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| 5/18/1987 12:00:00 AM

REPUESTOS PARA EL CEREBRO

El trasplante de células se abre paso para curar problemas cerebrales

La ciencia médica parece haber dado un avance significativo para el tratamiento de problemas cerebrales, en un paso que hasta ahora había tenido connotaciones de ciencia ficción o de fantasía frankensteiniana a lo Mary Shelley. Lo que hace solo diez años era a lo sumo el producto de una imaginación febril, está a punto de convertirse en realidad: el tratamiento de enfermedades del cerebro mediante trasplantes más o menos extensivos de células de ese organo.
Todo se basa en una concepción novedosa de la estructura del cerebro, a la que se ha llegado por diferentes canales de investigación. Hoy se sabe que las células cerebrales, aun las de los individuos de mayor edad, continúan con una gran capacidad de migración, se interconectan entre sí y se estimulan a través de los años, durante la vida entera.
Algo más, los científicos han aprendido que es viable el uso de células de cerebros fetales para los trasplantes pues esas células continúan creciendo después de la operación, lo que las hace infinitamente más útiles que las células de cerebro adulto usadas hasta ahora.
Por otra parte, se ha podido determinar que una sustancia implantada en el cerebro puede ejercer su influencia en las áreas más alejadas del mismo. Se ha reemplazado de esta forma la antigua meta de conectar directamente las células trasplantadas con las áreas dañadas del cerebro. Lo que se busca ahora ante todo son resultados, aunque, como erl este aspecto específico, no se entienda con precisión cómo se consiguen.
Con esas premisas, la meta es curar una gran variedad de desórdenes del cerebro, que, como en la Enfermedad de Parkinson, se deben a la ausencia, en ciertas áreas, de las células que secretan los químicos que el cerebro requiere para funcionar debidamente. Se realizan experimentos en esa dirección en varios países, como México Estados Unidos, Suecia y China. En estos últimos, se planea para el próximo futuro la utilización de células de fetos humanos, lo que desde ahora plantea un problema ético de serias implicaciones.
En efecto, aunque las células cerebrales de fetos parecen tener grandes virtudes para el éxito de los trasplantes, las preguntas que plantea su utilización son difíciles de responder: ¿cómo podría discernirse si la principal fuente de material fuera el aborto provocado o el espontáneo? ¿Si el tejido cerebral del feto se volviera un objeto de mercado, esto haría crecer el número de abortos? Pero, además, una vez el feto hubiera sido abortado, por cualquier razón, ¿quién tendría el derecho a decidir sobre el uso de sus restos?
El problema ético, sinembargo, no opaca el entusiasmo de la comunidad científica, asustada ante un éxito tan espectacular como aparentemente inesperado. "Hace diez años no solo no estaba en nuestras fantasías más desquiciadas, era pura charlatanería", dice el doctor Dennis Landis, profesor de neurobiología de la Universidad de Case Western Reserve, de Cleveland.
Lo que promete las más insólitas perspectivas, hasta ahora se concreta en el implante de minúsculos trozos de tejidos celulares en el cerebro afectado para que suplan la función que las células dañadas han dejado de cumplir. Pero además de las de fetos que tienen el molesto problema moral a cuestas, se están estudiando otras células alternativas para los trasplantes:
En primer lugar, las células de las glándulas suprarrenales, que tienen la ventaja de que se pueden tomar del cuerpo del propio individuo y no producen rechazo. Se ha determinado que esas células producen una sustancia muy similar a la que falta en los cerebros que sufren de la Enfermedad de Parkinson.
Otra posibilidad es el uso de células de fetos animales, cuya principal dificultad estaría en la forma de evitar el rechazo del cerebro receptor. Se habla también de la cría de células cerebrales humanas, que inclusive podrían ser almacenadas, posibilidad ciertamente alucinante.
Pero tal vez la sustancia más insólita que podría implantarse con fines terapéuticos es, dicen los científicos el tejido canceroso humano. Algunas de las células que lo forman producen las sustancias que el cerebro necesita, y pueden mantenerse vivas en el laboratorio. El problema, obviamente, está en desarrollar un sistema que evite que el cáncer se comunique al paciente, con lo que se le haría un flaco favor.
El desarrollo de los trasplantes de tejido cerebral puede significar esperanza para las víctimas de muchas enfermedades de ese órgano, además de la de Parkinson, como la Corea de Huntington y la Enfermedad de Alzheimer, aunque tal vez el logro más espectacular podría ser la recuperación de las víctimas de derrames cerebrales. Las posibilidades se multiplican, a medida que se avanza en las investigaciones. Al abrir campos tan novedosos, la medicina plantea nuevos interrogantes que podrán ser discernidos tal vez solo con el paso del tiempo.
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