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| 4/16/1984 12:00:00 AM

ORGANOS DE REPUESTO

En Pittsburgh (Pennsylvania, E.E.U.U.), existe el centro de transplantes más grande del mundo. Allí, una nina colombiana de 13 meses espera desde octubre un transplante de hígado.

Fueron necesarios 79 años desde que el oftalmólogo austríaco Eduard Zirm restaurara la visión de una mujer ciega mediante un transplante de córnea, para que el sueño del "cuerpo de repuesto" se acerque hoy en día a la realidad. Al cabo de cientos de fracasos ocurridos durante la década de los 60s, finalmente la tecnología médica se encuentra a las puertas de vencer el problema principal que en esa época encontraran pioneros como Christian Barnard: las complicaciones postoperatorias y el rechazo del órgano transplantado, que en innumerables ocasiones acabaran con la vida de los pacientes. La alta rata de fracaso de los primeros intentos enfrió el entusiasmo inicial y para mediados de la década pasada sólo un puñado de cirugías de este tipo se ejecutaron en todo el mundo. No fue sino hasta 1979 que tan sofisticada disciplina quirúrgica empezara a vivir su "resurrección", como resultado de la introducción experimental de la droga Cyclosporine por parte de los laboratorios Sandoz. En contraste con la medicina usada hasta entonces, el Immuran, la cual destruía indiscriminadamente las defensas del cuerpo, el químico descubierto bloqueaba el efecto de cierta clase de linfocitos (células blancas) que atacan los tejidos transplantados ocasionando que el cuerpo rechace el órgano extraño, mientras que dejaba intactos los linfocitos que atacan las infecciones comunes. En poco tiempo las estadísticas de supervivencia entre pacientes usando Cyclosporine se habían duplicado, con lo cual cirujanos que habían dejado de lado los transplantes se vieron estimulados por la nueva droga. De tal manera, en los dos últimos años se han realizado miles de operaciones y el universo de órganos "cambiables" comprende riñones, páncreas, corazon, pulmones, médula ósea, córnea e hígado; y se conocen reportes sobre experimentos con músculos y células cerebrales realizados en animales. Inclusive, para casos de múltiples complicaciones ya hay una esperanza. Por ejemplo, a mediados de febrero, Stormy Jones, una pequeña de Texas recibió un doble trasplante de corazón e higado -el primero de su clase en el mundo- realizado en el Children's Hospital de la Universidad de Pittsburgh.

UN LARGO CAMINO
Sin embargo, pese a los alentadores resultados conseguidos hasta ahora, falta todavía tiempo para que las técnicas de transplante de órganos (particularmente las relativas a corazón, pulmones e hígado) se perfeccionen al máximo. La relativa escasez de cirujanos capacitados y la necesidad de instalaciones dotadas de equipo avanzado han limitado el alcance de los descubrimientos a unos cuantos centros medicos en Europa y los Estados Unidos. Como consecuencia, las personas que desean tratamiento deben desplazarse a tales sitios y asumir costos que pueden ir desde USS 50.000 hasta el cuarto de millón de dólares, en caso de presentarse complicaciones.
Un claro ejemplo de lo anterior se encuentra en los hospitales asociados a la Universidad de Pittsburgh en Pennsylvania, los cuales constituyen el centro de transplantes más grande del mundo. Allí, pacientes de todas partes esperan ansiosos las noticias sobre los órganos disponibles, confiando en que las características del donante (tamaño, tipo de sangre, edad) coincidan con las del posible recipiente. "Es como una lotería", anota Jackie Wilson vocera de la universidad,"usted puede esperar unos pocos días o puede demorarse meses". Con todo, pese a las inconveniencias, un centro médico como Pittsburg ofrece la ventaja de poseer excelentes instalaciones para cuidado pre y post-operatorio. Fuera de lo anterior, la Universidad tiene una red de información por computador conectada a los hospitales de importancia dentro de los Estados Unidos, la cual permite relacionar donantes y pacientes en cuestión de minutos. En estas circunstancias cada segundo cuenta: un corazon no puede ser mantenido quieto por más de 4 horas, un higado por más de 8 y un riñón dos días a lo sumo.

