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| 2/5/1990 12:00:00 AM

PRIMERO LOS NIÑOS

Si los gobiernos no se ponen las pilas con los programas de vacunación, 100 millones de niños morirán en el mundo en esta década.

Los 40.000 niños que mueren diariamente en el mundo podrían ser salvados con una suma equivalente a la inversión publicitaria de las compañías de tabaco norteamericanas o al gasto en vodka de la Unión Soviética. Según el informe anual de la Unicef sobre el estado mundial de la infancia, la solución a los graves problemas de la salud infantil podría obtenerse con una inversión aproximada de 2.500 millones de dólares anuales, es decir, apenas el 2% del presupuesto que destinan al armamentismo los paises desarrollados. "A medida que el mundo trata de liberarse de su prolongada y despilfarradora preocupación por la guerra, Unicef tiene la convicción de que las necesidades de la infancia recibirán la máxima prioridad", indica el director ejecutivo, James Grant. El informe señala también que una desviación del 5 al lO% de los gastos militares podría proporcionar los 50 mil millones de dólares adicionales que se necesitarían cada año para erradicar la pobreza absoluta del planeta en la próxima década.
Pero si la congelación de los gastos militares representa una esperanza de sobrevivencia para la población infantil, Unicef señala que sólo con un compromiso político se pueden poner en práctica las soluciones a las necesidades de la infancia. Eso lo ha demostrado el espectacular avance logrado en materia de salud pública en la última década. Como resultado de los programas de vacunación, realizados en el Tercer Mundo durante los ochenta, la cobertura de inmunización aumentó del 10 al 70% Igualmente, la terapia de hidratación oral, que a principios de los ochenta era conocida sólo en los círculos científicos, previene hoy un millón de muertes infantiles causadas por la deshidratación diarreica. En Colombia, gracias a las jornadas nacionales de vacunación, se logró una reducción de la mortalidad infantil del 60 por mil en 1980 al 42 por mil en 1989.
La lucha contra la mortalidad infantil tiene, sin embargo, un gran enemigo. En la última década las nuevas generaciones han sufrido las nefastas consecuencias de la crisis de endeudamiento. Los 178 mil millones de dólares que los países subdesarrollados pagan anualmente por concepto del servicio de su deuda externa han llevado a la mayoría de los gobiernos de Africa y América Latina a reducir los presupuestos de salud nutrición y educación. El gasto per cápita por estos conceptos se ha reducido aproximadamente en un 25% en los últimos diez años en los 37 países más pobres del mundo. Unicef considera que aunque sin duda los programas de inmunización encontrarán crecientes dificultades debido a las restricciones económicas, la experiencia de los años ochenta demuestra que aún en los países más pobres es posible implementar programas nacionales de vacunación. China, por ejemplo, ha conseguido ampliar hasta en un 95% su cobertura nacional de inmunización.
El caso es que, en vísperas de ingresar la humanidad al siglo XXI y a pesar de los sorprendentes avances médicos logrados, cinco enfermedades, que hoy pueden prevenirse o tratarse, continúan siendo una amenaza mortal para los niños del mundo subdesarrollado: deshidratación, neumonía, tétanos, tosferina y sarampión son responsables de más de la mitad de los casos de mortalidad infantil. Si bien es cierto que en los países en desarrollo las campañas de vacunación salvaron anualmente la vida a dos millones de niños y un millón y medio de niños se liberarón de sufrir las secuelas de la poliomielitis, todavía tres millones siguen muriendo cada año como consecuencia del sarampión, el tétanos y la tosferina, todas ellas enfermedades inmunoprevenibles. Según el informe, sólo el 60% de los niños del Tercer Mundo está inmunizado contra el sarampión y el 30% contra el tétanos. Las encuestas indican que la mitad de los niños que acuden a los centros de salud no reciben estas vacunas. Y entre los que son inmunizados existe una alta tasa de abandono entre la primera y la tercera dósis de la vacuna. "Es motivo de vergüenza que enfermedades que pueden prevenirse tan fácilmente a un bajo costo sigan causando anualmente la muerte de millones de niños", señala Grant.
Reforzar el compromiso político en favor de los programas masivos de vacunación es uno de los objetivos de la Cumbre Mundial a Favor de la Infancia, propuesta por la Unicef, que reunirá en septiembre de este año a un centenar de jefes de Estado en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York. "Ha llegado el momento de que las necesidades de la infancia reciban la máxima prioridad- dice Cirant. La protección del desarrollo físico y mental de la infancia es la inversión más importante en el desarrollo económico y social". Y es que de continuar la tendencia actual, la nefasta perspectiva es que 100 millones de niños morirán en el mundo durante la próxima década.-
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