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| 4/2/1990 12:00:00 AM

Que será, será...

Ahora se descubre que el gene del sexo no está donde se pensaba.

Elegir el sexo de los hijos ha sido un viejo sueño alimentado por las más variadas teorías. Dietas a base de proteínas o carbohidratos, según se quiera niño o niña, relaciones sexuales en las noches de luna llena o posturas que favorecen la concepción de varones han entrado a formar parte de esa extensa lista de sistemas "infalibles" para elegir un hijo varón o mujer. Todo el meollo del asunto gira en torno a conseguir que el óvulo fecundado tenga en el último eslabón genético un par de cromosomas X si se quiere una niña, o un XY si se desea un niño. Pero ahora, una nueva teoría científica echa por tierra no sólo esas creencias sino también a una de las más importantes premisas genéticas.
Pocas veces un descubrimiento científico hace retroceder tantos años de investigación. Y eso es lo que acaba de suceder. Después de haber considerado como válida la teoría que señalaba el factor Y como determinante genético del sexo, una nueva investigación vuelve a abrir el interrogante.
Al parecer, las cosas no son tan simples como se habían planteado. Un reciente descubrimiento, realizado por un investigador inglés, el doctor Peter Goodfellow, señala que además del cromosoma Y, existe otro factor determinante del sexo, aún desconocido. El hallazgo que deja en pañales un importante aspecto de la genética humana, ha sido considerado en los círculos científicos como una "sacada de clavo".
La historia comenzó hace dos años, cuando el doctor David Page, uno de los más prestigiosos investigadores norteamericanos logró ubicar el solilario gene que resuelve el interrogante de si un óvulo fecundado será de sexo femenino o masculino. El hallazgo causó una verdadera revolución entre los genetistas y fue aceptado sin mayores reparos. La teoría del doctor Page señalaba que una minúscula porción del código genético determina el género del futuro ser. Cuando el descubrimiento fue publicado en los más prestigiosos órganos científicos, el doctor Goodfellow y su equipo de investigadores contemplaron con tristeza cómo el grupo de genetistas americanos se llevaban los laureles por un descubrimiento que el y su equipo estaban también a punto de anunciar.
Aunque gran parte del mérito del doctor Page consistió en haber aislado el gene, lo cual sigue siendo un hito en la historia de la biología, ahora el nuevo trabajo del doctor Goodfellow sobre la ubicación precisa del factor determinante del género ha convertido parte de su logro en cenizas.
Pero no es la primera vez que los científicos se equivocan sobre este punto. Hasta hace sólo una decada se creía que era un gene, llamado X-Y, el único factor determinante del sexo. Incluso muchos libros todavía lo registran como un hecho inequívoco. De los 23 pares de cromosomas, dos de ellos, llamados X y Y, son los que definen el sexo. Las mujeres tienen dos X y los hombres una X y una Y. El gene que hace la diferencia entre hombre o mujer debe estar ubicado en algún lugar del Y.
El doctor Page, al igual que otros científicos, se concentraron durante cinco años, en seguir el rastro mediante un proceso de eliminación. En excepciones aparentes de esta norma, existen los machos XX, cuyas células contienen el doble de X que las mujeres. Mediante una mezcla genética una de esas X contiene un fragmento de Y, que si bien es minúsculo, es suficiente para convertirlos en varones. Este diminuto porcentaje del cromosoma Y fue designado por Page como el factor determinante del sexo, al que llamó FDT o Factor Determinante de Testículos. Su teoría fue publicada en diciembre de 1987 en las revistas especializadas y adoptada como el descubrimiento del gene del sexo.
Pero a pesar del alborozo que produjo su descubrimiento, al parecer el único que no quedó totalmente convencido fue el propio doctor Page quien, preocupado de que su hipótesis hubiera sido tomada como una verdad establecida, decidió denominar al gene como ZFY y se dedicó a buscar pruebas de que en realidad se trataba del gene del sexo. A medida que las investigaciones avanzaban, el doctor Page empezó a encontrar contradicciones. Algunas mujeres presentan un gene parecido. En algunos mamíferos, como los marsupiales, el gene determinante no está en el cromosoma Y, sino en uno de los que presumiblemente no tienen nada que ver con el sexo. Algunos machos XX no presentan el ZFY.
Asímismo los intentos en laboratorio para trasplantar este factor en embriones no produjeron ratones machos. La teoría empezó a tambalear hasta que finalmente, en diciembre pasado, recibió el golpe de gracia.
En un artículo de la revista Nature, el doctor Goodfellow señaló que había descubierto cuatro casos de machos XX que portaban una pizca de cromosoma Y pero no presentaban rastros del factor descubierto por Page. Esto aclaró finalmente que la ZFY no es la única función determinante de sexo en el cromosoma Y, y que posiblemente ni siquiera tenga nada que ver con la definición del género.
El descubrimiento a hecho trizas una teoría que ya figuraba como verdad científica en numerosos libros de texto publicados recientemente. El tan buscado factor determinante del sexo sigue siendo un misterio. Y los científicos empiezan a poner nuevamente sobre la mesa las piezas del rompecabezas genético.
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