HIGADO EL MAS DIFICIL
Sin lugar a dudas el transplante que más exige, por lo menos quirúrgicamente, es el de hígado. Con más de 500 funciones dentro del cuerpo humano el órgano puede crear complicaciones, agravadas por el hecho de que varias de las funciones son insustituíbles y el enfermo se ve enfrentado a una muerte lenta pero segura. Debido a ello, la única solución es un transplante que toma 12 horas, en el cual el cirujano debe "conectar" cinco conductos claves (dos en la vena cava, la vena porta, la arteria hepática y el conducto biliar), además de tener extremo cuidado para no dañar la víscera. El procedimiento es tan exigente que los médicos capacitados se cuentan con los dedos de la mano.
Tal es el caso del doctor Thomas E. Starzl, un cirujano de 57 años, quien en 1963 realizara el primer transplante de hígado. Actualmente adscrito a la Universidad de Pittsburgh, Starzl fue uno de los tres primeros cirujanos autorizados para usar Cyclosporine la cual le permitió doblar la tasa de supervivencia de los pacientes al pasarla de 35% antes de 1979 a casi 75% actualmente. Con todo, pese a la nueva popularidad de los transplantes, la operación es de tal dificultad que Starzl y su equipo realizan cerca del 50% de tales cirugías en el mundo entero. Inclusive, en algunas oportunidades ha sido necesario rechazar órganos debido a que no se dispone de personal humano para hacer dos cirugías al tiempo.
Más difícil todavía ha sido el problema de conseguir donantes de órganos apropiados. Si bien se ha hecho mucha publicidad al respecto, la demanda supera con creces a la oferta y, en Pittsburgh, más de 60 pacientes han muerto en espera de un donante. Debido a que los órganos se vuelven inútiles después de algunas horas, los hospitales buscan personas que debido a accidentes se encuentren muertas cerebralmente pero cuya respiración y pulso se mantengan artificialmente. No obstante, se considera que tan sólo un 3% de la población muere de esta manera y en muchos casos los familiares de la víctima se niegan a donar los órganos solicitados. En los casos en que hay respuesta afirmativa, un equipo de especialistas se dirige al sitio donde se encuentre el donante, ya que la remoción del órgano requiere tanto cuidado como la misma operación. Durante 1983 el equipo médico de la Universidad de Pittsburgh viajó más de 110.000 kilómetros en procura de varios órganos. "Cuando una vida esta de por medio no se pueden ahorrar esfuerzos", comenta Donald Denny, coordinador de transplantes de la Universidad. Los cientos de pacientes que se han salvado gracias a su labor respaldan tal afirmación.

