho. Los ojos envejecen no importa cuánto esfuerzo se haga para mantenerse joven y en forma. Así que si usted tiene más de 40 años y comienza a tener dificultades para leer, acéptelo: un par de lentes lo esperan a la salida del consultorio del oftalmólogo. Sin embargo, no todo son malas noticias. Hoy existen los lentes bifocales invisibles que no delatarán su edad. Preocúpese, eso si, de escoger unas monturas que lo hagan lucir sexy.--
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