Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1990/12/31 00:00

¡QUEDATE QUIETO!

Según una nueva investigación la hiperactividad, más que un desorden sicológico es un problema neurológico y con frecuencia hereditario.

¡QUEDATE QUIETO!

Las mamás no saben qué hacer con ellos. Son niños que no se pueden quedar un minuto quietos, que les cuesta trabajo poner atención y concentrarse. Son hiperactivos. Estos pequeños inundan los consultorios de los sicólogos y sacan fácilmente de quicio a padres y profesores.
Considerado como un problema de comportamiento, hasta hace muy poco se desconocían sus causas precisas.
Pero hace unos días, The New England Journal of Medicine, una prestigiosa publicación especializada, dio a conocer los resultados de un estudio adelantado en los Estados Unidos. Los investigadores -del Instituto de Salud Mental en Bethesda- descubrieron que los adultos que habían sido hiperactivos en la infancia presentaban una actividad cerebral significativamente baja en las áreas cerebrales que controlan la acción y el movimiento. El hallazgo da un piso científico al fenómeno de la hiperactividad, pues parece demostrar que más que sicológico es un problema neurológico y con frecuencia hereditario. Según las estadísticas, cerca del 25 por ciento de los padres de niños hiperactivos son ellos mismos hiperactivos.
Se calcula que cerca del cuatro por ciento de los niños en edad escolar son hiperactivos y que los niños padecen dos veces más este desorden que las niñas. "El niño hiperactivo responde a todos los estímulos que lo rodean. Las mejores situaciones para detectar síntomas son el salón de clase y las actividades de grupo", explica un sicólogo consultado por SEMANA. "Muchas veces, al estar a solas con un adulto, logran prestar atención sin distraerse, lo cual hace que muchas veces el pediatra no pueda detectar el problema. Pero en el salón de clase, donde recibe infinidad de estímulos, cambia constantemente de ocupación y desarrolla una excesiva actividad motora" .
El especialista señala que si el desorden no se detecta a tiempo, el niño puede tener serios problemas en el aprendizaje. Como le cuesta trabajo concentrarse en una actividad específica, su desempeño académico es pobre y con frecuencia entran en conflicto con padres y maestros. "Aunque ésta es una condición que desaparece en la adolescencia, sin tratamiento y un manejo adecuado, el niño puede no sólo presentar deficiencias de aprendizaje sino problemas en sus relaciones interpersonales y una baja autoestima, por ser tratado como un niño insoportable".
Durante años, el tratamiento del niño hiperactivo se ha basado en dos opciones: medicamentos o educación especial. El primero consiste en suministrarles bajas dosis de anfetaminas, que los calman y les ayudan a prestar más atención, lo cual les permite un mejor rendimiento escolar. Pero los críticos de este método señalan que las drogas no son específicas para niños hiperactivos. La segunda opción es que estos niños reciban educación especial y tratamiento sicológico individual.
Muchos especialistas esperan que con este descubrimiento se ponga fin al largo debate sobre si a los niños hiperactivos se les debe tratar con drogas que pueden reducir drásticamente los sintomas, o si, deben asistir a institutos de educación especializada, donde todo está organizado con miras a ayudarles en la concentración. Quienes trabajaban en ese campo, también se enfrentan sobre si este desorden se enmarca dentro de problemas de comportamiento, causados por relaciones familiares pobres: padres descuidados, indiferentes o poco conssientes de las necesidades afectivas de sus hijos.
Los recientes estudios que demuestran una deficiencia específica de la actividad cerebral en la hiperactividad, marcan un hito en el estudio de este problema. Los investigadores midieron la actividad cerebral, con sofisticados aparatos que determinan la velocidad del metabolismo de la glucosa -la fuente de entrada del cerebro en diferentes áreas. Se hicieron pruebas a 25 adultos hiperactivos -todos padres de hijos hiperactivos con inteligencias normales y sin dificultades de aprendizaje, que nunca habían tomado anfetaminas para corregir el desorden. Esto con el fin de descartar la posibilidad de que cualquier cambio en el cerebro pudiera ser producido por las drogas. A los hiperactivos se los comparó con otro grupo de adultos que no padecían el desorden. Se les puso a responder un test que requería mucha atención, mientras los investigadores observaban las imágenes que producían los escáner de sus cerebros. Los investigadores descubrieron que los adultos hiperactivos respondieron lo mismo que los no hiperactivos, pero tenían cerebros menos activos, particularmente en dos regiones, el córtex premotor y el córtex superior prefrontal, que son utilizados cuando las personas ponen atención o se quedan quietas.
Los estudios se hicieron con personas adultas, porque los escáner utilizados implicaban exposición a una radiación. Además, los adultos tenían más elementos para comprender la importancia del estudio y decidirse a someterse o no a una prueba. Por esa misma razón, el tipo de escáner aplicado en la prueba no puede ser utilizado como medio de diagnóstico del problema. Pero los investigadores piensan que sabiendo dónde buscar signos, se puede llegar a desarrollar una prueba segura y definitiva para la detección del problema.

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