UN CASO CON NOMBRE PROPIO
De los 98 pacientes que se encuentran a la espera de un hígado en la Universidad de Pittsburg, 45 pertenecen al grupo más exigente: son niños. Nacidos en su mayoría con problemas congénitos que impiden el correcto trabajo del órgano, los pequeños se ven condenados a una vida de medicinas y hospitales a pesar de ser perfectamente normales en el resto de sus funciones corporales. En gran parte de los casos el único remedio es un transplante del órgano imperfecto y, cuando se habla de transplantes de hígado para niños, el único sitio en el mundo es el Children's Hospital de la Universidad de Pittsburgh. Allí, el doctor Thomas Starzl ha logrado tasas de éxito superiores al 80% mediante el uso de Cyclosporine. No obstante, tal logro no ha sido suficiente para eliminar el obstáculo más grande: la falta de donantes, la cual, siendo aguda en el caso de los adultos, se vuelve desesperada en los menores de edad, motivo por el cual la lista de espera sube en número semana a semana.
Dentro de esa lista, llena de apellidos en inglés, se encuentra, el nombre de Angélica Trujillo, una colombiana de trece meses de edad traída a Pittsburgh por su madre Gilda en un desesperado esfuerzo por salvarle la vida. Desahuciada desde cuando tenía dos meses de nacida, la pequeña Angélica padece de un defecto conocido como "Atresia biliar", una malformación del hígado en la que los conductos biliares están bloqueados, con lo cual la bilis penetra a la sangre en lugar de ir al intestino con el fin de ayudar en el proceso digestivo. Como resultado, el hígado de Angélica se encuentra en un estado cirrótico avanzado, siendo poco menos que un órgano inservible que la va envenenando paulatinamente.
En un principio, la muerte de la pequeña Angélica parecía el único camino para el joven matrimonio barranquillero de Gilda y Miguel. Sin embargo, la mención de un transplante en Pittsburgh alentó nuevas esperanzas y, como dijera Gilda, "yo no me podía sentar en una mecedora a ver morir a mi hija". Dicho y hecho, el pasado octubre la pequeña Angélica y su madre llegaron a Pittsburgh gracias a las colaboraciones en dinero de familia y amigos. Con todo, las verdaderas complicaciones sólo estaban empezando. Además de llegar a una ciudad donde la población hispana es mínima y tener que enfrentar las barreras del idioma, Gilda pronto descubrió que cualquier examen, por tonto que pareciera, tenía su precio en dólares. De tal manera, el costo de los test para determinar el estado de salud de Angélica fue de USS 6.000 y, poco tiempo después, el hospital informó que la operación costaba USS 81.000 (USS 70.000 para el hospital, USS 7.000 para el cirujano y USS 4.000 para el anestesiólogo). Dado que no tenía el dinero, la institución aceptó una especie de "pago a plazos", gracias a lo cual Gilda ha ido abonando pequeñas cantidades cubriendo demás gastos hospitalarios ajenos a la operación en sí.
Fuera de lo anterior, debido a la enfermedad la pequeña Angélica tiene muy bajo el nivel de defensas por lo que su contacto con el mundo exterior es mínimo con el fin de evitar infecciones. Empero, cuando la niña se enferma es indispensable internarla en el hospital (cada día cuesta cerca de USS 600) con lo cual la deuda sigue acumulándose. Aunque parece irónico, los problemas de dinero no se acaban ahí. En caso de ser operada, Angélica debe tomar diariamente y durante el resto de su vida una dosis de Cyclosporine (comercializada bajo el nombre Sandimmune) que vale USS 400 al mes, con el fin de minimizar el riesgo de rechazo del órgano transplantado.

Las penurias económicas que ha debido y deberá enfrentar el matrimonio Trujillo contrastan ampliamente con los casos de los demás niños extranjeros que han sido internados en Pittsburgh. A comienzos de marzo una niña inglesa llegó precedida por los reporteros de dos canales de televisión británica y respaldada además por la suma de USS 460.000 con destino a la operación, cuantía recaudada a través de los medios de comunicación. Pero la solidaridad no es privilegio exclusivo de los ingleses. Hace un par de meses Carla, una pequeña venezolana, llegó enviada por sus compatriotas que recogieron cerca de medio millón de dólares para ayudarle. El dinero que sobre será usado en Venezuela para financiar la venida de más niños con el mismo problema. En la misma forma, Marcela, una argentina, recibió del seguro social de su país la suma de 105.000 dólares como contribución a los gastos del tansplante. Tal como dice Gilma "es increible que países que están en peor situación que el nuestro sí tengan dinero y voluntad de ayudar a sus ciudadanos". Antes de viajar a los Estados Unidos, Gilma estuvo solicitando la ayuda de diversas entidades las cuales le cerraron la puerta. Como último recurso, se le envió una carta al Presidente Betancur la cual fue contestada por la secretaría de la presidencia asegurando que la petición se había transmitido al ministerio de Salud (!). Agrega Gilda: "incluso estuve llamando al consulado de Colombia en Nueva York, pero la última vez me dejaron en línea diez minutos y finalmente no hubo respuesta". En el intermedio, Gilda espera ansiosa la llamada del hospital con la noticia sobre el transplante. Y se repite "puede ser mañana, puede ser pasado, o dentro de varios meses, pero yo de aquí no me muevo".
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